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Pueblos de Mallorca: ruta por los 15 municipios con más encanto de la isla

La isla de Mallorca es un universo en sí misma. En 3.640 kilómetros cuadrados, con una distancia máxima de punta a punta de solo 100 kilómetros, logra crear al viajero la sensación de haber recorrido un territorio mucho más extenso, debido a su gran variedad de paisajes y entornos. De la ajetreada capital, Palma, a las calas salvajes del norte. De los complejos turísticos de la costa este a los pueblecitos perdidos en las montañas de la Sierra de Tramuntana o las villas agrícolas del Pla de Mallorca. A su vez, cada uno de los 53 municipios de la isla es un mundo en sí mismo, con sus antiquísima historia y tradiciones: muchos fueron fundados tras la conquista cristiana de Mallorca en 1229, aunque sobre anteriores alquerías musulmanas e incluso poblados talayóticos de la prehistoria. Si piensas salir de Palma o dejar de tomar el sol en la playa del hotel para salir a explorar, apunta: repasamos algunos de los pueblos con más encanto de Mallorca.

Manacor, Portocolom y Santanyi: pueblos turísticos de la costa sureste

La costa sureste de Mallorca está repleta de antiguos pueblecitos y puertos pesqueros que se han transformando en auténticos centros turísticos de la isla. Merece la pena la capital de la comarca de Llevant, Manacor, segunda ciudad más poblada tras Palma y famosa por sus perlas y por ser el lugar de nacimiento del famoso tenista Rafael Nadal. En sus alrededores podemos visitar el poblado prehistórico talayótico de s’Hospitalet Vell y las impresionantes cuevas del Drach y dels Hams. Porto Cristo, a 12 kilómetros, es el puerto natural de la ciudad, con playa, un encantador paseo marítimo y su torre defensiva dels Falcons, del siglo XVI.

Más hacia el sur, Portocolom –perteneciente al municipio de Felanitx- es un antiguo pueblo pesquero que debe su nombre a Cristóbal Colón, ya que hay una teoría que asegura que nació aquí. Los principales atractivos son su largo muelle y Cala Marçal, una playa de arena blanca que de 150 metros de longitud. Siguiendo nuestra ruta por la costa hacia el sur, llegaremos a Santanyi, un pueblo costero tradicional que se ha convertido en reclamo de numerosos artistas internacionales: su centro está lleno de pequeñas galerías y talleres de quienes se han afincado aquí. Sus dos grandes atractivos son el cercano Parque Natural de la isla de Cabrera (a una excursión en barco), y sus 48 kilómetros de costa llenos de encantadoras calas.

Alcudia y otros pueblos históricos del norte de Mallorca

Situada en una pequeña península al norte de la isla, la localidad de Alcudia es uno de los rincones más mágicos de Mallorca. Asomada a la bahía de Alcudia desde que fuera fundada por los fenicios, posee la única muralla conservada en su totalidad de toda Mallorca, y es que Alcudia fue azotada durante siglos por los ataques piratas. Merece la pena pasear por su centro para ver las antiguas Casas Señoriales de nobles y su mercado al aire libre. Y en las afueras, hay que visitar su anfiteatro de época romana –el más pequeño de España- y el Puerto de Alcudia.

Bordeando la inmensa bahía de Alcudia hasta su otro extremo llegaremos hasta Artà, un histórico pueblo mallorquín en un valle de la Serra de Llevant. Entre sus atractivos está la fortaleza del siglo XVI del Santuari de Sant Salvador, con un hermoso jardín con vistas al pueblo; la ermita de Betlem, habitada por ermitaños hasta 2010, y el poblado talayótico de Ses Païsses. Los amantes del senderismo pueden elegir entre las rutas que ofrece el Parque natural de Llevant y la Vía Verde Manacor-Artà, un recorrido de 30 kilómetros que sigue la antigua vía del ferrocarril que unía ambas ciudades.

Y en la punta noreste de la isla, no podemos perdernos Capdepera, un pueblecito medieval en torno a una colina dominada por un castillo. En su centro histórico destacan varias casas señoriales del siglo XIX, mientras que en los alrededores hay preciosas calas salvajes (Cala Mesquida), impresionantes cuevas (cuevas de Artà), una torre defensiva del siglo XIII (Torre de Canyamel) y hasta 40 yacimientos de la cultura talayot (Claper des Gegants). Y, por supuesto, el antiguo puerto pesquero de Cala Ratjada, con un faro del siglo XIX situado en la Punta de Capdepera, el extremo nororiental de la isla.

Valldemossa, Andratx, Sóller, Deià… joyas perdidas en la Sierra de Tramuntana

De entre todos los paisajes de Mallorca, el más sorprendente es sin duda el de la Sierra de Tramuntana, una cadena montañosa que extiende a lo largo de 90 kilómetros por toda la costa noroccidental de la isla con varios picos por encima de los 1.000 metros, con el Puig Major (1.445 metros) como techo. Hasta 20 pueblos se esconden, en perfecta armonía con la naturaleza, en esta región declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Comenzando por el suroeste, la puerta de entrada a la sierra es el municipio de Andratx, conocido por sus galerías de arte moderno y la cercana Isla Dragonera, que puede visitarse en barco. Desplazándonos por la costa hacia el norte toparemos con pintorescos pueblecitos como Estellencs, que ofrece mar y montaña en un ambiente rural a solo 30 kilómetros de Palma, o Banyalbufar, famosa por las casas y terrazas de cultivo construidas en las laderas de la montaña desde época árabe, así como por Es Port des Canonge, su puerto pesquero. Siguiendo nuestra ruta llegaremos a una parada importante. La encantadora Valldemossa, una villa con mucha historia que siempre ha atraído a pintores y artistas por su belleza. De ella dijo el compositor Chopin, tras pasar un invierno con su esposa, la escritora Georges Sand, que era el lugar más hermoso del mundo. Es obligatorio visitar la Cartuja de Valldemossa, monasterio construido sobre el antiguo palacio del rey Sancho I de Mallorca donde se alojó Chopin en 1838.

Un poco más al norte encontramos Deià, otro lugar de cuento de hadas que ha sido un imán para todo tipo de artistas extranjeros, entre ellos el escritor inglés Robert Graves, quien vivió aquí hasta su muerte en 1985 (puede visitarse su casa-museo, Can Alluny). Otro personaje ligado al pueblo es el archiduque Lluís Salvador de Austria, un excéntrico noble enamorado de la isla que comenzaría a comprar terrenos y se establecería en la finca de Son Marroig, donde podemos visitar su casa-museo. En la possessió de Miramar, que el archiduque también compró y rehabilitó, encontramos un antiguo monasterio fundado por el filósofo y escritor Ramon Llull en 1276.

La siguiente parada es Sóller, adonde es posible llegar desde Palma a través de túneles e impresionantes paisajes en un tren de 1912. Ubicado en el valle de las naranjas, así llamado por la abundancia de estos cítricos, en este bello municipio podemos coger el antiguo tranvía para llegar al Port de Sóller. Este se ha convertido en uno de los lugares de veraneo de moda por su combinación de playas y paseo marítimo con múltiples rutas de senderismo. Otra opción es ir en mini-crucero al cercano Torrent de Pareis o pasar el día en el cercano pueblo de Fortnalutx, considerado como uno de los pueblos más bonitos de España por el encanto rústico que aportan sus antiguas casas de piedra y estrechas calles adoquinadas.

En el extremo norte de la sierra, no puede faltar una visita a Pollensa, el municipio más septentrional de la isla. Se trata de un pueblo medieval donde sin duda hay que subir a El Calvario –tras subir 360 escalones- y conocer la Plaza Mayor y su mercado tradicional. Y en los alrededores, hacer una visita a Puerto Pollensa, su mayor centro turístico, y a Cabo Formentor, la punta norte donde la Sierra de Tramuntana muere en el Mediterráneo.

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