La historia de amor de un hotel y un pantalón
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La historia de amor de un hotel y un pantalón

La historia de amor de un hotel y un pantalón

A principios de los años 30, un modisto francés recaló en Mallorca para crear uno de los pantalones más famosos de la isla. Le llamó Formentor, como el hotel que le inspiró.

85 años vistiendo a la mujer

A finales de los años 20, cuando el calificativo ‘felices’ dejó de acompañar a la década y Estados Unidos se cerraban puertas tras la mayor crisis económica de la época, otra se abría con cierto grado de timidez al otro lado del charco. El crack de la Bolsa de Nueva York poco parecía influir en las ideas que un poeta de nombre Adan Diehl y su mujer, María Elena Popolicio, ambos unos adelantados de la época con inquietudes culturales, tenían en mente. Emprendedurismo en estado puro.

Amantes de las artes, el buen gusto y la naturaleza, querían llevar a cabo un proyecto que rompiera con lo establecido hasta el momento, marcar un antes y un después a través de su trabajo. Además, confiaban en poder adelantarse a las tendencias, y lo hicieron montando un hotel único por dentro y por fuera, en el que tan importante tenía que ser su arquitectura como todo aquello que lo rodeara: del paisaje a las personalidades que lo frecuentaran, como pintores, escritores, arquitectos…

Allí, en esa zona de tierra virgen de piratas y contrabandistas que ni los propios habitantes de la isla de Mallorca conocían y que carecía de interés para todos, justo allí Diehl y Popolicio decidieron hacer historia.

A pesar de la ubicación, por entonces inhóspita, el Hotel Formentor (hoy Formentor, a Royal Hideaway Hotel) abrió sus puertas como un hotel de lujo formado por 50 habitaciones y dos suites, el segundo de la isla junto con el Gran Hotel. Con playa privada y el mejor de los escenarios, revolucionó el sector con detalles como: habitaciones amplias y con vistas, con calefacción y teléfono, y casi todas con baño privado y albornoces incluidos. Además, su servicio de habitaciones era poco o nada usual para aquellos años, ya que de siete de la mañana a 11 de la noche una camarera hacía guardia por si el huésped necesitaba algo. Un lujo en toda regla.

Ellas y Patou

El escenario era tan idílico que era imposible que no tuviera consecuencias. Buenas en este caso, por no decir buenísimas, y por varias razones. La primera es que Popolicio decidió abrir, en el propio hotel, la primera boutique de moda de las Islas Baleares. La segunda, que hasta aquí llegó el diseñador y perfumista francés Jean Patou, quien unos años antes había adaptado las prendas que llevaba la tenista  Suzanne Lenglen para jugar el campeonato de Wimbledon en 1920. ¿Te suena la falda blanca plisada…?

En una época en la que algunas mujeres, capitaneadas por  la diseñadora Coco Chanel, daban la bienvenida a la modernidad y a sus nuevos roles a través de sus ropajes, Patou diseñó uno de los modelos de pantalón más usados y reinventados, temporada tras temporada, por todo el espectro de firmas de moda. Y es que la prenda, de cintura alta, fluida y corte ancho, despojaba a las féminas de las faldas para vestirlas con pantalones, todo un hito que rompería moldes y que meses más tarde lucirían Katharine Hepburn o Marlene Dietrich. Hablamos del palazzo, o como él mismo bautizó en honor al entorno del hotel que le inspiró: el pantalón Formentor. Era 1932.

Aquella hazaña no sólo quedó registrada en imágenes, pues Bauzá Guañabens, en un artículo publicado en La Almudaina en septiembre de 1931 titulado La Bougeotte, lo registraba diciendo: “Sale a nuestro encuentro un grupo de Evas modernas con pijamas; muñecas de carne con melenas de color whisky que nos hacen volver los ojos del casi ignorado paisaje de entonces, que en largos siglos echó de menos el flujo y reflujo del mundo elegante (…). Y he aquí como de nuestra antigua arpa de cuerdas tensas saltaron éstas, truncándose el momento idílico para dar paso a Kay, la Jeune fille de hoy, y a sus pijamas de Shantung modelo Dupoy Magnin, multicolores, ceñidos con amorosas caricias a la piel tostada de las mujeres de cosmópolis y en pos de los pijamas surgen las camisas de Panamá de seda, los albornoces felpudos, los pantalones “tennis” (sic) y los zapatos de impecable blanco, que adoptan los playeros de nuestra costa azul”.

Formentor is back

Desde que Patou trazara las primeras líneas del boceto han pasado 85 años, y 85 más que vendrán a este paso. Para rendir homenaje a esta pieza icónica, el Royal Hideaway Formentor ha lanzado una reedición del mítico pantalón de la mano del taller textil artesano Teixits Vicens, dedicado a la fabricación de las telas mallorquinas conocidas como Telas de Lenguas. La colección cápsula, que incluye otros complementos inspirados en el hotel, está fabricada en este tejido, un símbolo de la moda que habla de la isla que vio nacer esta pieza y que la perpetúa.