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La Fundación César Manrique, un edificio que dialoga con su entorno

Los amantes de la arquitectura disfrutarán con el singular edificio que acoge la sede de la Fundación César Manrique. El Taro de Tahíche, que es como se denomina la edificación, se encuentra en el municipio de Teguise, en la que fuera casa de César Manrique por más de 20 años. El término taro hace referencia a un tipo de construcción rural de las Islas Canarias en forma de torre circular, que se emplea para fines diversos, como, por ejemplo, curar queso o almacenar aperos de labranza.

La Fundación César Manrique es una institución cultural privada, y autofinanciada, que busca proteger las artes plásticas y los valores culturales y medioambientales de la isla de Lanzarote. Asimismo, promueve el estudio, la reflexión y el debate en torno al legado artístico de César Manrique, velando por la difusión de su obra.

César Manrique, una figura imprescindible para comprender Lanzarote

La mayoría de los artistas dejan como herencia tras su muerte la posibilidad de seguir disfrutando de sus pinturas, esculturas o edificios. En el caso de César Manrique, sin embargo, su legado trasciende la dimensión puramente artística –si bien esta no es menor– para afectar de una manera más amplia al desarrollo de su tierra natal. Manrique abandonó el archipiélago canario para formarse en la reconocida Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, residiendo en la capital entre 1945 y 1964. Más adelante, el lanzaroteño se trasladaría a Nueva York, donde estuvo en contacto directo con movimientos trascendentales para el desarrollo artístico del siglo XX, como el expresionismo abstracto o el arte pop.

Fue precisamente tras esta etapa cuando decidió fijar definitivamente su residencia en Lanzarote, siendo consciente de la singularidad natural de la isla y de sus posibilidades de explotación turística. Así pues, a partir de la década de los sesenta, César Manrique ideó algunos de los edificios e instalaciones más icónicos de la isla, como el Mirador del Río, la vivienda denominada Lagomar o el Jardín de Cactus. Dichas obras, al igual que la fundación, muestran una estrecha vinculación entre arte y naturaleza, si bien Manrique intervino en todas ellas con un talante de gran respeto por el medioambiente. De hecho, el lanzaroteño obtendría reconocimientos tales como el Premio Europa Nostra o el Premio Mundial de Ecología y Turismo por su manera respetuosa de armonizar arquitectura contemporánea y naturaleza.

La casa museo de César Manrique en Lanzarote

El Taro de Tahíche fue proyectado por el propio Manrique junto a algunos amigos suyos —también artistas— a su regreso de Estados Unidos. La vivienda posee una superficie de 3.000 metros cuadrados, mientras que su parcela alcanza una extensión de 30.000 metros2. La actual fundación, inaugurada en marzo de 1992 —seis meses antes de que falleciera Manrique—, alberga la antigua vivienda, las dependencias para el servicio y los garajes.

El mayor atractivo del edificio es que se asienta sobre la lava producida por unas erupciones volcánicas que tuvieron lugar entre 1730 y 1736. La planta superior de la vivienda ofrece un sutil equilibrio entre la tradición arquitectónica vernácula y la modernidad de ciertos elementos de tipo funcional. En este nivel se encontraban el salón, el cuarto de estar, una habitación de invitados, el dormitorio de César Manrique y la cocina.

Por su parte, la planta inferior constituye posiblemente el mejor testimonio de la obsesión de Manrique por vincular arquitectura y naturaleza, ya que se organiza en torno a cinco burbujas volcánicas, las cuales fueron adaptadas para resultar habitables. El arquitecto las conectó mediante túneles abiertos en el basalto e instaló en ellas, entre otros elementos, una piscina, una pista de baile y una barbacoa.

El edificio cuenta con detalles realmente espectaculares, como ventanas por las que penetra la lava, creando una conexión tal entre el edificio y el volcán que cuesta saber dónde termina uno y comienza el otro. Asimismo, el contraste entre el negro de la roca volcánica y el blanco luminoso de las paredes se halla presente en toda la construcción. Este efecto destaca especialmente en las zonas donde la roca mantiene su color original en la parte superior de la pared, pintándose en el sector inferior una franja de blanco, la cual actúa como una especie de zócalo, como vemos en la piscina. Asimismo, todavía en la piscina, vemos cómo el arquitecto canario reaprovecha la materia lávica para crear un puente.

Ya en el exterior, vale la pena detenerse en el mural ejecutado por Manrique entre 1991 y 1992, creando sus trazos con piedra volcánica, para luego rellenar los espacios interiores con azulejos. En el jardín, como no puede ser de otra manera tratándose de Lanzarote y de César Manrique, encontramos diferentes ejemplares de cactus y palmeras.

La colección artística de la Fundación César Manrique

Conviene no olvidar que la Fundación se sitúa en un edificio ideado como vivienda y que, por lo tanto, está pensado para ser habitado, y no para exponer pinturas y esculturas. No obstante, sería el propio Manrique quien iniciara su reconversión en espacio museístico. La intervención consistió fundamentalmente en dejar libres las paredes, permitiendo así la exposición de obras, y en facilitar la conexión entre las dos plantas.

Los fondos de la fundación incluyen la propia colección de arte contemporáneo de César Manrique, en la que hay obras de Cuixart, Chirino o el Equipo Crónica. Asimismo, el museo dispone de una pequeña muestra de arte canario y de tres salas destinadas a acoger obras de Manrique.

Sin duda, la visita a la Fundación César Manrique es obligada para entender la figura del gran transformador de la isla lanzaroteña.

Información de interés

  • Horario de visita: la Fundación César Manrique abre todos los días de 10 a 18 horas, con excepción del 1 de enero. Su taquilla cierra a las 17:30 horas.
  • Tickets:
    • General: 8 €
    • Menores de 12 años: 1 €
    • Hay entradas combinadas para visitar también la Casa-Museo César Manrique de Haría.

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