Frida Kahlo: Cuadros, pinturas y vida de la musa que cambió el arte
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Cuando las obras de Frida Kahlo cruzaron el espejo

Cuando las obras de Frida Kahlo cruzaron el espejo

Frida Kahlo es una de las artistas más importantes del siglo XX que se hizo un nombre eterno entre los pintores mexicanos de todos los tiempos. Ella, que llegó a dudar de su talento, fue y es inspiración y musa para los artistas del mundo.

El mundo mágico de los cuadros de Frida Kahlo, todo un símbolo con nombre propio entre los pintores mexicanos

Frida Kahlo fotos

Frida Kahlo decía que se pintaba a ella misma porque con frecuencia estaba sola y era quien mejor se conocía. También que nunca pintó sus sueños, sino su propia realidad a pesar del surrealismo que reinaba en las obras y cuadros de Frida Kahlo. La artista mexicana, que murió un 13 de julio, sigue siendo un icono, una de las mujeres más importantes de la historia, un ser humano mágico que adornaba su pelo con flores y sus corsés con pinturas para hacer frente al dolor y a la treintena de operaciones que terminaron por coser su cuerpo. Aprovechamos la fecha para recordar qué tenía Frida para que, además de ser reconocida por su trabajo, acabase por cruzar el espejo y convertirse en musa del arte.

Frida Kahlo, pinturas nacidas de la contrariedad y los obstáculos desde la Casa Azul

Nacida a principios del siglo XX, Ciudad de México y la archiconocida Casa Azul le dieron la bienvenida un 6 de julio de 1907 sin saber que la tercera de las cuatro hijas de Wilheim Kahlo, fotógrafo de profesión, y Matilde Calderón se convertiría en uno de los símbolos de México por una personalidad arrolladora y su arte único.

Los problemas de salud llegaron pronto para la pequeña Frida; con solo seis años la poliomielitis azotó su cuerpo, deformando su matriz , negándole la posibilidad de tener hijos y dejándole una pierna derecha más delgada y corta que la izquierda. 12 años más tarde, mientras viajaba en autobús con el que fue su primer amor, Alejandro Gómez, el vehículo fue arrollado por un autobús. Esta vez, la estudiante que quería ser médico quedó postrada en la cama con varios huesos rotos y lesiones en la espina dorsal, y aquella larga y pesada baja forzosa le empujó a convivir con las horas muertas y las acuarelas de su padre. Comenzó pintando los corsés que le oprimían el cuerpo y sujetaban la columna, hasta que su madre instaló un espejo en el techo para que pudiera practicar con mayor facilidad y le mandó hacer un caballete especial para que pudiera pintar acostada.

El gran Diego Rivera, marido de Frida Kahlo y compañero inseparable de su mundo de inspiración

Frida Kahlo obras

Recuperada, y con algunas de las obras que había hecho durante su convalecencia bajo el brazo, Frida se presentó en la Secretaría de Educación Pública de la ciudad donde el también pintor mexicano Diego Rivera estaba haciendo uno de sus celebrados e inmensos murales. No se conocían, pero quien ahora apostaba por los pinceles quería mostrarle su obra y conocer su opinión. De aquel primer encuentro surgió una relación un tanto especial, tanto, que años después terminaron casándose (y divorciándose para juntarse de nuevo) y mudándose a la casa mágica en la que ella había nacido 22 años antes: la Casa Azul de Frida Kahlo.

Aunque dudó de su propio talento, la carrera de la pintora despegó tras conocer en EE.UU. al escritor y teórico André Bretón, quien a su vez le presentó a Julian Levy. Este le organizó una primera exposición en Nueva York en 1938 y una segunda en París en 1939. Y tras estas muestras por fin expondría en México DF su obra, inspirada en motivos religiosos, milagros y a veces escenas surrealistas que ella definía como propias desde dentro de su corsé e imaginación privilegiada.

Un año después, y tras una larga estancia en el hospital que le llevó a la amputación de la pierna derecha por el miedo a la gangrena, moría la artista dejando un gran legado y altas dosis de inspiración.

El secreto de la Casa Azul de Frida Kahlo: obras de inspiración mágica

La Casa Azul: Museo Frida Kahlo en Ciudad de México

Más que una vivienda familiar, la Casa Azul era el mundo de Frida. Allí, en el barrio de Coyocán, nació, sufrió y disfrutó de la vida a partes iguales. Allí también vivió con Diego Rivera, se convirtió en artista y alojó, durante un par de años, a su amigo el político comunista ruso León Trostky a finales de los años 30, para quien se tapiaron las paredes con el fin de darle una mayor seguridad y se pintaron del color característico que tiene la casa. Allí también se guardaron los secretos de la vida de la Frida Kahlo.

El Museo de Frida Kahlo, uno de los lugares que visitar en Ciudad de México sí o sí

En 1946, Diego Rivera mandó construir el estudio de Frida. Decorado con objetos de arte popular mexicano, el pintor llenó las paredes de caracoles de mar que servirían de palomares y, antes de morir, le hizo prometer a su amiga Dolores Olmedo que durante 15 años nadie abriría ni su baño ni el de Frida en la Casa Azul. Y pasó medio siglo. En 2004, cuando la directora del museo Frida Kahlo abrió las puertas de las estancias que habían permanecido cerradas a cal y canto, descubrió un tesoro formado por miles de archivos entre los que había cartas, vestidos, juguetes, medicinas, documentos y fotografías que nos acercan más a la artista mexicana que vestía con colores y ropajes elaborados para espantar su dolor y pintaba sus corsés convirtiéndolos en auténticas obras de arte.

La casa de Frida Kahlo y Diego Rivera, ubicada en la calle Londres 247, a 20 minutos en coche del Barceló México Reforma *****, es sin lugar a dudas una parada obligatoria en tu viaje a Ciudad de México, además de aprovechar para visitar el barrio de Coyocán. Una vez hayas hecho la ruta de Frida Kahlo y te hayas enamorado de su obra, desde el hotel podrás además ir andando (¡sí, andando!) al Palacio de Bellas Artes, o darte un paseo por el centro histórico de Ciudad de México. Mejor ubicación no podía tener al estar en la mítica avenida Paseo de la Reforma, uno de los puntos de celebraciones y conciertos de los mexicanos.