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Chamberí

No deja de ser paradójico que el Madrid más castizo y señorial deba su nombre, según la teoría más extendida, a las tropas francesas que durante la invasión napoleónica levantaron su campamento en la actual plaza de Chamberí, que ellos llamaron Chambéry en recuerdo de la ciudad gala. Más allá de esta curiosidad, el céntrico distrito de Chamberí conserva el aire elegante y apacible en el que residió buena parte de la aristocracia y alta burguesía madrileña de los siglos XIX y XX, siendo un microcosmos de calles y edificios nobles en el que la vida de barrio tradicional convive con embajadas, hoteles de lujo y locales gastronómicos de vanguardia.

Los terrenos que actualmente ocupan los seis barrios del distrito -Gaztambide, Arapiles, Trafalgar, Almagro, Ríos Rosas y Vallehermoso- guardan una curiosa historia: pertenecieron a los caballeros templarios en la Edad Media, cuando estuvieron cubiertos de bosques escenarios de frecuentes cacerías. En el siglo XVII abundaban las huertas, repartidas entre Iglesia, nobleza, monarquía y terratenientes, mientras que a finales del XVIII surgieron las primeras fábricas de tejas, ladrillos, tapices…Por las famosas fundiciones del barrio se conoció a sus habitantes como “chisperos”, rivales naturales de los “manolos” de Lavapiés.

Chamberí destaca por el interés arquitectónico de sus antiguos palacetes, modernistas, neogóticos y neomudéjares, muchos de ellos ocupados actualmente por embajadas como la de Suecia, Reino Unido y Filipinas, e importantes instituciones como la sede del Defensor del Pueblo, la sede original de Cruz Roja o el Instituto Goethe. Para imbuirse de este espíritu señorial, nada mejor que dar un paseo por la tranquilísima –pese a estar en pleno centro- calle Zurbano, considerada como una de las 12 mejores de Europa por el The New York Times. Aquí, en otro antiguo palacete encontramos el lujoso hotel Santo Mauro, un oasis en el centro de Madrid por el que han pasado muy ilustres huéspedes.

El distrito ofrece una amplia oferta cultural capitaneada por el Museo Sorolla, ubicado en la casa donde vivió el pintor postimpresionista, que es recomendable no solo por los cuadros sino por su bucólico jardín. Merecen también una visita, sin duda, las colecciones de minerales, rocas y fósiles de la majestuosa sala central del Museo Geominero. Chamberí mantiene además una buena nómina de teatros y cines que perdura, en parte, gracias a su envejecida población, que sigue manteniendo sus hábitos de toda la vida. Así, además del moderno complejo de los Teatros del Canal, encontramos otros como el Teatro La Abadía, el Teatro Galileo, el Teatro Quevedo. Si bien los antiguos Cines Luchana también han sido reconvertidos en teatro, aún sobreviven otras salas como las de los cines Verdi, Conde Duque y Palafox, emblemas culturales de la capital.

Quienes quieran remontarse a la apertura del Metro de Madrid, en 1919, también tienen una cita con el Andén Cero, la antigua estación de Chamberí cerrada en 1969, que ha sido reconvertida en un centro de interpretación del suburbano madrileño.

Por último, una visita a Chamberí no puede concluir sin tomarle el pulso a la reinvención gastronómica que el distrito vive en los últimos años. Sus tradicionales tabernas, identificables por sus azulejos blanquiazules y sus barras de acero, conviven cada vez más con locales de tapeo de vanguardia que se concentran, sobre todo, en la calle Ponzano y en los alrededores de la encantadora Plaza de Olavide.

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