Sir Winston Churchill era uno de los clientes habituales del hotel Formentor. Todavía hoy, la suite 222 lleva el nombre del que fuera primer ministro británico, que hallaba aquí calma e inspiración. No es de extrañar, porque desde 1929 este hotel mallorquín es sinónimo de un concepto del lujo muy mediterráneo.
El Barceló Formentor es un refugio en medio de un paraíso natural cercano. Nada perturba la calma en este hermoso lugar, en la península de Formentor, donde se amanece rodeado de mar, pinares y frondosos jardines en una finca de 1.200 hectáreas. Aquí es posible dar largos paseos, clases de yoga mirando a la bahía, descansar junto a la piscina rodeada de palmeras, o incluso cazar. Por eso, el Formentor ha sido y es un lugar de descanso para artistas, políticos, actores, escritores y todos los que aprecian su distinción serena y elegante.
La mesa de billar donde Churchill jugaba sus partidas sigue a disposición de los clientes. Desde las paredes de esa sala nos miran los retratos de Peter Ustinov -30 años como cliente-, Grace Kelly y Rainiero de Mónaco, Ava Gardner, Gary Cooper, Camilo José Cela, el Dalai Lama... Todos apreciaron el refinamiento natural que aquí se respira.
La calma y belleza del entorno contagian su serenidad. Sus amplias y luminosas habitaciones, decoradas con mobiliario de estilo mallorquín, transmiten un lujo sin estridencias. Si se desea aún mayor privacidad, alojarse en Les Cases Velles es una experiencia. Con su torre del siglo XII, esta construcción rústica mallorquina, hogar del poeta Miquel Costa i Llobera, que cantó como nadie el paisaje y la esencia de Pollença, rebosa autenticidad.
El encanto natural del Barceló Formentor beneficia el estado de ánimo. Todo aquí se compone de momentos únicos: navegar por el cabo de Formentor; descubrir, a pie o a caballo, rutas que desembocan en calas escondidas; tomar una copa en la terraza emparrada del bar L'Illa al atardecer, saborear un pescado a la brasa en el restaurante Platja Mar, a la orilla del agua, o disfrutar de la gastronomía mediterránea en la terraza del restaurante gastronómico El Pi. Pura inspiración.