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La Barceloneta, un barrio marinero con forma de retícula

Sobrevolando Barcelona, o bien empleando alguna herramienta que nos permita obtener una visión cenital, distinguiremos claramente la hipnotizante malla de manzanas ideada por Ildefons Cerdà para el distrito del Eixample, interrumpida solamente por las grandes avenidas que articulan la capital catalana, como la avenida Diagonal, el paseo de Gràcia o el paseo de San Juan. El desorden se inicia al rebasar en dirección al mar las rondas de Sant Pere y de la Universitat, instaurándose un urbanismo más laberíntico y medieval, especialmente en el barrio Gótico y en el elegante Born.

Al final de la vía Layetana, que es precisamente la divisoria entre el Born y el barrio Gótico, la regularidad vuelve a imponerse en La Barceloneta, un conjunto de calles estrechas diseñado en el siglo XVIII y que, al menos visto desde el cielo y dejando volar también nuestra imaginación, nos recuerda a una ciudad de juguete dotada de estrechísimas calles por las que corre la brisa del Mediterráneo, la cual ondea la ropa tendida en los balcones y despeina a sus paseantes.

La historia del barrio de la Barceloneta

En la actualidad, y especialmente cuando el tiempo acompaña —que en el caso de Barcelona es la mayor parte del año—, la Barceloneta es un hervidero de turistas y locales, sobre todo en sus dos arterias principales: el paseo Joan de Borbó, que conecta la salida de metro con la playa, y el paseo Marítimo. Sin embargo, en el siglo XVIII no era más que un arenal situado a las afueras de la ciudad amurallada, en el que se comenzaron a construir viviendas destinadas a los pescadores siguiendo un trazado ortogonal de calles alargadas que desembocaban en el mar.

Durante la centuria siguiente, además de pescadores y operarios vinculados a la actividad marítima, empezaron a instalarse en sus calles los trabajadores de las principales industrias asentadas en el barrio, centradas fundamentalmente en el gas y la metalurgia.

No obstante, la transformación definitiva llegó en el siglo XX, momento en el que la capital catalana se abrió al mar y, como consecuencia, empezaron a establecerse en la Barceloneta diferentes restaurantes, bares y chiringuitos cuyas terrazas llegaban prácticamente al mar; algo hoy en día prohibido por la legislación costera. De inicios de siglo son algunas de las construcciones más bellas de la zona, como el precioso edificio modernista de la Cooperativa La Fraternitat, hoy sede de la biblioteca municipal del barrio.

Finalmente, durante los años previos a los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 la Ciudad Condal se volcó plenamente en su modernización, viéndose afectada la Barceloneta, para bien o para mal, por la proximidad a la Villa Olímpica. Así pues, en sus inmediaciones se levantaron construcciones de estética vanguardista, como las torres Arts y Mapfre, emblemas de la Barcelona que deseaba presentarse ante los ojos del mundo como una ciudad con un valioso patrimonio histórico, unas infraestructuras modernas y un futuro prometedor.

Qué ver en la Barceloneta

  • La iglesia de Sant Miquel del Port. Se encuentra a escasos 50 metros del paseo Joan de Borbó, una vía por la cual deambula un auténtico río de personas que van y vienen de la playa entre Semana Santa y octubre. Sin embargo, son pocos los curiosos que la abandonan para descubrir el interior del barrio, donde se encuentran los comercios tradicionales y los bares de toda la vida. Pero retomando el hilo, merece la pena acercarse a este templo, ya que es uno de los edificios más antiguos de la Barceloneta —se construyó entre 1753 y 1755— y posee una elegante fachada pétrea que recuerda por su sobriedad a la vertiente más clásica y contenida el Barroco romano, cuyo máximo exponente es la iglesia del Gesù.
  • El Mercado de la Barceloneta. Se halla justamente detrás de la iglesia de Sant Miquel del Port, pero es necesario tomar el carrer d’Escuder o el de la Maquinista para acceder a la plaza donde se encuentra, la del Poeta Boscà. Quienes deseen conocer la verdadera Barceloneta, la de los niños que juegan a la pelota en el parque y los vecinos que leen el diario al sol o realizan sus compras diarias, deben dirigirse hasta ella, pues esta plaza es un centro cívico a cielo abierto. El mercado se localiza en su extremo norte y fue restaurado por el equipo del fallecido Enric Miralles. El resultado es una solución híbrida, un juego entre lo clásico y lo moderno, ya que combina la estructura originaria de hierro forjado con novedosos elementos, como las placas solares situadas en la cubierta.
  • El parque de la Barceloneta. A modo de transición entre la playa y la Ronda Litoral, el parque de la Barceloneta se encuentra en el solar que antiguamente ocupaba la fábrica Catalana del Gas, que fue derruida en 1989. El recinto mantiene elementos de su pasado industrial, como la bella Torre de las Aguas (una construcción modernista de 1905) o el edificio de la Fábrica del Gas.
  • El Pez Dorado de Frank Ghery. Coincidiendo con los Juegos Olímpicos, el célebre arquitecto canadiense también dejó su impronta en Barcelona con una espectacular escultura de acero que se alza sobre edificios ubicados en primera línea de playa, en la zona final del paseo Marítimo de la Barceloneta. Pese a su diseño tendente a la abstracción, en la obra de Ghery se distingue claramente la figura de un pez cuyas escamas brillan por el reflejo del sol.

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Playa, gastronomía de calidad y fiesta… ¡La diversión está asegurada en el barrio de la Barceloneta!

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