Este pequeño lunar blanco entre Sierra Nevada y la Sierra de Gádor se llama así, Almócita, por estar precisamente en mitad del mundo, de su mundo. Una de las teorías de su toponimia es que viene del árabe al-mawgata, “en medio de dos pueblos”, al que habría que añadir en medio de dos sierras y de varias culturas en su historia.
Hoy en día es un pueblo tranquilo, de los que relucen luz y blancura en cada giro, pero donde el trazo de la ciudad árabe que fue aún sigue latiendo en el trazado de sus calles. Además, los vecinos han querido llenar de poesía el ambiente y las fachadas de sus casas, en las que pueden leerse versos pintados sobre la cal blanca. Un aliciente más para no perderse este rincón almeriense de montaña.
- Historia de Almócita
- Qué podrás ver en Almócita
- Comer en Almócita
- Qué puedes ver cerca de la localidad
- ADónde alojarse en la provincia de Almería
Historia de Almócita
Almócita fue fundada por los descendientes de Tubal, los árabes que habían ocupado toda la zona de Almería. De hecho, en su trazado todavía hoy es visible la esencia laberíntica de las villas árabes con una judería que sigue siendo la parte más misteriosa de un pueblo enclavado en una naturaleza pura y a ratos dura y rebelde.
En aquella época, el principal modo de vida de sus habitantes eran los gusanos de seda por lo que el pueblo entero contaba con plantaciones de moreras, el principal alimento de estos animales tan codiciados en la cultura árabe. Esta tradición llevó a los geógrafos árabes del siglo XI a denominar a esta zona como “los montes de seda”.
Este apreciado hilo hizo que el pueblo creciera gracias a este comercio y se convirtiera en un punto de paso en la Alpujarra almeriense. De hecho, Juan de Austria lo eligió en 1570 como el lugar donde firmar un acuerdo de paz con los príncipes rebeldes árabes, Abén Aboo y Abén Humeya, debajo de una encina situada en una finca que aún sigue llamándose el Cortijo de las Paces, según la tradición.
Pero Almócita también fue un pueblo minero gracias al plomo que se encontró en su sierra. De hecho, era parada obligatoria para el comercio que llevaba este mineral hasta el puerto de Almería. Ahora, estas minas abandonadas son solo ruinas y el pueblo ha vuelto a vivir de la agricultura y de su tierra.
Qué podrás ver en Almócita
Almócita es uno de esos lugares en los que el tiempo parece pasar más lento, a su paso tranquilo por unas calles empedradas que mantienen casi intacto el dibujo de ciudad morisca. Calles estrechas para salvar el calor del verano y siguiendo la pendiente de la sierra. Casas blancas, con macetas llenas de geranios en los balcones para dar color a una Alpujarra a ratos dura a ratos hermosa.
Pero sobre todo guarda una sorpresa increíble en el corazón de la villa: el Almouseum Arte a Pie de Calle, una iniciativa de los vecinos que ha convertido este pueblo de apenas 200 habitantes en un museo al aire libre con fachadas llenas de versos e ilustraciones reivindicativas y literarias.
Pese a ser un pueblo pequeño, Almócita tiene una de las juderías mejor conservadas de la zona. Todos sus habitantes fueron expulsados en 1492 pero aún sigue habiendo restos de su presencia.
Tampoco hay que dejar de visitar la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Misericordia que guarda en sus cimientos la historia del pueblo: el templo original se levantó sobre una antigua mezquita y fue quemado en la rebelión de los moriscos en 1568 y luego reconstruido en el siglo XVII.
Lo más curioso de este lugar es que su nave principal no tiene cubierta: hay quien dice que la perdió en un terremoto en 1804 y quien añade que una gran tormenta la terminó de derribar. Ahora se usa como jardín mientras que es en la capilla mayor, con su arco triunfal de entrada y su increíble armadura cuadrada, donde se ejercen las labores religiosas.
Además de la iglesia, merece la pena conocer dos instalaciones que tuvieron al agua como protagonista y que demuestran aún más la esencia árabe de este pueblo: el aljibe-lavadero y el pilar de los tres caños.
El aljibe es una de las instalaciones hidráulicas más antiguas de la Alpujarra puesto que se construyó en el siglo XIII. Desde este pozo se abastecía de agua a toda la población y también era utilizado por los musulmanes para hacer las abluciones antes de la oración. Ya en época moderna se instaló un lavadero en su interior y ahora se encuentra en los bajos del Ayuntamiento de Almócita.
El Pilar de los Tres Caños es una antigua fuente comunicada con el aljibe de mucha tradición en el pueblo. Cuenta con dos caños en una losa tallada con macarrones zoomorfos y el tercero de mayor tamaño que hacía las veces de abrevadero.
Pero si hay un momento en el que Almócita se llena de luz y de gente ese es “la noche de los candiles” que se celebra el primero de mayo.
El pueblo cuenta con el candil más grande del mundo que en esa noche prende fuego, al igual que los que se reparten por el resto del pueblo, para reivindicar un uso energético más sostenible. Lo que empezó en 2011 como un gesto medioambiental se ha convertido en una noche mágica llena de actividades que atrae cada año a más y más visitantes.
Comer en Almócita
El plato tradicional de la zona es el arroz con conejo y caracoles o el guiso de correas, con judías verdes. Pero en los restaurantes del pueblo se puede disfrutar de una increíble carne a la brasa y comida casera.
El Bar Restaurante El Candil cuenta con un menú del día en el que siempre hay un plato de cuchara de la zona. Otra buena opción es El Rincón, con un comedor amplio y comida casera.
Muy cerca de Almócita está también el restaurante Abad, en Padules, con una terraza muy bonita y un menú de comida alpujarreña.
Qué puedes ver cerca de la localidad
Lo mejor de estar en Almócita es poder recorrer la Alpujarra almeriense para disfrutar de una naturaleza que puede parecer seca pero donde han florecido muchas historias y leyendas. Para tener una mirada más amplia de la zona podemos llegar a la Balsa de las Espeñuelas donde hay un mirador. Este acuífero se construyó en las tierras de un barrio ya desaparecido para tratar de dar agua a todos los municipios de la zona y muy cerca de donde está el candil más grande del mundo.
Otra de las visitas obligadas es la Ermita de los Desamparados, levantada en el siglo XVII y que está situada en una encrucijada de caminos entre tres pueblos. Es un lugar casi mágico para poder respirar el aire alpujarreño y distinguir los ocres y verdes que se mezclan casi por capricho divino.
Si lo que queremos es coger nuestras botas y la mochila y echar a caminar, hay varias rutas que salen de Almócita, como la que va a Las Canales y Paudeles, fácil de hacer; o la que llega hasta las antiguas minas La Solana, ya de mayor nivel.
