Cuba: La ‘fiesta’ de Hemingway en La Habana nunca acaba
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Cuba: La ‘fiesta’ de Hemingway en La Habana nunca acaba

En las calles de la Habana siempre hay gente esperando algo. Quizás como Santiago, el protagonista de El viejo y el mar, de Ernest Hemingway, ese anciano pescador con poca suerte que veía las horas pasar sin que nada picara su anzuelo.

En muchos rincones de la ciudad los relojes parecen haberse detenido en 1959. Puros, rones y música perviven, sin embargo, ahora junto a teléfonos de última generación en los pocos rincones donde el Wi-Fi hace acto de presencia. Y la gente sigue esperando, pero con los ojos puestos en una pantalla. Cuba es todo un viaje al mundo del Nobel americano.

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La Habana - almendrones

Recorrer la calle Obispo es reconocer la esencia de la Habana Vieja. Partiendo del mítico La Floridita, el bar donde el autor norteamericano se inspiró para escribir algunas de sus mejores novelas entre sorbos de daiquiri, comienza un recorrido por las entrañas de una ciudad que acaba de celebrar  su quinto centenario.

Las cuadras que conforman esta histórica zona son de las pocas libres de ‘almendrones’, los coches americanos de los años 50 que impregnan el aire de un olor industrial tan característico. A diferencia de los relojes, la vida nunca se para en esta parte de la capital: es intensa en tiendas de souvenirs, cafeterías, librerías y galerías de arte.

Seguir caminando hacia la histórica Plaza de Armas es sumergirse en los propios sueños de Santiago en El viejo y el mar: un viaje al pasado donde la lucha contra las adversidades parece ser uno de los deberes diarios entre carteles del Che Guevara. De muchos portales brota la música tradicional cubana y no es raro ser ‘asaltado’ cada pocos pasos para ser ‘invitado’ a un baile. El bar París, en la esquina de calle Obispo con San Ignacio, es uno de esos lugares de culto para todos los que busquen música en directo. Turistas y vecinos alternan hasta altas horas de la madrugada bailando y mojito en mano.

Para evitar el estraperlo, a pesar de las insistentes promesas de que serán más baratos o que los venden directamente los campesinos, es aconsejable comprar puros o café en lugares de venta oficial. Cerca de la Bodeguita de en Medio, otro de los establecimientos fetiche de Hemingway y hoy día repleto de turistas, se encuentra uno de los estancos más populares para adquirir los genuinos Habanos, muy cerca del Museo Nacional de Cerámica, en la calle Amargura (Consejo: si quieres llevarte un mechero de souvenir, recuerda facturarlo y no llevarlo entre el equipaje de mano. De lo contrario, te lo requisarán en el control del aeropuerto).

Como curiosidad, a menos de 5 minutos a pie, está otro de los símbolos que definen la tenacidad de los cubanos que Hemingway remarcaba en El viejo y el mar: el Museo de la Revolución, donde se encuentra Granma, el yate con el que el Che Guevara, Fidel Castro y Camilo Cienfuegos llegaron a Cuba desde México para iniciar el proceso revolucionario. Hoy día, esa embarcación está encerrada en una especie de urna de cristal como símbolo para “salvaguardar la revolución”. El edificio en su día fue el palacio presidencial y en su decoración participó la firma norteamericana Tiffany’s.

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Puros de Cuba - habanos - Pin and Travel

Aunque hay muchos bares y restaurantes con la cocina abierta todo el día, y que incluso no cierran por la noche, las cartas de menú en La Habana siempre son orientativas. Muchas veces el saludo viene acompañado con la frase: “hoy le puedo ofrecer”. La semiautarquía de la isla provoca situaciones tan desconocidas para algunos viajeros como el fin de existencias de cervezas, refrescos y otros productos.

Para probar una de las mejores hamburguesas acompañada de cerveza artesanal se puede visitar la Taberna de la Muralla, una de las pocas cervecerías tradicionales de la ciudad. Al sentarse en una de las gigantes sillas de forja de su terraza en la Plaza Vieja, te sentirás como en un lugar ya conocido; y es que esta parte de La Habana es una de las más restauradas, y los colores vivos de las fachadas y los arcos de los edificios centenarios recuerdan a barrios de pescadores de capitales mediterráneas como Mallorca, Valencia o Barcelona.

Plaza Nueva de la Habana - Pin and Travel

Si lo que buscas es adentrarte en la gastronomía 100% cubana en un ambiente bohemio, el bar Chanchullero, en la calle Teniente Rey, entre Bernaza y el Cristo, es una apuesta segura. Es uno de los lugares que mejor ejemplifica la transformación de la Habana, la fusión entre la tradición y lo moderno. En el hilo musical podrás escuchar desde el último hit de Shakira a alguna canción de Bebo Valdés. Los platos de ensalada de pollo frito con aguacate y cilantro son más que aconsejables. Y para beber: catarro, una mezcla de ron blanco con limón y miel.

Inspirado en estas calles centenarias, Hemingway fue capaz de convertir novelas como París era una fiesta en iconos del siglo XX, y muchos consideran que su alma de escritor murió el mismo día que abandonó la isla. Y aunque el reloj sigue parado en los años 50, La Habana sigue siendo una fiesta infinita.

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