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El Paseo de los Tristes, historia del lugar de Granada
que no aparece en el mapa

Más de un turista se ha desesperado para encontrar en el mapa el Paseo de los Tristes. Y no, no es que los GPS se hayan vuelto locos, sino que el nombre por el que todo el mundo conoce la calle más romántica y bohemia de Granada no aparece en los callejeros. En su lugar, esta bella avenida con vistas privilegiadas a la Alhambra, que sigue el curso del río Darro entre los puentes árabes de las Chirimías y del Aljibillo, aparece reflejado como Paseo del Padre Manjón, su nombre oficial. El sobrenombre popular lo heredó de una curiosa historia: en el siglo XIX, el paseo solía ser lugar de paso de los cortejos fúnebres que iban al cementerio de San José de Granada, en la colina de la Sabika. Muchas personas rehusaban subir por la Cuesta de los Chinos hasta el camposanto y se despedían aquí mismo del difunto, por lo que es fácil imaginar que, en aquellos tiempos, la calle no era una fiesta. Hoy, por suerte, en el Paseo de los Tristes es fácil ahogar las penas mirando a la Alhambra desde cualquiera de sus animados bares, donde es casi un deber probar las típicas tapas granadinas.

Las fiestas de la Casa de las Chirimías

Al comienzo del paseo, en su extremo occidental, encontramos la Casa de las Chirimías frente a un antiguo puente árabe reconstruido en 1882 del mismo nombre. Este edificio barroco está ligado al origen del Paseo de los Tristes, ya que se levantó en el siglo XVII, poco después de que los señores de Castril cedieran estos terrenos para la construcción del paseo en 1609. Se dice que, en parte, se realizó para adecentar la zona, que había quedado reducida a un solar tras una gran explosión de un taller de pólvora cercano.

Irónicamente, el que en el siglo XIX sería conocido como Paseo de los Tristes –entonces se llamaba Paseo de la Puerta de Guadix- se convirtió en escenario habitual de fiestas populares como las corridas de toros y los juegos de cañas, que solían ir acompañadas de música de chirimías que los intérpretes tocaban desde la segunda planta de la Casa de las Chirimías. Desde el primer piso, el Alcalde y los regidores municipales presidían las celebraciones. Este aire festivo y alegre de la calle, que, en contraste con su triste sobrenombre y las románticas vistas de la Alhambra puede volverse melancólico, ha perdurado a lo largo de los siglos. Hasta hace pocas décadas, en el Paseo de los Tristes se celebraban espectáculos de cante y baile flamenco durante las fiestas del Corpus Christi, y actualmente es improvisado escenario de músicos callejeros que tocan todo tipo de estilos para los clientes de las terrazas.

En recuerdo de esa tradición flamenca, junto a la Casa de las Chirimías se erige una estatua del bailaor y coreógrafo gitano Mario Maya, Premio Nacional de Danza en 1992, quien se consagró en los tablaos del cercano barrio del Sacromonte.

El ‘Hotel Reuma’, un edificio maldito

Enfrente del Paseo de los Tristes, bajo la sombra de la Alhambra en la otra ribera del río Darro, se recorta la solitaria figura de un edificio con aspecto de casa encantada. Es el abandonado Hotel Bosques de la Alhambra, un edificio levantado en 1908, en el jardín del antiguo Carmen de Santa Engracia, sobre el que parece pesar un destino maldito.

Inaugurado el 20 de Mayo de 1910, solo estuvo en funcionamiento durante dos años porque los clientes no soportaban el ambiente excesivamente húmedo y frío del hotel, siempre en la umbría de la colina de la Sabika. A los pocos años de su cierre definitivo en 1916, fue inexplicablemente reabierto como hospital durante un tiempo, para desgracia de sus pobres pacientes, especialmente los de reuma. Cuando se abandonó, comenzaron a surgir multitud de leyendas sobre los fantasmas de aquellos enfermos vagando por el edificio. Se dice que el viejo hotel ha servido después, en diferentes etapas, como local de una logia masónica, camerino para los actores de las obras de teatro y zarzuelas y fábrica de jabón y de cuerdas de cáñamo.

Hoy el palacete, en propiedad del Patronato de la Alhambra desde 2000, continúa abandonado, debatiéndose entre la demolición y su rehabilitación para diversos proyectos culturales que nunca llegan, y los granadinos siguen refiriéndose a él irónicamente como el Hotel Reuma.

El embrujo granadino del Paseo de los Tristes de noche

Sin duda, la noche es el mejor momento para acercarse a pasear por el centenario empedrado granadino del Paseo de los Tristes: las mágicas vistas de la Alhambra iluminada y el susurro de las aguas del río Darro convierten el paseo nocturno en una experiencia bucólica que define muy bien lo que algunos llaman el “embrujo de Granada”. Tras detenernos a contemplar un momento la fuente que preside el centro del paseo, que data de 1609, no hay mejor plan que sentarse en una de las terrazas del paseo para degustar unas tapas granadinas mientras perdemos la mirada en las murallas centenarias de la Alhambra y nos dejamos llevar por el ritmo de los músicos callejeros. Rabo de toro, berenjenas con miel, migas, el clásico requeté…los bares ofrecen todo tipo de especialidades con cada consumición y las cantidades son generosas, así que no hará falta que pienses en la cena. Con tres o cuatro cervezas estarás servido.

Información de interés

  • Puede llegar al Paseo de los Tristes en el microbús número C3 o, a pie, andando 10 minutos desde Plaza Nueva por la Carrera del Darro.

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