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Qué ver en San Sebastián: los 16 lugares que no puedes perderte

El apelativo cariñoso de la Bella Easo es uno de los curiosos nombres con el que sus habitantes se refieren a San Sebastián. Aunque este nombre surge por la antigua creencia de que aquí se levantaba la ciudad romana de Oiasso y se ha demostrado que no era así, la ciudad ya estaba bautizada.

Desde luego, a lo de “bella” no le faltan motivos. Esta apasionante urbe fundada en el siglo XII está plagada de atractivos mires donde mires. Naturaleza, arquitectura y mar se dan la mano y se acompaña todo de una buena ración de pintxos. La ciudad está viva, palpita fuerte y su energía es contagiosa. Es imposible no enamorarse perdidamente de ella, ¿quieres conocer todos los motivos?

La Concha, la playa urbana más hermosa de Europa

Es una de las claras protagonistas que nos da la bienvenida a San Sebastián, probablemente su espacio más simbólico. Se encuentra al oeste de la desembocadura del río Urumea y está separada del mismo por el monte Urgull.

La arena blanca y fina llena esta playa de poco más de un kilómetro, cuya elegancia y personalidad se queda para siempre en tu corazón. Su belleza esta totalmente en sintonía con la ciudad, no se pueden entender la una sin la otra. Es imprescindible pasearla y disfrutarla. A continuación se halla la playa de Ondarreta, con su límite marcado por el monte Igueldo.

Aquí hay numerosas actividades para realizar, como deportes acuáticos o visitar la cercana isla de Santa Clara. Admira el balneario estilo Belle Époque de La Perla o camina por el Paseo Marítimo para encontrarte con la famosa barandilla blanca de más de 100 años de antigüedad. Si quieres divisar La Concha desde otra perspectiva, sube hasta el Palacio de Miramar.

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La Concha. San Sebastián.

El monte Urgull, el auténtico pulmón de San Sebastián

El nombre de “urgull” proviene del gascón y significa “orgullo”. Precisamente esto es la que sienten los donostiarras por este promontorio que tantas veces ha defendido su urbe. Es un lugar lleno de historia que vio nacer a San Sebastián, donde su construcción más eminente es el Castillo de la Mota, una fortaleza militar del siglo XII que ha sido testigo de guerras y asedios.

Las posibilidades al visitar el monte Urgull son muy numerosas, con distintos senderos para todas las edades. Es un plan perfecto para realizar con niños, pues por el camino os iréis topando con cañones y torres. La naturaleza y la historia están presentes por todas partes, siendo un verdadero museo al aire libre.

Hay cuatro rutas diferentes, con multitud de miradores para divisar el casco viejo, la bahía de La Concha, el monte Igueldo o el Cantábrico. Elige el tuyo o pruébalos todos y no te pierdas ningún detalle de este excepcional paraje.

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Monte Urgull. San Sebastián.

El monte Igueldo, el punto verde más elevado

Con 180 metros de altura, esta montaña se halla en el barrio homónimo y es uno de los símbolos más reconocidos de San Sebastián. Acoge un parque de atracciones que data de principios del siglo XX donde los más peques podrán divertirse.

Sube hasta el monte Igueldo en el funicular con vagones de madera, uno de los más antiguos del País Vasco, inaugurado en 1912 por la reina regente María Cristina, una apasionada de la ciudad. Este tren se coge muy cerca del Peine del Viento, por lo que también puedes aprovechar para contemplar la obra cumbre de Chillida.

En la cima hay un hotel que acoge el gastro-bar Carrusel, donde puedes probar la deliciosa cocina vasca. En el mirador del monte Igueldo tendrás una panorámica sin rival, las vistas más impresionantes de Donostia. También puedes acercarte hasta el faro, construido en el sitio que ocupaba un torreón del siglo XVI, para tener una vista de 360 grados.

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El monte Igueldo. San Sebastián.

El Peine del Viento, cuando se unen el arte y el mar

Esta es la creación predilecta del escultor vasco Eduardo Chillida, una auténtica carta de amor a su ciudad natal. Es el resultado de una serie que el artista inició años atrás, finalizada entre 1976 y 1977 con la colocación de las esculturas que conforman el Peine del Viento.

Las impresionantes piezas de acero enclavadas en la roca se enfrentan al mar y tienen un carácter monumental. Este genio de la escultura abstracta juega con los volúmenes y las masas, eligiendo un extremo de la bahía de La Concha al final de Ondarreta para situar su obra. La importancia del entorno interviene en el Peine del Viento y lo condiciona por completo. Con 10.000 kilogramos de peso cada una de las tres esculturas, desafían la fuerza de la gravedad y representan el pasado, el presente y el futuro.

La naturaleza y el ser humano se unen, cuestionándonos nuestro propio futuro al mirar al horizonte. Atento al espectacular diálogo que se crea cuando el Cantábrico choca con violencia en las piezas, que peinan el viento. Un escenario para soñar. Si estás interesado en la figura de Chillida, no dejes de visitar el museo Chillida Leku, en Hernani, a pocos kilómetros de San Sebastián, donde se muestra el excelso legado del escultor al aire libre.

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El Peine del Viento. San Sebastián.

El Kursaal, todo un símbolo cultural

La construcción recibió el Premio Mies van Der Rohe al Mejor Edificio de Europa. El Palacio de Congresos y Auditorio Kursaal es todo un referente del ocio y la cultura. La estética impactante y rompedora del arquitecto Rafael Moneo junto a la desembocadura del Urumea es muy llamativa.

Ya desde el centro de la ciudad verás a lo lejos los dos grandes cubos de cristal translúcido. El de mayor tamaño acoge el auditorio y el otro sirve como palacio de congresos. Hay numerosas salas de exposiciones y un parking subterráneo, además de terrazas con bellas vistas.

Entre los múltiples eventos que aquí se celebran, este es el principal escenario del Festival Internacional de Cine que tiene lugar en septiembre. Contempla la gran fachada LED de 1500 metros cuadrados que refleja lo que pasa en el interior. El Kursaal ha transformado por completo el espacio urbano, siendo rompedor y novedoso. Pasea por la zona de noche, cuando los más de 10.000 paneles de colores alumbran la noche donostiarra. Aprovecha para comer en el restaurante Ni Neu y prueba las creaciones de los chefs Andoni Luis Aduriz y Bixente Arrieta, con unos precios muy asequibles.

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El Kursaal

Ondarreta, disfruta su calma entre jardines

Esta playa siempre está a la sombra de La Concha, pero no por ello está desprovista de encantos. Goza de una excelente situación a los pies del Palacio de Miramar y frente al monte Igueldo. Se trata de una playa familiar y es perfecta para pasar el día.

Está menos concurrida, tiene un parque infantil y el oleaje es más suave, permitiendo llegar a nado a la próxima isla de Santa Clara. Hay estupendas opciones en cuanto a deportes acuáticos, como piragüismo o kayak. También existen baños, duchas y chiringuitos para tomar algo.

Podrás andar por el Paseo Marítimo dominado por inmensos jardines, llegar hasta el Peine del Viento y pasar junto a otras esculturas. Desde Ondarreta hasta Igueldo se encuentra uno de los barrios más antiguos de San Sebastián, con un encanto particular, tiendas y bares emblemáticos, sobre todo en la calle Matía.

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Playa de Ondarreta.

El Palacio de Miramar, la residencia de los reyes

La reina regente Maria Cristina era una verdadera enamorada de San Sebastián, por lo que eligió esta ciudad como su lugar de veraneo. Por ello, se construyó una residencia para la monarca, eligiendo la finca del conde de Moriana frente a la bahía de La Concha.

Con más de 34.000 metros cuadrados, aquí hallarás el edificio principal, un parque, construcciones anexas y jardines. En cuanto a la arquitectura, se sigue la tipología de palacio inglés, inspirándose en los cottage “Reina Ana”, con un característico ladrillo rojo. En la actualidad, el interior está reformado y se usa para acoger diversos eventos.

Es obligatorio pasear por los bellos jardines para contemplar el horizonte y el mar. Visita El Abrazo de Chillida, donde el “arquitecto del vacío” rinde homenaje al pintor Rafael Ruiz Belardi. Llega hasta el Pico del Loro para gozar de una excepcional panorámica o cruza el Túnel del Antiguo, un pasadizo interactivo decorado con pinturas de Victor Goikoetxea.

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Palacio de Miramar.

La isla de Santa Clara, la centinela de San Sebastián

Este peñasco de unas cinco hectáreas está situado frente a la bahía de La Concha, flanqueada por los montes Urgull e Igueldo, creando un paisaje realmente emblemático que se repite en todas las fotografías de Donostia.

Hasta ella se puede llegar en barco, en kayak o nadando, un pequeño esfuerzo que merece la pena pues solo está a 500 metros de la costa. Podrás caminar hasta el faro  del siglo XIX y además es un sitio idóneo para observar aves. Igualmente, desde aquí tendrás otro punto de vista de la ciudad.

En barco, puedes coger el que llega directamente o las barcas con visión submarina que te pasean por toda la bahía. Si vas a nado, debes saber que hay puntos flotantes a mitad de camino para descansar. En la isla hay una piscina natural y un chiringuito. Acércate a conocer su fascinante historia, pues en el siglo XVI fue un centro de cuarentena para enfermos de peste.

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Isla de Santa Clara

La Parte Vieja, no te pierdas el corazón de la urbe

El origen del la Bella Easo se remonta al siglo XII, siendo su núcleo urbano hasta el derribo de las murallas en el siglo XIX el casco viejo o la parte vieja. El monte Urgull se encuentra a sus pies, entre el puerto y el río Urumea. El trazado actual corresponde al siglo XIX, ya que la ciudad quedó prácticamente destruida en la Guerra de Independencia, salvándose los edificios religiosos.

Es completamente peatonal y hay un itinerario fundamental que no te puedes perder: la Plaza de la Constitución, con su ambiente animado y colorido, especialmente durante la Tamborrada; la iglesia de San Vicente, una de las más longevas de la urbe con un bello estilo gótico; la basílica de Santa María del Coro, con su impresionante portada barroca; el Museo de San Telmo, con su colección etnográfica fundamental sobre la sociedad vasca; o la Alameda del Boulevard, con su extenso paseo verde.

La parte vieja es además una de las mejores zonas de pintxos, con locales tan emblemáticos como el bar Zeruko, Borda Berri o La Cuchara de San Telmo, donde estos bocados se han convertido en todo un arte.

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Casco Viejo de San Sebastián.

El Museo de San Telmo, guardando la memoria del pueblo vasco

Es todo un placer caminar por el casco viejo entre el olor a pintxo y las vistas del monte Urgull. Si llegas a la Plaza Zuloaga te toparás con un sitio de verdadero interés, el Museo de San Telmo. Es una visita obligada para todos aquellos interesados en la historia del pueblo vasco y el arte.

Se encuentra perfectamente enmarcado por el Urgull y ocupa un antiguo convento dominico, inaugurado en 1932. En el año 2011 tuvo lugar una importante ampliación, levantando un edificio anexo integrado en la ladera del monte, con una fachada a modo de muro vegetal digna de ver.

El museo alberga más de 35.00 piezas, divididas en secciones de arqueología, etnografía, bellas artes y fotografía. Es uno de los centros culturales más esenciales de San Sebastián, con una entrada general que cuesta seis euros y una reducida por tres euros. Puedes acceder de forma gratuita los martes.

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Museo San Telmo.

El Ayuntamiento de Donostia, uno de los más majestuosos

En este edificio encontrarás uno de los ejemplos más hermosos en cuanto a arquitectura histórica en la urbe. Se halla junto a los jardines de Alderdi Eder y la playa de La Concha. Se trata de un antiguo palacio de finales del siglo XIX que antes acogió el Gran Casino, hasta 1924.

Refleja el esplendor de San Sebastián durante la Belle Époque, cuando se realizan muchas de las construcciones más sobresalientes y la ciudad recibe el apelativo de “la pequeña París”. El Gran Casino acogió a refugiados políticos durante la I Guerra Mundial, además de a espías como Mata Hari. Para su diseño se buscó la inspiración en el Casino de Montecarlo.

Si te acercas a la fachada, aun se pueden observar los agujeros de bala causados durante la Guerra Civil. En 1943 se habilitó como sede del Ayuntamiento y es imposible no parar a deleitarse con su estilo ecléctico.

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El Ayuntamiento de Donostia

La Catedral del Buen Pastor, ejemplo de la época dorada

Entre mediados del siglo XIX y principios del siglo XX se construyen el Palacio de Miramar, el Gran Casino o la Catedral del Buen Pastor. Su enorme monumentalidad no te dejará indiferente y está llena de detalles peculiares. El arquitecto Manuel Echave se inspiró en las catedrales góticas alemanas, sobre todo en la de Colonia.

Contempla la fuerte verticalidad presente en los arcos ojivales muy agudos y los remates de pináculos y gárgolas. El estilo historicista neogótico se manifiesta en la alta torre-campanario de 75 metros que remata el pórtico de entrada.

En el interior, las grandes protagonistas son las vidrieras, que llenan el espacio de espiritualidad y luz natural. Es indispensable que recorras toda la plaza de la Catedral, para rodearla desde todos los puntos y descubrir otros edificios destacados, como el de Correos. Entras a la Catedral es gratis, por lo que no hay excusas.

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La Catedral del Buen Pastor.

El Teatro Victoria Eugenia, un siglo de historia

Es este otro de los ejemplos esenciales de la Belle Époque donostiarra. El teatro era el escenario del Festival Internacional de Cine hasta que se trasladó al Kursaal. Se halla en pleno corazón de la ciudad y es obra del arquitecto Francisco Urcola, construido en 1912 siguiendo el esquema de los teatros de París y Viena.

Los motivos renacentistas ligados al plateresco que podemos ver eran muy utilizados durante el cambio de siglo. Contempla la soberbia fachada principal con columnas intercaladas entre las puertas de acceso.

La sala principal tiene una enorme bóveda con pinturas costumbristas al fresco firmadas por Ignacio Ugarte. Aquí tienen lugar numerosos eventos de las artes escénicas, en un edificio que ha visto evolucionar a San Sebastián.

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El Teatro Victoria Eugenia.

Gros, el barrio de los surfistas

No te vayas de San Sebastián sin dejar que te invada el espíritu y la viveza de Gros. Es el barrio más de moda para salir de pintxos. La playa de Zurriola es un auténtico paraíso para todos los aficionados al surf.

Se sitúa en la parte oriental de la ciudad y es una visita obligatoria si quieres conocer el auténtico ambiente donostiarra. Tu recorrido deberá incluir el Palacio de Congresos Kursaal, uno de los símbolos del barrio; la playa de Zurriola, una mina de oro para los cazadores de olas que se inunda de jazz durante el Jazzaldia de julio; la zona de Sagüés, para disfrutar de los mejores atardeceres mientras contemplas la Paloma de la Paz, escultura de Néstor Basterretxea; o el monte Ulía, con diferentes excursiones rodeando acantilados y llegando a impactantes miradores, con senderos sencillos.

Una de las citas indispensables en Gros es probar sus pintxos, principalmente en las calles peatonales de Peña y Goñi. Todos los jueves es el día del pintxo-pote, así que son gratis con la consumición. Apunta locales como Lobo, La Comidare, Zabaleta y Bergara.

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Barrio de Gros, con playa de Zurriola de fondo.

Los pintxos de San Sebastián, la esencia gastronómica

La cocina vasca tiene una fama internacional muy reconocida. La ciudad de San Sebastián cuenta con prestigiosos restaurantes Estrella Michelin, pero el rey indiscutible de las barras es el pintxo. Estos bocados en miniatura han terminado siendo una creación realmente artística, llenos de sabor, pasión y carácter.

Las propuestas frías se suelen encontrar en las barras para servirse uno mismo, mientras que los pintxos calientes hay que pedirlos. Lo más recomendable es hacer una ruta variada, pues cada local tiene sus especialidades.

En la Parte Vieja se aúnan tradición y modernidad en bares como La Cuchara de San Telmo, Borda Berri o Gambarra. El barrio de Gros es el lugar de moda para salir de pintxos, con paradas obligatorias en Bergara o Lobo. Atravesando el Boulevard llegarás al Centro de San Sebastián, con varias calles peatonales que también merecen una visita, a bares como La Espiga. No podrás llevarte mejor sabor de tus vacaciones.

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Barra con variedad de Pintxos.

El Aquarium de San Sebastián, el océano ante ti

Si estás buscando una actividad para realizar con los pequeños de la casa, no dudes en acudir al Aquarium-Palacio del Mar. Aquí tendréis la oportunidad de acercaros al mundo marino y conocer sus secretos.

Se sitúa junto al muelle, en el casco viejo donostiarra, en un edificio histórico que data de 1928. En las dos primeras plantas hay un museo que muestra la historia marinera de la urbe con diferentes maquetas de barco. Después llegarás a un túnel de 360 grados llamado Oceanario, donde podrás observar a más de 200 especies marinas al sumergirte en este impresionante pasillo abovedado de cristal, con tiburones toro, tortugas o morenas.

También hay más de 30 peceras enormes para ver con detalle las medusas o las águilas de mar. En la zona tropical conocerás a coloridas especies como el pez payaso o los arrecifes de coral. Al localizarse en la parte vieja, tras la visita puedes seguir disfrutando de los principales atractivos de San Sebastián, comer de pintxos o hacer algunas compras.

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Niños en El Aquarium de San Sebastián

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