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Tinajo

Corría abril de 1736 cuando, tras seis años de terribles erupciones, las corrientes de lava avanzan inexorablemente hacia el municipio de Tinajo, al oeste de Lanzarote. Desesperados, los vecinos toman la imagen de la Virgen de los Dolores y se dirigen en procesión, liderados por el franciscano padre Guardián, al encuentro del fuego. En la montaña de Guiguan, ruegan a la virgen y prometen construir una ermita en su honor si detiene la catástrofe. Es entonces cuando, en un arranque de valor, un hombre se adelanta y, enfrentando al hirviente magma, clava una cruz de tea. Para sorpresa de todos, al llegar a la altura de la cruz, el río de lava se desvía para cubrir la tierra ya arrasada por erupciones anteriores.

En Tinajo, como en muchos otros sitios, una leyenda sirve para explicar la idiosincrasia del pueblo. Solo con ella se entiende el paisaje volcánico que domina sus negras tierras. Solo por ella existe en la actualidad la Ermita de los Dolores, en Mancha Blanca, que los vecinos finalmente construyeron en 1781 en agradecimiento a la Virgen Salvadora. Junto a la iglesia, aún puede verse la cruz que marca el punto en el que la lava desvió su curso. Desde 1824, cuando supuestamente volvió a intervenir ante otra erupción, la Señora de los Dolores es la patrona de Lanzarote, título que comparte con la Señora de las Nieves y San Marcial de Limoges.

Tinajo es tierra de volcanes que hoy, afortunadamente, ya no escupen fuego y sirven para realizar interesantes caminatas por los alrededores. Dentro del Parque Nacional de Timanfaya, cuya extensión está repartida entre Tinajo y Yaiza, encontramos la Caldera Blanca, un cráter de seis kilómetros de diámetro formado con anterioridad a las erupciones del siglo XVIII. Un sencillo sendero nos permite alcanzar la cima y bordear la caldera mientras disfrutamos de sus espectaculares vistas. Unos kilómetros al sur, en el desolado malpaís se alzan, enfrentados a ambos lados de la carretera, la Montaña Colorada, con su característico tono rojizo impuesto por óxidos de hierro, y el Volcán del Cuervo. Sendos senderos permiten rodear los volcanes y, en el caso del segundo, también adentrarse en su caldera.

Antes de adentraros en Timanfaya, sin embargo, quizá os convenga visitar antes el Centro de Interpretación y Visitantes de Mancha Blanca, un excelente museo perfecto para acercarse al fenómeno vulcanológico de este parque nacional. Además de una sala de exposición permanente, el centro cuenta con una sala de proyecciones, una pasarela que discurre sobre antiguas coladas de lava y una sala de simulación que nos traslada al momento en el que sucedieron las terribles erupciones de 1730.

Otra excursión recomendable consiste en acercarse a la Caldera de Guiguan, situada al sur del casco de Tinajo, que asciende hasta los 324 metros sobre el nivel de mar y posee un encantador mirador para disfrutar de los alrededores. Junto a él están las conocidas Bodegas Guiguan, que elaboran vinos malvasía, tinto, moscatel y rosado a partir de los viñedos cultivados en el terreno volcánico de la caldera.

En el casco histórico de Tinajo, merecen una visita la plaza e iglesia de San Roque, patrón del municipio; y los domingos por la mañana hay que acercarse al mercado agrícola tradicional de Mancha Blanca, donde agricultores, ganaderos y pescadores llevan el mejor género local. Para los surferos: el pueblecito costero de La Santa –perteneciente al municipio de Tinajo- acoge la famosa Ola de El Quemao, un enclave reconocido internacionalmente por los profesionales de este deporte.

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