La esencia más clásica de la capital asturiana debió abrir los ojos con asombro cuando se inauguró el Barceló Oviedo Cervantes, un principado de diseño en el centro de la ciudad. Esta casona señorial de estilo indiano, que el arquitecto ovetense Luis Montes proyectó en 1917, ha reescrito su historia y ha reconquistado la luz y el espacio. A principios del siglo XX, en la calle Cervantes coexistían una fábrica de chocolate, un almacén de cereales y aceite, una sala de baile y otra de boxeo. Entrado el siglo XXI, este exquisito hotel de diseño ya es un referente en la vida de Oviedo.
La fachada tradicional con miradores, típicos de la cornisa cantábrica, se ha recuperado de forma espléndida y convive en armonía con dos modernas alas de acristalamiento oscuro, que albergan habitaciones y reflejan en su superficie la singularidad de formas del Barceló Oviedo Cervantes, cuya rehabilitación, obra del Grupo Arboleya, fue premiada como la mejor de 2007.
El impacto visual del exterior prosigue y se agranda en el interior. No esperen un lobby bar tradicional: los espectaculares sillones rosas de Philippe Starck desatacan como islas en medio de los tonos crudos, grises y neutros, con unas originales cortinas de tiras metálicas que separan espacios, y un ingenioso juego de luces que se erige en protagonista del ambiente. Sentarse junto a la minimalista chimenea en un ‘Starck’ es aunar lo más cálido de Asturias con el diseño audaz. Otro tipo de audacia, la suculenta, es la del restaurante ‘La Galatea’ (en recuerdo de la obra de Cervantes): un espacio luminoso y moderno para una gastronomía de raíces asturianas, donde no falta la fabada, pero tampoco gratas sorpresas creativas, como no podía ser menos en este hotel sorprendente.
En las habitaciones, el descanso guarda relación directa con una modernidad sobria y cómoda, muy elegante en su vanguardia. La madera y la lana –en elementos concretos- transmiten calidez. Pero son las lámparas metálicas, los detalles de las cortinillas de cadenas o las pantallas planas de TV las que recuerdan que éste es un hotel del siglo XXI. Ese diseño destaca también en las doce salas de reuniones, tecnológicamente impecables. Las pequeñas, con un recoleto jardín japonés en el rellano, resultan muy originales.
Como ocurre con algunos edificios, hay una simbiosis cada vez mayor de este hotel con una ciudad donde el cercano Teatro Campoamor marca ritmos, y a la que el cineasta neoyorquino Woody Allen calificó como “cuento de hadas”. Y mirando esta mágica fachada del Barceló Oviedo Cervantes, esta afirmación resulta una gran verdad.