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Arrecife Centro

El barrio de Arrecife Centro, tradicionalmente conocido por los isleños como El Puerto, se corresponde con el privilegiado frente marítimo que vio nacer a la capital lanzaroteña hace aproximadamente quinientos años. Se encuentra rodeado por los barrios de Las Salinas, La Vega, Valterra y Puerto Naos, y acoge actualmente, entre sus casas blancas y azules aguas, a cerca de 9000 vecinos, tanto insulares como peninsulares y extranjeros. El barrio de Arrecife hunde sus raíces en el emblemático Charco de San Ginés, un puerto natural que, bajo el cobijo de las barreras de coral, fue visto por navegantes antiguos como uno de los mejores refugios portuarios de Canarias. A su alrededor es fácil identificar las humildes casitas del barrio pesquero de La Puntilla, cuya construcción primitiva nos transporta al trasiego de aquellos primeros viajeros que, a comienzos del siglo XVI, decidieron probar suerte en las recién descubiertas Américas.

Iniciando un viaje virtual por el paseo marítimo que parte del Charco, es posible comprender un poco mejor la idiosincrasia de la capital lanzaroteña, a caballo entre la actividad portuaria y la amenaza pirata. Mirando hacia el mar, se puede contemplar el relieve soberbio del Castillo de San Gabriel, cuya construcción se remonta a 1571 sobre uno de los islotes que protegen el puerto. Como compañero inseparable, encontramos al empedrado Puente de las Bolas, construido dos siglos más tarde a fin de comunicar el castillo con tierra firme. Desde 1972, el conjunto alberga el Museo Arqueológico y Etnográfico, en el cual es posible encontrar restos materiales que nos hablan de las distintas épocas de esta región, principalmente de la aborigen.

Desde aquí el camino se bifurca al antojo del viajero. Continuando por el paseo marítimo se llega a la encantadora Playa del Reducto, playa urbana protegida por un arrecife, el cual se hace visible cuando la marea está baja. En sus aguas tranquilas reposa el Islote de la Fermina, obra del omnipresente artista canario César Manrique, que desde los años setenta alberga una paradisiaca plaza marítima compuesta de una serie de piscinas y lagunas al borde del mar.

Como decíamos, la otra opción pasa por tomar la comercial Calle León y Castillo —o Calle Real de Arrecife por atravesarla completamente—, una avenida que en tiempos pasados fue el camino comunicante con la vecina Teguise, originalmente capital insular hasta que en 1852 el apogeo de Arrecife le robó el título. Las incursiones a derecha e izquierda de esta vía peatonal son imprescindibles si queremos conocer un poco mejor la evolución del barrio de Arrecife en su época moderna. La Iglesia de San Ginés (de Clermont), casi a los pies del Charco, es el ejemplo perfecto de un fenómeno arquitectónico típicamente canario: la convivencia de elementos barrocos con detalles mudéjares o fachadas neoclásicas. Muy cerca se celebra, los miércoles y jueves, el muy apreciado Mercadillo tradicional de Arrecife.

De vuelta a la Calle Real, encontramos otros ejemplos de arquitectura regional reconocidos como Bien de Interés Cultural en las últimas dos décadas. La Casa Amarilla, antigua sede del Cabildo de Lanzarote, ofrece actualmente exposiciones temporales durante todo el año; y la Casa Segarra, un poco más arriba, es sin duda alguna la mejor muestra de eclecticismo canario del siglo XIX.

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