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Antequera, un viaje en el tiempo

Antequera está considerada el centro neurálgico de Andalucía. Por esta ciudad pasan las principales vías de conexión entre Málaga y Córdoba o entre Granada y Sevilla. Además de su interesante situación, sus singulares características naturales han hecho que sea un asentamiento desde la era paleolítica. Gracias a los diferentes conjuntos arqueológicos que se hallan en Antequera podemos seguirle la pista a las civilizaciones desde la época prehistórica.

Fundada por los romanos como Anticaria, conocida como Medina Antakira bajo dominio árabe, comienza a desarrollarse fuera de sus murallas durante los siglos XVI y XVII. Con una floreciente actividad comercial, el siglo XVIII terminará de definirla. Hoy en día, acercarse a visitar esta ciudad, a menos de 50 kilómetros de la capital malagueña, es adentrarse en una de las localidades más ricas de Andalucía, en todos los sentidos. Historia, arte, arqueología y gastronomía se dan la mano para ofrecer una combinación única.

Qué ver en Antequera

Lo primero es hacer una parada en el impresionante muestrario arqueológico de este municipio, concentrado fundamentalmente en los Dólmenes de Antequera. Este conjunto está formado por los monumentos culturales del dolmen de Menga, el dolmen de Viera y el Tholos del Romeral, además de por los monumentos naturales de la peña de los Enamorados y El Torcal. Desde el año 2016, el lugar es Patrimonio Mundial de la Unesco.

Los dólmenes de Antequera

Para conocer las construcciones megalíticas hay que llegar hasta el centro de interpretación de los Dólmenes de Antequera, a menos de dos kilómetros del centro de la ciudad. Tanto el aparcamiento como el acceso es gratuito. La sensación al comprobar lo que el ser humano era capaz de crear hace 6.500 años, en el Neolítico, es realmente sobrecogedora. Se trata de uno de los lugares más sobresalientes de este tipo de arquitectura monumental de Europa.

  • Dolmen de Menga. Se encuentra en el primer recinto y sus colosales dimensiones no te dejarán indiferente. Es un sepulcro de corredor, donde se juega con enormes piedras verticales y horizontales, para diferenciar los espacios. Sus peculiaridades no encuentran ningún otro referente en el Viejo Continente.
  • Dolmen de Viera. Situado junto al dolmen de Menga, es el prototipo que solemos observar en la Península, orientado al amanecer en los equinoccios. Así, la luz del sol entra hasta el interior de la cámara funeraria. La importancia de las estaciones para las poblaciones agrícolas neolíticas queda aquí claramente representada.
  • Tholos del Romeral. Se ubica en el segundo recinto, a unos dos kilómetros de distancia de las otras construcciones. Atípico por su tipología de cúpula y su orientación, no podrás dejar de admirar sus cámaras circulares y empaparte de su historia, así como de sus técnicas arquitectónicas.

La peña de los Enamorados

Los primeros pobladores debieron elegir el emplazamiento de los dólmenes por sus excepcionales vistas. La importancia del entorno natural adquiere un nuevo nivel al comprobar que el dolmen de Menga está orientado, contra todo pronóstico, a la peña de los Enamorados. La panorámica de este peñón calizo desde los Dólmenes de Antequera es mágico. Estos yacimientos destacan desde el Paleolítico inferior. La peculiar forma de la peña parece el rostro de una mujer tumbada. Acércate a conocerla de cerca, pues está a solo 12 kilómetros de la ciudad. Pregunta por su trágica leyenda medieval –a lo Romeo y Julieta– o aprovecha para realizar una ruta de senderismo coronando su cima.

El Torcal de Antequera

El Torcal, a unos 15 kilómetros de Antequera, es la última visita natural. Hasta aquí se llega por una carretera de montaña con curvas muy cerradas. Una vez dejes el automóvil, prepárate para ver uno de los parajes más maravillosos que existen, propio de un escenario de ciencia-ficción. Las caprichosas formas que la erosión ha ido tallando en las rocas constituyen uno de los mejores ejemplos de paisaje kárstico.

Sus orígenes se remontan a la era Mesozoica, cuando la región estaba sumergida entre el Mediterráneo y el Atlántico. Hay diferentes itinerarios, dependiendo del tiempo que tengas y la dificultad que desees. Deja volar tu imaginación y no olvides encontrar los parecidos de las distintas formaciones.

Qué visitar en el pueblo de Antequera

En este paseo a través del tiempo no puedes dejar de conocer el centro de esta ciudad malagueña. El patrimonio arquitectónico y las posibilidades gastronómicas completarán tu percepción de Antequera. Su centro histórico está bellamente conservado, con diversos monumentos en los que merece la pena detenerse.

Una de las primeras cosas que llama la atención son sus numerosas iglesias, más de treinta templos levantados desde la conquista de los Reyes Católicos. Este elevado número destaca más al concentrarse en un espacio relativamente pequeño, donde puedes hacer un viaje por diferentes estilos artísticos.

La real colegiata de Santa María la Mayor navega entre los últimos coletazos del Gótico y el auge del Renacimiento; el convento de la Encarnación se inspira en las iglesias moriscas granadinas, fusionando la arquitectura mudéjar y la manierista; con el real monasterio de San Zoilo podrás deslumbrarte con su espectacular armadura mudéjar; la real colegiata de San Sebastián se impone con su gran campanario barroco; en la capilla de la Virgen del Socorro asistimos a una originalidad única, afincada en el Barroco tardío, pero con unos ladrillos rojos que recuerdan a las torres mudéjares.

Asciende hasta la colina de la Alcazaba para sumergirte entre las huellas árabes de Antequera. Para acceder a ella tendrás que cruzar el arco de los Gigantes, una de las puertas monumentales de la ciudad, construida a finales del siglo XVI. Sube hasta el mirador para contemplar la torre del Homenaje en todo su esplendor, con los restos de unas termas romanas y el peñón de los Enamorados como telón de fondo.

Dirígete hasta la plaza del Coso Viejo para conocer el museo de la Ciudad de Antequera, que se sitúa en el palacio Nájera. Una variada colección artística, arqueológica y etnográfica, desde la Prehistoria hasta hoy, para conocer piezas tan valiosas como el Efebo de Antequera, una de las esculturas en bronce más singulares de la Hispania romana.

Restaurantes donde comer bien en Antequera

Seguro que con este intenso itinerario se te ha abierto el apetito. La gastronomía en Antequera no es menos exquisita que sus monumentos. La famosa porra antequerana, los molletes o el bienmesabe para los más golosos, deben ir directos a tu paladar.

El mesón Las Hazuelas, Arte de Cozina o el restaurante Plaza de Toros, entre otros muchos, te dejarán el mejor de los recuerdos en cuanto a sabores de la tierra. ¿Necesitas más motivos para enamorarte de Antequera?

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