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Qué comprar en Mallorca: un repaso a sus productos más típicos

Por azares de la historia, cada país, cada ciudad, o incluso cada pueblo, ha retenido con orgullo una selección de productos representativos de su pasado y tradición. En el caso de Mallorca, su antigua actividad artesanal ha pervivido hasta la actualidad de muy diversas formas. En el apartado de los alimentos, sobresalen la famosa Ensaimada de Mallorca y sus vinos. En el de la alfarería, su cerámica característica. Y en el de las joyas, sus Perlas de Majorica.

Por una suerte de fetiche que suele girar alrededor de estos antiguos productos, cada día son muchos los turistas que se llevan en la maleta un pedacito de Mallorca. Ellos se van contentos y, mientras tanto, la isla balear se da a conocer en todas las partes del mundo. Si quieres saber un poco más acerca de estos productos típicos, sigue leyendo.

La Ensaimada de Mallorca, un dulce de mesa con sabor centenario

Sucede a menudo que los tópicos son tópicos porque reflejan con acierto una parte de la realidad. La ensaimada, en el caso de Mallorca, vendría a ser ese tópico delicioso que no por tópico resulta pesado, y cuyo dulce sabor resulta ser el mejor souvenir para la memoria. Porque, se pregunte a quien se pregunte, la ensaimada siempre será el símbolo por excelencia de la isla, y de paso, el buque insignia de la gastronomía balear —desde 2003 goza de su propia Indicación Geográfica Protegida—.

De confección puramente artesanal, la Ensaimada de Mallorca continúa conservando todas sus características tradicionales. Y es que, si bien se sabe que su primera referencia escrita consta del siglo XVII, algunos expertos afirman que su origen real es árabe. Concretamente del período en el que el general Issam al-Khawlani, a las órdenes del emir de Córdoba, conquistaba la isla en el siglo X.

De cualquiera manera, hoy este postre dulce con anatomía de caracol conquista a quien lo prueba. Por eso, el escritor Santiago Rusiñol, amante de la ensaimada como muchos otros literatos, escribía ya en 1922 que “la ensaimada de mora se hizo cristiana, de cristiana se hizo mallorquina, y de mallorquina se transformó en alimento de toda la humanidad».

Y aunque los dos tipos tradicionales de ensaimada son la “lisa” —sin relleno— y la rellena —de cabello de ángel, principalmente—, la ensaimada de Mallorca ha recibido de buen grado la innovación en su preparación. Por eso, también es posible encontrarla rellena de nata, de crema pastelera, de crema quemada, de chocolate o, incluso, de sobrasada. Por decir algunas, Ca Na Juanita, en el centro del pueblo de Alaró, o Ca sa Camena, en Palma, son pastelerías de esas que reúnen con acierto valores imprescindibles para la buena ensaimada: antigüedad en el negocio, con hasta cuatro generaciones a sus espaldas, y proceso artesanal en la elaboración de sus productos.

Perlas de mallorca, el secreto mejor guardado

Si bien la ensaimada es la “perla” de la gastronomía balear, el siguiente producto estrella en Mallorca es la perla en sí misma. Símbolo de poder y riqueza por su atractivo estético y su escasez natural, a lo largo de los siglos la perla de ostra ha sido un objeto codiciado entre los círculos más pudientes de la sociedad europea.

El idilio de esta joya nacarada con la isla balear nace en 1902, año en que el ingeniero alemán Eduard Hugo Heusch funda en Manacor su empresa “Majorica”, enfocada en la novedosa elaboración artificial de perlas. En contraste con las perlas naturales —o “perlas finas”—, el proceso de obtención de la perla majorica amplío su oferta ostensiblemente, reduciendo así su precio. Para cuando la patente de la familia fundadora se agotó en 1948, la factoría ya elaboraba 218.000 unidades diarias, con una plantilla mayoritariamente femenina. Seis nuevas empresas de producción se unirían al sector perlero durante los siguientes años, cada una con ingredientes y procesos distintos, pero todos ellos mantenidos bajo estricto secreto.

Hoy en día, la perla de Mallorca goza de proyección internacional, y su comercialización no hace sino reforzar el viejo sueño que un día abrigó la diseñadora de moda Coco Chanel: la democratización de la moda a través de la joyería. Sólo en Palma, la oferta de tiendas especializadas en perlas es abrumadora. En el Carrer de Sant Miquel, por ejemplo, se congrega una amplia variedad de joyerías en las cuales es posible encontrar colecciones compuestas de perlas de Mallorca a precios razonables.

Cerámica mallorquina, de lo doméstico a lo turístico

La alfarería (del árabe, alfaharería), antaño arte preciado por proveer de artilugios domésticos a las personas, ha pasado a convertirse con el tiempo en artículo decorativo con gran valor etnográfico, muy cercano al souvenir. Mallorca sabe de esto, pues desde la antigüedad viene cultivando, en forma de tradición, “el arte del torno” con maestría y dedicación. Influenciada por la gran variedad de pueblos colonizadores que han pasado por la isla, la cerámica mallorquina integra señas identitarias de los fenicios, cartagineses, griegos y en épocas posteriores, de los musulmanes. Por supuesto, durante la Edad Moderna también se empapa de la cultura levantina peninsular, así como de la influencia italiana del Renacimiento.

Su especialización en este arte era tal que en la Baja Edad Media los mallorquines se agrupaban en gremios —los olleros, alfareros y tejeros eran los más importantes—, y ya en el siglo XVIII la isla contaba con cuarenta y tres talleres esparcidos por sus núcleos de producción más activos:  Palma de Mallorca, Inca, Pòrtol y Felanitx.

Entre sus piezas más características, aún susceptibles de ser compradas, destacan por ejemplo los “greixoneres” —cazuela de barro barnizado—, las “gerretas felanitxeras” —pequeñas jarras decoradas con multitud de relieves—, las míticas “tejas pintadas” —muy visibles aún en las zonas más montañosas— o los “siurells” —silbatos cerámicos con forma humana—.

Hoy en día, a pesar de que la producción ha descendido, algunos talleres centenarios como Terra Cuita (en Pórtol) o Ceràmiques Mallorca (en Felanitx) continúan su actividad, permitiendo a todo aquel interesado llevarse un pedazo de isla de vuelta a casa.

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