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Ciutat Vella

Pocos saben que por el trazado de las calles paralelas más famosas de Barcelona, La Rambla y Vía Layetana, bajaron en su día dos arroyos que aprisionaban una pequeña colina en el medio, el Monte Taber. Y que fue precisamente aquí donde los romanos, entre los años 15 y 10 a.C., fundaron la colonia de Barcino sin saber que el asentamiento se convertiría en una de las grandes ciudades de Europa. Esta es una de las lecciones que nos enseña Ciutat Vella, primer distrito de Barcelona y origen de la ciudad condal, que estuvo rodeada por una muralla hasta que fue demolida en 1854 para permitir la expansión de la urbe. Integrado por cuatro grandes barrios –el Gótico, el Raval, Sant Pere, Santa Caterina y la Ribera, y La Barceloneta-, en las estrechas callejuelas y plazas del distrito de Ciutat Vella se solapan 2.000 años de historia que abarcan ruinas romanas, restos de murallas medievales, templos góticos, barrocos y recuerdos del pasado marinero hasta llegar a la Barcelona multicultural y turística de la actualidad.

Los fragmentos de muralla que se conservan en el Barrio Gótico permiten delinear el perímetro de la antigua Barcino romana, que tuvo su foro en lo que hoy es la Plaza de Sant Jaume, donde encontramos enfrentados los palacios góticos del Ayuntamiento y la Generalitat de Cataluña. Otros vestigios de época romana los encontramos en el patio del Centro Excursionista de Cataluña, donde se conservan cuatro columnas del antiguo templo de Augusto que una vez se erigió en la cima del Monte Taber, y en el subsuelo de la Plaza del Rey, que acoge el Museo de Historia de Barcelona.

Si nos trasladamos a época medieval, uno de los mayores reclamos del Barrio Gótico son las estrechas y sinuosas callejas de la antigua judería, en cuyo corazón encontramos la rehabilitada Sinagoga Mayor, una de las más antiguas de Europa. Y, por supuesto, la Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia y las iglesias góticas de Santa Maria del Pi y Sant Just y Pastor. Nuestro recorrido tampoco puede obviar plazas maravillosas como la de Sant Felip Neri, con su preciosa iglesia barroca; la Plaza Real, tan colonial con sus palmeras y su fuente central; o la Plaza de los Traginers, a la sombra de una torre de la antigua muralla romana. Y, callejeando, es casi obligatorio pasar bajo el famoso puente del obispo, que aunque parezca muy antiguo es neogótico, como otros monumentos del barrio, y se construyó en 1928.

Hacia el este, cruzando la Vía Laietana, llegaremos a los barrios del Born y La Ribera, cuyos orígenes medievales contrastan con un presente artístico, moderno y cosmopolita que le ha valido a la zona el calificativo de Montmartre barcelonés. Sus mayores tesoros históricos son la antigua Lonja de Mar, antaño lugar de reunión de los mercaderes de la ciudad, y la basílica gótica de Santa María del Mar, construida en el siglo XIV por los gremios de comerciantes, artesanos y marineros del barrio, como bien sabrán quienes hayan leído La Catedral del Mar, famoso best-seller de Ildefonso Falcones. En la calle Montcada, repleta de antiguos palacetes señoriales y patios medievales hoy reconvertidos en galerías de arte, una parada muy recomendable es el Museo Picasso, que recoge la obra de juventud del pintor malagueño.

Hacia el oeste, tras cruzar Las Ramblas y echar un vistazo al prestigioso Liceu, nos espera el barrio del Raval, antiguos arrabales extramuros de la ciudad medieval que han heredado un carácter auténtico, propio de una zona tradicionalmente proletaria y de inmigración. Ravaleando por las desordenadas calles de lo que hasta hace poco se conocía como el barrio chino de Barcelona llegaremos a modernos espacios como el Museo de Arte Contemporáneo (MACBA), el Centro de Cultura Contemporánea (CCCB) o la Filmoteca de Cataluña, que han imprimido a la zona un aura cultural. También encontraremos imponentes edificios góticos como las Atarazanas Reales del siglo XIII, donde se construían galeras, y el antiguo Hospital de la Santa Creu del siglo XV, actual ubicación de la Biblioteca Nacional de Cataluña. El monasterio románico de Sant Pau del Camp, el edificio más antiguo del Raval –y casi de Barcelona-, nos transportará directamente al siglo X.

El espíritu más marinero del casco antiguo reside en La Barceloneta, un barrio costero que se construyó sobre un arenal, en el siglo XVIII, para realojar a los vecinos afectados por la construcción de la fortaleza militar de la Ciutadella, hoy desaparecida. Entre sus lugares más míticos está el centenario Mercado de la Barceloneta, famoso por vender el pescado más fresco, y la Playa de la Barceloneta, donde además de pegarnos un chapuzón debemos coger un teleférico al Mirador de Miramar, en Montjuïc. Y a dos pasos tenemos el Port Vell, el puerto cuatricentenario de Barcelona, presidido por el famoso Monumento a Colón que nos señala la dirección de las Indias. Su paseo ofrece interesantes alternativas de ocio como el centro comercial Maremágnum, el Aquarium y los cines IMAX.

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