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La Cueva del Tesoro: el mar convertido en escultorz

La Cueva del Tesoro, situada en el municipio de Rincón de la Victoria, a unos diez kilómetros del centro de Málaga, es uno de los espacios naturales más singulares de esa provincia. De hecho, la Cueva del Tesoro es la única de origen submarino visitable en Europa y una de las tres de todo el mundo.

Submarino quiere decir que aquí, frente a otras cuevas visitables repartidas por el resto del planeta, el principal escultor fue el mar. Y lo hizo durante la época en la que los grandes dinosaurios dominaban la Tierra: el Jurásico.

Posteriormente, durante el Paleolítico, estuvo habitada por alguna colonia humana que dejó en ellas huellas de su presencia en forma de pinturas paleolíticas. Después, la cueva, al menos el espacio inmediatamente cercano a la entrada, estuvo bastante frecuentado por varios pueblos y civilizaciones.

Eso explica que sea escenario de numerosas leyendas, entre las que destaca la que le da nombre: la del supuesto tesoro escondido en su interior por unos monarcas de origen almorávide.

Cueva del Tesoro de Málaga: cómo es

Así pues, la Cueva del Tesoro tiene como característica fundamental el hecho de ser una combinación geológica muy poco habitual en el planeta. Por un lado, la erosión provocada por las corrientes marinas y la acción de las olas. Por otro, el levantamiento de la cámara por acción de potentes fuerzas subterráneas.

Así que aquí se formaron las grutas y galerías tan típicas de las cuevas bajo el agua y tan apreciadas por los submarinistas. Espacios que, al ser empujados hacia arriba y quedar por encima del nivel del mar, se vaciaron de agua.

Después, por efecto de las filtraciones desde la superficie caliza se fueron creando estalactitas, estalagmitas y columnas. Formaciones que le aportan a este espacio una fisonomía que aviva la imaginación de quienes lo visitan.

En total, el recorrido por la Cueva del Tesoro abarca siete salas con diferentes características geológicas, cada una con su nombre correspondiente.

Salas de la Cueva del Tesoro

En la Cueva del Tesoro el primero de los espacios que se visita es la Sala de la Virgen, en la que pueden admirarse diversos restos arqueológicos. Aquí se encuentra el Pozo del Suizo, creado mediante barrenos por Antonio de la Nari a mediados del siglo XIX.

A él se debe el descubrimiento de buena parte de los espacios de la cueva, pues estuvo 30 años buscando el supuesto tesoro, a golpe de barrenos de dinamita. Lo cierto es que de la Nari acabaría muriendo en el interior de la Cueva del Tesoro al ser alcanzado por una de las explosiones.

A continuación se visitan los siguientes espacios:

  • Sala de Marco Craso: llamada así en alusión a cierto personaje que, en época romana, permaneció oculto en la cueva huyendo de sus perseguidores.
  • Salón del Águila: se denomina de esta forma porque el perfil de una enorme roca situada en la sala se asemeja al de esa ave.
  • Galerías laberínticas: son un intrincado sistema de pasillos entrecruzados, con una gran escenografía.
  • Santuario de Noctiluca: en alusión a la diosa de la Luna, la noche y la fecundidad para los íberos y otros pueblos del Mediterráneo.
  • Sala del Volcán: se llama así por una oquedad que conecta con una sima. Se cree que ésta podría estar conectada, a su vez, con el mar.
  • Salón de los lagos: se la conoce con este nombre, precisamente, por la laguna subterránea existente en el fondo de la sala y que dota al espacio de una gran espectacularidad.

La leyenda del tesoro

¿Por qué a la Cueva del Tesoro se la conoce de esta manera? Porque se supone que en ella se ocultó un valiosísimo tesoro durante el siglo XII.

Cuenta la leyenda que hasta aquí llegaron cinco monarcas musulmanes, de origen almorávide, desde el otro lado del Mediterráneo, huyendo de una serie de revueltas en sus respectivos reinos. Con ellos trajeron sus mejores joyas y pertenencias, que decidieron poner a buen recaudo en el interior de la Cueva del Tesoro. También hay quien afirma que no fueron cinco reyes árabes, sino uno solo: Tasufín Ibn Alí.

Aunque resulta poco probable que los dueños de semejante fortuna no regresaran a por su tesoro, lo cierto es que esta leyenda movió a numerosos exploradores y cazafortunas a explorar el interior de la cueva. Sobre todo, a partir del siglo XVII.

Además, en el siglo posterior aparecieron algunas piedras de granate, lo que sirvió de acicate para que otros aventureros exploraran nuevos rincones de la cueva.

Entre ellos el ya citado Antonio de la Nari, el Suizo, responsable de que puedan visitarse buena parte de las salas que hoy están abiertas al público.

Y, después, un paseo por Rincón de la Victoria

Tras la visita a la Cueva del Tesoro sería absurdo no aprovechar la excursión para conocer el entorno en el que se encuentra este espacio natural: los cantales. Éstos no son sino pequeños acantilados con salientes y pequeñas bahías formados también durante la época del Jurásico.

Pero, además, la localidad ofrece otros interesantes reclamos:

  • Torre de El Cantal: construida en la época de la dominación musulmana (siglo XIV), es una más de las construcciones que conformaron el sistema defensivo litoral mediterráneo. Existe otra torre similar en el municipio: la de Benagalbón.
  • Castillo de Bezmiliana: es el monumento más relevante de la localidad. Se edificó en el siglo XVIII, durante el reinado de Carlos III, como forma de defensa ante las frecuentes incursiones de piratas. En la actualidad alberga exposiciones de arte.
  • Santuario de la Virgen del Carmen: en pleno paseo marítimo, no es solo un punto de referencia para devotos. De hecho, desde aquí se disfruta de una de las mejores panorámicas hacia el mar.

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