Canfranc: la estación de trenes más bonita del mundo en la que podrás dormir

La Estación Internacional de Canfranc vuelve a la vida convertido en hotel de lujo. Un enclave donde disfrutar de un turismo sostenible y conocer desde dentro un monumento clave de la historia española


En un enclave sin parangón del Pirineo Aragonés, a las faldas del collado de Estiviellas (Huesca) y entre vestigios glaciares, se erige la Estación Internacional de Canfranc; una estación de ferrocarril construida en 1928 y que tenía como fin unir Francia y España atravesando los Pirineos por Somport.

Canfranc: un pasado de película

La estación de Canfranc cuenta con una planta alargada, diseñada con una estructura simétrica. La historia de este edificio declarado monumento y Bien de Interés Cultural en 2002 es trepidante. Durante la Guerra Civil Española, la estación estuvo controlada por el Ejército nacional, siendo tapiado el túnel que la unía con Francia para evitar que los franceses irrumpieran en España desde el país vecino. Más tarde, durante la Segunda Guerra Mundial, fue utilizada por los nazis para importar todo tipo de materiales hasta que en 1941 las instalaciones de la parte española pasaron a manos de RENFE.

En el 1970, tras el derrumbe del puente de L'Estanguet a consecuencia del descarrilamiento de un tren de mercancías francés, la estación echó el cierre, marcando el inicio de su decadencia debido al casi inexistente tráfico ferroviario.

Arquitectura industrial en la comarca de Jacetania

Aunque vista del exterior, podría compararse a otros edificios de la típica arquitectura palacial francesa del siglo XIX, los materiales de los que está compuesto el edificio (hormigón, piedra, hierro, cristal y pizarra), lo convierten en todo un emblema de la arquitectura industrial. En esta línea, además de un edificio principal, el edifico consta de varios muelles para trasbordo de mercancías y el depósito de máquinas.

Canfranc, un icono de la arquitectura industrial europea

Su interior cautiva también a quienes tienen la oportunidad de adentrarse en esta joya arquitectónica. Luminoso y elegante, sus diferentes espacios se distribuyen a partir de un vestíbulo central, y están decorados y diseñados con una personalidad propia.

Una buena noticia para todos aquellos viajeros que buscan experiencias diferentes y exclusivas es que, a partir de 2023, la estación pasa a convertirse en un hotel de 5 estrellas. ¿Te imaginas dormir en un lugar como este?  

Estación Canfranc, a Royal Hideaway Hotel, el renacer de un icono

El nuevo proyecto Estación Canfranc, a Royal Hideaway Hotel insufla nueva vida a la emblemática estación casi un siglo después de su inauguración. El hotel, que abrirá sus puertas en unos meses, aspira a convertirse en un nuevo estandarte del turismo exclusivo y sostenible. 

El nuevo proyecto Estación Canfranc, a Royal Hideaway Hotel insufla nueva vida a la emblemática estación casi un siglo después de su inauguración

El espacio de la antigua estación acoge hoy este hotel 5* Gran Lujo que mira al futuro sin olvidar el gran legado que atesoran sus muros, devolviéndole su esencia en cada uno de sus poros. Un lugar donde el lujo contemporáneo es un huésped más que convive en armonía con el ADN del edificio, tándem que se materializa en un diseño interior firmado por ILMIODESIGN e inspirado en la estética de las antiguas estaciones y los lujosos trenes de largo recorrido de principios del siglo XX. Tejidos en terciopelo, elementos art déco, materiales nobles, inspiración regional y una gama cromática que evoca a los años 20 confirman el carácter clásico y embriagador de un enclave historia a raudales. Una opción muy tentadora si buscas hoteles en Canfranc.

Vestíbolo del nuevo hotel Canfranc, a Royal Hideaway Hotel

Otros lugares que ver en Canfranc Pueblo (Huesca)

En los alrededores de la estación las fronteras se funden en un espeso manto de bosques y el tiempo se detiene para disfrutar sin prisas de cada una de las experiencias que ofrece este destino.

El pueblo Canfranc está repleto de lugares de interés, por lo que merece mucho la pena darse un paseo por sus calles y aledaños. El pueblo se sitúa en el Camino de Santiago y su origen se remonta al siglo XI cuando la escasez condujo a sus habitantes a dedicarse al comercio y a recibir a los peregrinos.  

Iglesia de la Trinidad, en el pueblo de Canfranc

La localidad posee varios lugares de interés de arquitectura religiosa, entre los que destacan la iglesia de la Asunción, una primitiva iglesia parroquial del siglo XII construida durante diferentes períodos arquitectónicos; las ruinas de la Iglesia de la Trinidad, datada de mediados del XVI y abandonada en el XIX; y la moderna iglesia de Nuestra Señora del Pilar, diseñada por Miguel Fisac en 1965. Considerada una joya del movimiento moderno, en su arquitectura se hacen patentes las principales tendencias que surgieron tras el Concilio Vaticano II: desornamentación, racionalidad compositiva y funcionalidad.

Canfranc-Pueblo sigue conservando trazas del pueblo caminero antiguo que fue sobre el Camino de Santiago Aragonés, siendo posible contemplar trazas de su antiguo patrimonio, que fue devastado por dos incendios en los años 1617 y 1944. 

Canfranc-Pueblo sigue conservando trazas del pueblo caminero que fue sobre el Camino de Santiago Aragonés, siendo posible contemplar trazas de su antiguo patrimonio, que fue devastado por dos incendios en los años 1617 y 1944

Entre los hotspots que no debes perderte sobresalen la Escuela, de 1928, reconstruida en 1948; los restos del castillo de origen medieval; la fachada de la Torre de Aznar Palacín del siglo XIV; y el Centro A Lurte (“el alud” en aragonés). Inaugurado en 2001 es un centro de referencia de la nieve y los aludes, que cuenta con una exposición permanente sobre los diversos tipos de nieve y avalanchas.

Por último, para los más curiosos, recomendamos realizar la ruta de los búnkeres, los cuales fueron construidos para defender la población de posibles invasiones de los francese que nunca tuvieron lugar. Se trata de una serie de construcciones militares realizadas entre los años 1944 y 1959, y que se extienden por el total de Los Pirineos, dando lugar al mayor proyecto de fortificación construida en España tras la guerra.