Disfruta de tus vacaciones en Grecia y del Mediterráneo más virgen
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Vacaciones en Grecia, el Mediterráneo más virgen

Vacaciones en Grecia, el Mediterráneo más virgen

Si quieres pasar unas vacaciones en Grecia ¡presta atención! el Peloponeso es más que una grata sorpresa para quien la visita. La península con forma de hoja es un remanso de tranquilidad solo alterado por las carreteras que rodean sus montañas. Verde, árida y acogedora seduce por sus paisajes, su gente y su cocina, tan rica como su cultura. El lugar perfecto para unas mágicas vacaciones en Grecia.

Entre olivos y fuera del recorrido están las vacaciones en Grecia más seductoras

Grecia es como una pared desconchada. Con los años y la crisis que azotó al país, su superficie ha ido perdiendo su máximo esplendor, pero a medida que uno rasca con suavidad descubre capas superpuestas de bellos papeles pintados que dejan constancia de lo que un día fue, y es. Los atractivos de Grecia también podría ser como un salón con un balcón vivo, pues acoge a quienes llegan, que se sienten cómodos  en sus mullidos sofás, de esos que en cuanto te sientas te abrazan de las cervicales a los tobillos y hacen que, después del café,  la despedida sea más difícil, porque ¡qué a gusto se está cuando se está bien! Pasar unas vacaciones en Grecia es como estar en casa, con comida sabrosa y recién hecha, plazas con algarabía y niños con bicicletas hasta entrada la noche, con caras que se vuelven conocidas rápidamente y con rincones que apuntan que nuestra costa mediterránea un día fue parecida a la del Peloponeso: sin edificios, sin estridencias y salpicada de olivos aquí y allá.

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La primera vez que uno pisa el país de los dioses puede perfectamente, y sin ningún tipo de remordimiento o culpa, evitar las conocidas como islas griegas que para muchos se reducen a dos, Miconos y Santorini, a pesar de que son un centenar. Sin embargo, no ir a Atenas, que no necesita más que un par de días, sería lo más parecido a un sacrilegio por eso te recomendamos unas vacaciones en las islas griegas pero no te olvides de visitar Atenas.

Aun desgastada y con cientos de persianas cerradas a cal y canto detrás de las cuales se intuye que un día hubo un negocio –pásate por la cuenta de Instagram del fotógrafo griego Georgios Makkas para entender mejor la magnitud del fenómeno-, recorrer sus calles no deja de ser agradable, una inmersión en la historia que sabe tan bien como sus tiropitas, las empanadas de hojaldre rellenas de queso feta que abren el apetito para los próximos días. Los imperdibles de Atenas no requieren mucha presentación, solo una buena planificación para tu viaje a Grecia y no perderte nada de lo imprescindible que ver en Grecia. La Acrópolis (cuanto más pronto se visite, mejor, evitarás las peores horas de sol y las hordas de turistas que llegan a media mañana) y el Museo Arqueológico Nacional, el Templo de Zeus, la Biblioteca de Adriano, la plaza Sintagma (con sus acicalados guardias), el barrio de Plaka o el Odeón de Herodes Ático, donde con un poco de suerte podrás ir a un concierto de música griega que no deberías perderte aun no entendiendo nada.

Pasar parte de las vacaciones en Atenas, a pesar de todo, es solo un aperitivo de lo que está por venir, pues el camino hacia el Mediterráneo más desconocido y virgen acaba de comenzar. Pequeña, montañosa y sobre el mar está la vistosa isla de Hydra (puedes llegar en barco desde Atenas), donde los burros son el único transporte permitido. Con forma de semicírculo y junto a la playa, está el puerto, uno de los puntos más llamativos del lugar y desde donde salen las principales calles.

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La península del Peloponeso requiere calma. Como mejor se recorre en tus vacaciones en Grecia es en coche, pues te dará la libertad que merece esta tierra en la que a veces parece que se haya detenido el tiempo. Con carreteras zigzagueantes (no siempre fáciles de conducir) y puertos tan imposibles como espectaculares, tiene una naturaleza cambiante entre el espesor verde y la aridez de sus montañas. Al sur, y frente a la isla de Hydra, está la tranquila Thermisia, con playas paradisiacas que poco tienen que envidiar a las del Pacífico, y la puerta de entrada a Argólida, donde Nauplia merece una parada. La que fue la primera capital del país entre 1829 y 1834 es un encantador pueblo con callejuelas repletas de restaurantes, tiendecitas de recuerdos y callejones empedrados por los que caminar sin prisa ni reloj. Además de su paseo marítimo (al final del cual hay una pequeña playa) y el islote de Bourtzi, con un castillo sobre el mar, destaca el Palamidí, una fortaleza amurallada a la que se puede subir andando desde el casco viejo si a uno no le importa tener agujetas los siguientes tres días: tiene 900 escalones a cada cual más empinado. El premio son las vistas y por supuesto, la satisfacción de haberlo conseguido sin ayudas.  Desde Nauplia, y a sólo media hora en coche, está el Teatro de Epidauro, una espectacular obra del siglo IV a.C. donde se  representaban, y se representan, tragedias.  Famoso por su acústica, un espectador  que esté sentado en última grada es capaz de escuchar el sonido que hace una moneda al caer en el centro de la orchestra. El efecto ¡wow! se conserva tantos siglos después…

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En la misma onda y tras haber cogido de nuevo la carretera serpenteante, uno llega a Monemvasía, otro encantador pueblo amurallado sin tráfico (los coches se quedan al otro lado de la muralla), con calles empinadas y estrechas, y unido a tierra por un puente. La contemplación es la principal actividad del pueblo, pues lo que más apetece cuando uno llega es observar el mar desde una terraza con una copa de vino blanco, leer la guía de Grecia descubriendo historias y, cuando cae el sol, recorrer las calles arriba y abajo entre casas que parecen cerradas desde ni se sabe. Comerás muy bien (y barato), dormirás genial y te levantarás con ganas de seguir la ruta.

Lo mejor para terminar tus vacaciones a Grecia es hacerlo por todo lo alto y con la certeza de que volverás, y Elafonisos es ese lugar que pide a gritos una segunda (y tercera) visita incluso antes de abandonar la isla. Tan pequeña que no tiene nada, pero lo tiene todo, es un remanso de paz con playas de arena fina y agua turquesa a las que en temporada alta llegan miles de turistas a diario pero que en septiembre o en junio, sin embargo, uno puede extender sin problemas la toalla. Con un pequeño puerto lleno de soportales en los que cenar pescado fresco a la brasa es encantador hasta decir basta. El mejor destino para terminar las vacaciones en Grecia y prometerse a uno mismo que volverá.