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Ruta gastronómica por la bella Italia, ¿qué pedir de la carta?

A Italia se puede viajar para ver sus monumentos, vivir la historia en primera persona o recorrer en coche sus paisajes de postal. Pero al país de la pasta también se va a comer, y mucho. Éstos son los platos favoritos de los romanos y milaneses.

Buon appetito, los mejores platos de la cocina italiana en nuestra ruta gastronómica

Según los últimos datos de la Organización Internacional de la Pasta (IPO), una asociación sin ánimo de lucro dedicada al incremento de la conciencia sobre la pasta alimenticia y su consumo, en 2014 los italianos encabezaban (una vez más) el ránking de las nacionalidades que más pasta comían, ninguna sorpresa por una parte.  Cada uno de ellos ingería una media de 25,3 kilos de pasta al año y por comparar, el segundo puesto lo ocupaban los tunecinos, con 16 kilos por persona,  mientras que los españoles comían solo 5,3 kilos.

Italia es pasta; y la pasta es Italia, peor ¿de dónde viene tal manjar de carbohidratos, tan fácil y a la vez tan complicado de hacer bien? Como siempre pasa en estos casos, la polémica está servida, pues hay teorías que apuntan  que fue Marco Polo, en 1271, quien llevó a Italia la pasta tras volver de uno de sus viajes a China y otras que consideran que esta fusión gastronómica ocurrió sin embargo mucho antes, de la mano de los etruscos.

“En la antigua Roma también se encuentran referencias de platos de pasta que datan del siglo III a.C.. De hecho, el propio Cicerón senador Romano habla de su pasión por las laganas, tiras de pasta largas en forma de láminas anchas y chatas, elaboradas con harina de trigo. En esa época, los romanos desarrollaron instrumentos, utensilios y las máquinas para la elaboración de la pasta de lasaña (…). Fue la expansión y dominio de Roma lo que fomentó el cultivo de los cereales en toda la cuenca mediterránea”, podemos leer en la web de IPO.

Llegara como llegara, lo cierto es que a todo ser humano le gusta la pasta, a poder ser al dente, en su punto justo de sal, con la mejor de las salsas caseras y con parmesano en lascas por encima. Y también es cierto que ir a Italia y no comerse un buen plato de macarrones o espaguetis merecería una detención en toda regla antes de salir del país.

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Para evitar que esto pase te recomendamos una lista de platos, por supuesto algunos de pasta, para que en tu próximo viaje a Italia disfrutes tanto de la gastronomía como de sus monumentos.

Los mejores platos típicos de Roma Ruta gastronómica por la bella Italia, ¿qué pedir de la carta?

Si Roma forma parte de tu itinerario hay tres platos de pasta que no debes pasar por alto: spaghetti alla carbonara, penne all’amatriciana y pasta cacio e pepe.

El primero creerás conocerlo, pero poco tiene que ver con el auténtico. Ni nata, ni cebolla, porque la salsa carbonara de verdad lo que lleva es huevo batido, panceta frita, queso parmesano o pecorino, aceite de oliva y pimienta negra. Una vez conozcas, y sobre todo degustes, la versión original, la carbonara que sirven en cualquier menú del día en España te parecerá, mínimo, un sacrilegio.

Más sencilla todavía que la carbonara, pero igual de deliciosa es la receta clásica romana de cacio e pepe. ¿Qué lleva? Además de una buena pasta (si es fresca, mejor), los dos únicos ingredientes que le acompañan son queso pecorino y pimienta. A priori puede parecer tan simplón como una pizza margarita, pero como bien dicen los italianos, si la materia prima es buena, es más que suficiente.

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Y el tercero en discordia: el penne all’amatriciana. Los ingredientes son bastante similares a los otros dos platos, sin embargo el sabor no tiene nada que ver. Con macarrones en este caso (casi siempre podemos variar la pasta), la salsa se elabora con tomate, cebolla, guanciale o panceta, queso pecorino, pimienta y aceite de oliva. Irresistible.

Antipasti y dolci, che buono!

Seguimos en Roma, y de entre sus calles de paredes descorchadas sale el aroma de sus manjares. Imposible no intentar seguir el rastro o salivar pensando en el manjar que esconde esta o aquella cocina… Con toda probabilidad, en una de ellas estén haciendo uno de los entrantes estrella de las cartas romanas: los supplì.

¿Qué son? De un tamaño importante, estas croquetas italianas están elaboradas a base de arroz hervido con una bolita de mozzarella en el centro y habitualmente llevan tomate, y según el cocinero, carne. No hace falta que las pidas en un restaurante, pues como la pizza al taglio, los venden en los puestos de comida callejera.

Otros antipasti tradicionales de la gastronomía romana son carciofi alla giudia (alcachofas al estilo judío) o fiori de zucca (flores de calabacín).  Las primeras, fritas, se cocinan con perejil y vino blanco; las segundas flores también se pasan por aceite tras rebozarlas, y en ocasiones se sirven rellenas.

Si de entre los dulces nos tuviéramos que quedar sólo con dos para comerlos durante toda una vida, sin duda éstos serían: tiramisú y helado, con permiso de los canoli sicilianos. Poca presentación necesitan estos postres a base de café, mascarpone, bizcocho y cacao el primero, y de ingredientes naturales (sin aditivos ni colorantes) el segundo.  Ambos postres, cremosísimos, saben a gloria.

Qué comer en Milán

Milán, la capital de la moda y los negocios también presume de tener buena despensa y mejor cocina, aunque siendo sensatos, ¿se puede llegar a comer mal en Italia? Lo dudamos. El aperitivo italiano, al que acuden los milaneses después del trabajo, es una de las experiencias que hay que vivir, pues va más allá del tomar una caña con una tapa. Pídete un cóctel o un vino y por el mismo precio come lo que te apetezca del buffet que tienes frente a ti.

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Dos de los entrantes que más gustan a los milaneses son el carpaccio y la ensalada caprese. El primero de los antipasti está hecho con finísimas láminas de prosciutto aliñado con aceite de oliva y limón y servido con rúcula y parmesano por encima. La caprese por su parte sólo lleva tomates (que saben a tomate) y queso mozzarella. Sí, el aliño es a base de aceite de oliva y para quienes lo prefieran, con vinagre balsámico.

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La cotoletta alla milanese es uno de los principales platos de la gastronomía local y su preparación es sencilla; de nuevo, lo básico es contar con una buena materia prima, un filete de ternera en este caso. Empanado, en Milán se sirve con limón y salsa de mostaza.

Y por supuesto, no podemos olvidarnos de las pizzas… Las mejores, las hechas al horno de leña y con pocos ingredientes pues hay que ser capaces de saborear la masa. Aunque hay de muchos tipos, la margarita está en el top 3.

Y para terminar con este menú italiano de principio a fin, un buen limoncello que ayude a hacer la digestión o en su defecto, un amaretto. Los dos licores se sirven al terminar una comida y que recuerdan que comer es más que un placer.

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