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Antiguo

El nombre de esta zona de San Sebastián que desemboca en la playa de Ondarreta es bastante descriptivo de su historia. En efecto, podría decirse que se trata del barrio más antiguo de la ciudad, pues, de hecho, existía antes de la fundación de la misma. Expliquémoslo: las crónicas sostienen que en el lugar que hoy ocupa el palacio de Miramar se encontraba un monasterio levantado bajo la advocación de San Sebastián, el cual acabaría otorgándole el nombre a la población vasca cuando fue fundada a finales del siglo XII.

Precisamente en el palacio de Miramar comienza nuestra recorrido por el barrio. Este edificio posee un emplazamiento privilegiado, ya que se erigió en el punto exacto que separa las playas de la Concha y de Ondarreta, ofreciendo desde sus jardines unas vistas impresionantes a la bahía. Fue la reina María Cristina, enamorada como estaba de la ciudad, quien ordenó su construcción en 1893; y aunque el encargo se lo encomendó al arquitecto inglés Selden Womun, la construcción fue dirigida por José Goikoa. El origen británico de Womun explica las similitudes entre este espectacular palacio, ejecutado con ladrillo y piedra arenisca, y las casas de campo típicas de la nobleza inglesa.

El palacio fue empleado durante mucho tiempo como residencia veraniega de la monarquía española, pero ahora es propiedad del Ayuntamiento de San Sebastián y puede visitarse gratuitamente. Bajo sus jardines se halla el Túnel MiramArt, con su bóveda decorada simulando el fondo marino del Cantábrico, que es, en realidad, la única vía válida que tienen los peatones para pasar de una playa a la otra los días de marea alta.

La playa de Ondarreta, pese a no ser tan famosa como la de la Concha ni presentar unas olas tan espectaculares como las de Zurriola (lo que la convierte en la preferida de los surfistas), resulta muy agradable por su ambiente tranquilo. Es una opción ideal para pasar un día en familia. Además, uno de sus grandes atractivos es que desde la misma se puede llegar nadando a la isla de Santa Clara, que se encuentra a unos 500 metros. Esta distancia, que para quien no esté habituado a nadar en el mar puede resultar excesiva, se hace más asequible si se va parando a descansar en las plataformas flotantes conocidas como gabarrones, las cuales están dotadas de trampolines y toboganes, convirtiéndose –como cabría esperar– en un gran reclamo para los más pequeños.

Ahora bien, si tuviéramos que quedarnos con un único rincón del barrio de Antiguo, no habría duda. Y es que al final del paseo marítimo se encuentra uno de los emblemas de San Sebastián: el Peine del viento. Este conjunto de esculturas fue instalado aquí en 1977 y es fruto de la colaboración entre el escultor Eduardo Chillida y el arquitecto Luis Peña Ganchegui. La obra establece un bellísimo diálogo entre arte y naturaleza, especialmente los días en los que el Cantábrico ruge con más fuerza. En esas ocasiones, las tres esculturas de acero aparecen y desaparecen constantemente siendo engullidas por las olas, al tiempo que el agua emerge con potencia por los agujeros abiertos en las terrazas de granito que se asoman al mar. Si el día acompaña, este espectáculo natural y artístico te fascinará.

Ponemos el punto final a este paseo por Antiguo dirigiéndonos a la calle Matia, o lo que es lo mismo, a la principal arteria comercial del barrio y el lugar donde se concentran los mejores bares de pintxos. Además, tened en cuenta que los jueves a partir de las 20:00 h hay pintxo pote, lo que quiere decir que el pintxo y la bebida sale por un precio muy económico ¿Se puede pedir más?

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