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Alpujarra almeriense, conoce los 5 pueblos que no puedes perderte

A pesar de que La Alpujarra suele asociarse automáticamente con Granada, lo cierto es que Almería también toma parte en esta comarca tan mítica. Situada en el extremo oeste de dicha provincia, asomada al fértil valle del Andarax ―que discurre entre la Sierra de Gádor y Sierra Nevada―, la Alpujarra almeriense conforma un conjunto homogéneo de 22 municipios, profundamente ligados a la presencia histórica de comunidades musulmanas en la región. El espectacular entorno montañoso, en muchos casos situado a más de 2.000 metros de altura sobre el nivel del mar, contrasta extraordinariamente con la imagen asociada a Almería, basada, sobre todo, en interminables desiertos y extensos mares de plástico.

Entre Alhama de Almería, puerta de entrada a la Alpujarra almeriense, y Laujar de Andarax, su centro neurálgico, existe toda una serie de pueblos serranos que el turista intrépido podrá visitar a medida que avance por la carretera A-348. La esencia de lo rural, la historia mezclada con la leyenda, o la gastronomía de alta montaña, son sólo algunos de los ingredientes que convierten a este romántico paraje en un destino privilegiado para el turismo de naturaleza y relax. A continuación, te lo demostramos.

La esencia de la Alpujarra en la sierra de Almería

“¡La Alpujarra es el balcón en donde se asoma España para ver, como en un sueño, las bellas costas de África, que a través del mar le envían sonrisas de enamorada!”. Con estas palabras, el célebre poeta modernista Francisco Villaespesa rendía homenaje a su patria chica, la Alpujarra almeriense; y al mismo tiempo, resumía a la perfección la esencia romántica que todavía hoy late con fuerza en la región. Y es que, además de las escasas huellas romanas encontradas en la zona, la comarca de la Alpujarra respira, sobre todo, cultura árabe por los cuatro costados.

alpujarra almeriense

Niebla sobre la Alpujarra almeriense

Apreciada y querida por las distintas dinastías árabe-musulmanas que dominaron la península ibérica entre los siglos VIII y XV, las crónicas más antiguas todavía nos recuerdan el inmenso dolor que sintieron sus habitantes cuando los Reyes Católicos culminaron la reconquista cristiana en 1492. De hecho, fue en Laujar de Andarax, corazón de la Alpujarra almeriense, dónde se recluyó a Boabdil el Chico, último sultán del reino nazarí de Granada, antes de su definitiva expulsión de España.

De aquel tiempo hoy perduran innumerables legados, visibles, sobre todo, en el trazado urbanístico de los pueblos alpujarreños y en las técnicas de aprovechamiento de sus aguas ―mediante acequias y canales, principalmente―. A la vista saltan los materiales empleados en la construcción de sus viviendas, consistentes en los recursos orgánicos que ofrece la zona ―pizarra en los tejados, guijos en los caminos, o maderas de álamo, castaño, y nogal en los marcos y ventanas―. También resulta llamativa la ordenación del entramado urbano, con ciertas reminiscencias de laberinto impresas en las calles empinadas y tortuosas. O los llamados tinaos, una suerte de pasadizo corto que discurre por debajo de las viviendas.

Pueblos de la Alpujarra almeriense

Alhama de Almería

puente en Alhama de Almería

Puente romano en Alhama de Almería

La primera parada en nuestra ruta por la Alpujarra almeriense ha de realizarse en su puerta oriental de entrada, Alhama de Almería. Esta localidad serrana, habitada en la actualidad por cerca de 4.000 habitantes, posee una historia apasionante, construida primero por los romanos, y más tarde por los árabes. Así lo demuestra la ingente cantidad de restos arqueológicos hallados en la zona, tales como “La Puente”, un viaducto romano excepcionalmente bien conservado; o la “Loma de Galera”, un conjunto de necrópolis de época prehistórica. Asimismo, el nombre de Alhama, de origen árabe, vendría a significar “agua sagrada”, en relación a las aguas termales que tradicionalmente han manado de la cercana Sierra de Gádor. Dichas aguas son ahora aprovechadas por el Balneario San Nicolás, ubicado en el centro del pueblo.

Padules

Continuando por la carretera que atraviesa la Alpujarra almeriense llegamos a Padules, otro pueblo poseedor de una excepcional historia. Influenciado, de igual manera, por la cultura morisca de antaño, el casco antiguo de Padules nos permite visitar edificios tan emblemáticos como la iglesia de Santa María La Mayor, cuyos muros aún conservan el auténtico color de la Alpujarra, que no es blanco, como se pudiera pensar, sino terroso. A su vez, en la plaza del Barrio Bajo podremos contemplar la llamada Cruz de Humilladero, cuyo significado nos transporta a la rebelión de las Alpujarras por parte de la población morisca a finales del siglo XVI. Finalmente, además de su red de miradores, también merece la pena destacar los llamados Canales de Padules, una suerte de senderos acuáticos excavados por el río Andarax en la roca que lo encauza.

Alpujarra Almeriense Padules

Y, por cierto, el visitante no debería dejar de llevarse un vino de Padules, famoso por su excepcional materia prima, la uva de Ohanes.

Almócita

A escasos 2 kilómetros del anterior pueblo se encuentra la localidad de Almócita, cuyo nombre de origen árabe significa “el de en medio” en castellano. La razón es simple, si tenemos en cuenta que nos hallamos justo a la mitad del trayecto que nos conducirá hasta el corazón de la Alpujarra. Mientras paseáis por sus calles blancas, os recomendamos poner especial atención a los poemas y pinturas plasmados en sus paredes, todo un homenaje a la faceta artística que numerosos escritores románticos del siglo XIX descubrieron en esta comarca. Además, aquí podremos descubrir tanto el antiguo barrio judío; como un aljibe-lavadero de origen árabe, una de las instalaciones hidráulicas más antiguas de la Alpujarra. Y si lo que nos apetece es dejar aparcado el coche un rato y echar a andar, debemos saber que desde Almócita, situado a una altitud de 835 metros, parten varios senderos con dificultades muy variadas. La Oficina de Información Turística del pueblo, situada en avenida de La Alpujarra, nos las ilustrará muy amablemente.

Almócita Alpujarra

Fondón

El siguiente pueblo es Fondón, famoso por acoger uno de los tesoros arquitectónicos más valorados de la Alpujarra. Se trata de la casa palacio de los Godoya, una suntuosa edificación construida entre los siglos XVII y XVIII, por encargo de una de las familias nobles castellanas que vinieron a repoblar la Alpujarra tras la expulsión de los moriscos en 1571. Desde el año 2011 aloja en su interior un centro cultural volcado en la difusión del arte y la historia de este rincón perdido.

Alpujarra Almeriense Fondón

Aquí también podremos visitar, por ejemplo, El Olivillo (c/ Almería, 31), un restaurante donde probar, de una vez por todas, la gastronomía alpujarreña en todo su esplendor. Las migas con tropezones o el mítico plato alpujarreño son sólo dos sugerencias que os hacemos.

Laujar de Andarax

río andarax

Hojas sobre el río Andárax

Finalmente, llegamos al corazón de la Alpujarra almeriense, Laujar de Andarax―o como lo conocían los antiguos moradores árabes, la caverna de la montaña―. Como no podía ser de otra forma, es precisamente el río que da nombre a esta localidad el que ha regido su tradicional estilo de vida. Sus aguas, que dividen en dos el pueblo, se encargan también de nutrir las fuentes y los innumerables árboles frutales que florecen alrededor. Así, la visita a atractivos naturales como el Área Recreativa El Nacimiento, se puede intercalar con la contemplación de joyas arquitectónicas como la iglesia de la Encarnación ―de estilo mudéjar y barroco―, los restos de una antigua alcazaba árabe, o la Casa Señorial de la familia Moya. Y si buscamos un sitio donde comer, La Fabriquilla (Paraje del Nacimiento, s/n) nos sorprenderá con su local heredado de una antigua fábrica de electricidad, y su carta especializada en ricas carnes a la brasa.

Sabores de la Alpujarra almeriense

Este singular territorio, encajado entre la vertiente sur de Sierra Nevada y la Sierra de Gádor, y bañado por el río Andarax, es, como su mitad granadina, un sucesión de montañas, barrancos, valles y vegas. Un lugar agreste, y muy bello, salpicado de pueblos blancos acompañados de viñas y olivares, de huertas, de frutales…, referencias ineludibles de la mesa mediterránea.

Y es de ese cautivador paisaje de donde surge una cocina honesta y sencilla, directa, muy ligada a los frutos de la tierra, pero matizada por la imborrable herencia hispanomusulmana de toda la Alpujarra. Una clara muestra de ello es el típico Plato alpujarreño, un “clásico” de toda la zona –tanto en la parte granadina como en la almeriense– y una especie de resumen culinario de estas tierras: patatas a lo pobre, huevos fritos y productos típicos de la matanza, como el lomo de orza, la longaniza, la morcilla y el jamón serrano.

Gachas, migas, potajes y pucheros reflejan también el alma de la mesa alpujarreña, platos en los que se nota, claramente, todo el sabor del campo, y el buen hacer de las manos, pacientes y sabias –porque en la Alpujarra se cocina con tiempo, a fuego lento–, que se encargan de transformar los productos locales en auténticos manjares.

Tierra de ganaderos y pastores, la Alpujarra almeriense es lugar de buena carne, que además de embutidos y chacinas se prepara a la brasa o en guisos contundentes, de esos que quitan el frío que baja de la cumbres de Sierra Nevada. Y también de muy buenos quesos, siempre artesanos; de oveja, de cabra, de vaca, curados o suaves y cremosos, con hierbas y especias, en aceite…

Desde luego, la Alpujarra también es dulce, y su singular naturaleza, de flores silvestres y huertas de frutales, da lugar a todo tipo de mieles y mermeladas. Su repostería más tradicional, cargada de matices árabes, vuelve a mostrar la riqueza cultural de la zona: los soplillos, hechos con clara de huevo, canela, azúcar, almendras y limón, no dejan lugar a dudas.

Mención especial merecen los vinos alpujarreños, que han conseguido abrirse paso gracias a su calidad y, en particular, a su apuesta creciente por la producción ecológica. Vinos de la Tierra “Laujar-Alpujarra” y “Ribera del Andarax”, tintos, blancos, rosados y algún espumoso, de altura, de montaña, herederos de una larga tradición, y cada vez más reconocidos y premiados.

Caminando entre valles y montañas: senderismo en la Alpujarra

Se puede decir que el encanto de la Alpujarra almeriense se encuentra en las dos caras de una misma moneda. Por una parte, este lugar enamora por sus paisajes, por su luz, por la amplitud de sus largas laderas y valles que descienden desde lo alto del Mulhacén hasta morir en el Desierto de Tabernas. A contrapunto, la Alpujarra es una sucesión interminable de pequeños detalles, de matices que pueden pasar desapercibidos y, precisamente por ello, resultan invaluables: una flor silvestre, un riachuelo efímero, un pequeño balcón en un pueblo blanco… En cualquier caso, caminar entre los valles y montañas de estas mágicas tierras es una invitación irresistible a descubrir y disfrutar de sus maravillosos paisajes y de todo el encanto de sus pequeños detalles.

Así, por toda la Alpujarra almeriense se encuentran caminos bien señalizados, de distintas características y niveles de dificultad, que ofrecen experiencias de todo tipo. Una posibilidad es el gran Sendero de la Alpujarra – GR 142, un itinerario que conecta la localidad granadina de Lanjarón con la almeriense de Fiñana atravesando toda la vertiente sur de Sierra Nevada. A lo largo de sus 144 kilómetros de recorrido se encuentra todo eso que hace de la Alpujarra un lugar muy especial: sus maravillas naturales, sus pueblos, sus molinos y fuentes, sus viñas y olivares, su gente…

Distintas etapas del GR 240 Sulayr (Montaña del Sol), el sendero circular más largo de España, que recorre unos 300km rodeando todo el macizo de Sierra Nevada, también transcurren por algunos de los paisajes más estremecedores de la zona alta de la Alpujarra almeriense, desde la línea que divide las provincias de Granda y Almería hasta el refugio de La Polarda, donde la ruta abandona la cara sur de Sierra Nevada para dirigirse al noroeste.

Por supuesto, también hay muchísimos itinerarios más breves que van mostrando las particularidades de cada rincón de estas tierras. Rutas como el Sendero Vereda de Alcozáyar – PR-A 17 y el Sendero Cordel de la Solana – PR-A 16 recorren el término municipal de Alboloduy mostrando desde la típica arquitectura mozárabe y los tinaos alpujarreños hasta las ramblas, barrancos, riachuelos…, y la singular flora y fauna que habita la zona.

Otro itinerario muy atractivo es el que atraviesa los famosos Canales de Padules, un caprichoso cañón tallado por el río Andarax a su paso por el municipio de Padules. También se puede disfrutar del Sendero del Río Chico – PR-A 249, en Ohanes; del Sendero del Aguadero – PR-A 37 y el Sendero Monterrey – PR-A 35, dos caminos que parten de Laujar de Andarax y atraviesan algunos de los parajes naturales mejor conservados de las Alpujarras; o del Sendero de los Pradillos – PR-A 296, que recorre el municipio de Alcolea, una de las puertas del Alpujarra almeriense, entre Sierra Nevada y la Sierra de Gádor, entre muchas otras rutas que invitan a descubrir un territorio fascinante, el de la Alpujarra almeriense, por supuesto.

Información de interés

Cómo llegar:

  • En coche: desde Almería, seguir la carretera nacional N-340a hasta Benahadux. Una vez allí, tomar la carretera A-348, que atraviesa de este a oeste toda la comarca de la Alpujarra almeriense.

Para hallar información actualizada sobre horarios y servicios, se recomienda visitar la Web Oficial de la Junta de Andalucía.

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