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Ciutat Vella

El primer distrito de Valencia coincide exactamente con el perímetro de la antigua muralla del siglo XIV y constituye el núcleo originario, abrazado al río Turia, donde surgió esta ciudad de mercaderes y marineros fundada como colonia romana en el año 138 a.C. De la muralla medieval apenas quedan restos y solo permanecen en pie dos de sus puertas, las impresionantes Torres de los Serranos (al norte) y las Torres de Quart (al oeste). Pero el entramado urbano medieval de este casco antiguo de sinuosas callejuelas y plazas llenas de historia se conserva intacto, lo que convierte el paseo en una experiencia apasionante.

Entrando a Ciutat Vella desde la modernista Estación del Norte – ubicada al norte de la gran urbe actual, pero curiosamente al sur del casco antiguo-, enseguida llegaremos a la Plaza del Ayuntamiento, la más amplia y moderna del casco antiguo, con edificios neoclásicos del siglo XX como la propia sede consistorial y el Palacio de Correos y Telégrafos. Aquí suelen celebrarse cada año las tradicionales mascletàs de las Fallas. De camino hacia el núcleo de Ciutat Vella podemos desviarnos para admirar joyas como el Palacio del Marqués de Dos Aguas, un soberbio edificio barroco que en la actualidad alberga el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias. O, por supuesto, la preciosa Lonja de la Seda, edificio gótico que representa mejor que ninguno el esplendor mercantil de la Valencia del siglo XV. Enfrente, junto a la histórica iglesia de los Santos Juanes, encontramos el actual “templo” del comercio: el Mercado Central de Valencia, un bello edificio de estilo modernista valenciano donde comprar el mejor pescado fresco y productos de la huerta valenciana.

Finalmente, llegaremos a la Plaza de la Reina, un hermoso lugar perfecto para contemplar la fachada principal de la Catedral, presidida por El Miguelete, mientras tomamos una horchata o un chocolate Valor sentados en una terracita. La Seu valenciana, una joya arquitectónica por su mezcla de estilos (románico, gótico, renacentista y barroco), nos sorprenderá en su interior con los frescos renacentistas de la bóveda del Altar Mayor –descubiertos en 2004 tras más de 300 años ocultos- y la leyenda de su Santo Cáliz, que para varios historiadores es el auténtico Santo Grial.

Rodeándola por la izquierda llegaremos a la Plaza de la Virgen, la más antigua de la ciudad junto a la contigua Plaza de la Almoina. Entre ambas se ubica la Basílica de la Virgen de los Desamparados, precisamente donde se hallaba el foro de la ciudad romana desde el 138 a.C. La puerta de la basílica da a la Plaza de la Virgen, presidida en su centro por la icónica fuente del Turia y rodeada por el edificio gótico del Palacio de la Generalitat. A esta plaza da también la Puerta de los Apóstoles de la catedral, donde desde hace siglos se reúne semanalmente (los jueves, a las 12.00) el Tribunal de las Aguas, que resuelve litigios por el agua de riego entre agricultores. La fachada posterior de la basílica da a la Plaza de la Almoina, cuyo museo da acceso a un yacimiento arqueológico subterráneo con ruina de la Valencia romana. En esta zona se erigiría más tarde la primera catedral visigoda, reconvertida después en mezquita tras la invasión árabe y transformada definitivamente en templo cristiano tras la conquista de Jaume I en 1238.

Los amantes de los museos también pueden visitar, dentro de la Ciudad Vieja, el prestigioso Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), el Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (MUVIM), entre otros.  Y los interesados en la figura de San Vicente Ferrer, el viajero dominico valenciano del siglo XIV, pueden visitar su casa natalicia, aunque ya poco tenga que ver con la original. Nuestro recorrido puede finalizar con un paseo por el tranquilo Jardín del Turia, que se extiende a lo largo de seis kilómetros por el antiguo cauce del río –desviado tras la gran riada de 1957- que abraza el casco antiguo de Valencia.

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