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Municipio de Haría

El municipio de Haría, situado al norte de Lanzarote, acumula un legado paisajístico e histórico fundamental para entender el pasado de la isla. Se sospecha que los marinos romanos, interesados en sus recursos naturales, la visitaron fugazmente tal y como constatan algunas ánforas encontradas en el estrecho que separa Lanzarote de La Graciosa. A su vez, la sociedad maja —población aborigen de la isla—, ubicó en Haría la mayor parte de sus asentamientos, siendo hoy multitud de yacimientos arqueológicos prueba tangible de ello. Nos referimos a lugares de poblados como El Mahío, al aire libre; o la Cueva de Los Verdes, bajo tierra; así como a numerosos grabados rupestres diseminados a lo largo y ancho del Macizo de Famara.

Tras la conquista española de Lanzarote en 1492, el municipio de Haría se reafirmó una vez más como núcleo de población predominante en la isla. Su localización septentrional, favorable a los vientos alisios y con frecuentes precipitaciones en verano, hizo de Haría una región fértil de la cual extraer importantes productos de exportación. Es el caso de la barrilla, una planta tintórea explotada durante el siglo XVIII; o el de la cochinilla, un extraño insecto traído de las Américas cuyas propiedades pigmentarias satisficieron las necesidades de muchos industriales europeos del XIX.

También se sabe que fue en Haría donde comenzaron a utilizarse por primera vez las cenizas volcánicas de Timanfaya como enarenado natural para los cultivos. Esto, unido a la fertilidad de sus tierras, permitió que la agricultura se diversificara en el municipio, siendo notoria durante el siglo XX la proliferación de viñedos, así como de campos de papas, legumbres, cereales y hortalizas.

Hoy, con cerca de 5.000 vecinos distribuidos por sus diez núcleos de población principales, el municipio de Haría esconde uno de los paisajes más heterogéneos de la isla. En un área de cien kilómetros cuadrados conviven en bella armonía conos volcánicos como el de La Corona, malpaíses de lava petrificada, inusuales concentraciones arbóreas como el Palmeral de Haría, grutas de origen volcánico como los Jameos del Agua, impresionantes miradores como el de Guinate o Haría, así como elevados acantilados costeros como los de Famara.

A su patrimonio paisajístico se le suma la riqueza de sus pueblos, en cuya esencia César Manrique encontró inspiración para las numerosas obras artísticas acometidas en la isla durante la segunda mitad del siglo pasado. No por casualidad, fue en el propio pueblo de Haría, capital del municipio, donde el artista construyó la casa en la que vivió durante sus últimos años de vida, y que hoy se puede visitar como casa-museo. Otros atractivos los encontramos en el cercano pueblo de Ye, con su Mirador del Río y su ruta senderista hasta el Volcán de La Corona; en el pueblo de Guinate y su parque de aves exóticas; en las calas de Arrieta, Punta Mujeres y Órzola; en el pueblo nudista de Charco del Palo, que fundó un empresario alemán en los años 70; o en el Archipiélago Chinijo conformado por las islas de La Graciosa, Montaña Clara, Alegranza y los roques del Este y el Oeste.

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