Madremanya es uno de los pueblos de Girona más bonitos por su patrimonio cultural e histórico, pero también por su ubicación junto a Les Gavarres.
Subido a un macizo cerca del histórico Empordà gironés, Madremanya está considerado uno de los pueblos más bonitos de la zona gracias a que ha sabido conservar su historia, su patrimonio y su esencia medieval a lo largo de los siglos. Pese a ser un municipio pequeño, hoy en día es refugio de muchos turistas que quieren descubrir sus pequeños secretos históricos, pero también unos alrededores de ensueño.
- Historia de la localidad de Madremanya que nació en una finca en el 834
- Qué ver en Madremanya con un simple paseo
- Iglesia de Sant Esteve, el corazón del pueblo>/strong>
- Portales que recuerdan la historia>/strong>
- Dónde comer en Madremanya sus platos más típicos
- Qué ver en los alrededores: naturaleza e historia
Historia de la localidad de Madremanya que nació en una finca en el 834
El primer dato que se conoce de Madremanya nos lleva al 834 en la compra de una finca por parte del entonces obispo de Girona. No obstante, como feudo fue vendido a Otger de Monells por los condes de Barcelona en el año 994.
Hay registros de cómo se administraba la zona bajo el mando de la sede de Girona y cómo se decidió la construcción y el pago de su iglesia más famosa, la de Sant Esteve de Madremanya, en 1078.
A lo largo de la Edad Media, este importante núcleo levantó murallas en la colina sobre la que se asienta y se sabe que a finales del siglo XIII ya contaba con una asamblea de las familias del pueblo que decidieron reparar esa iglesia fortificada que hacía las veces de castillo o fundar el altar de Santa María.
Durante estos siglos, Madremanya desarrolló una economía basada en el cereal, con plantaciones de trigo, avena y cebada, pero también contaba con ganado ovino y viñas con una rica producción de vino.
El pueblo sufrió las revueltas remensas además de la invasión de Napoleón, que acabó saqueando el pueblo por su oposición, y la Guerra Civil.
La construcción de nuevas comunicaciones con Girona hizo que empezara a recuperar población a principios del siglo XX aunque siguió manteniendo su espíritu rural con muchas masías dispersas y distintos vecindarios que le pertenecen.
Una curiosidad que acompañó al pueblo en este desarrollo desde el siglo XIX fue la explotación del agua de la Font Picant, en Les Gavarres, para la que se creó una planta embotelladora que se abandonó tras la Guerra Civil. Hoy se pueden visitar sus restos.
Qué ver en Madremanya con un simple paseo
Calles medievales que te guían por la historia
Aunque siempre ha sido un pueblo bastante rural, dedicado a la ganadería y la agricultura, Madremanya sigue manteniendo una elegancia histórica que se palpa en sus calles estrechas y sus plazas.
Entre las vías que no podemos perdernos está la calle de la Creu o las Mosques, con vistas a la iglesia románica y llenas de casas de los siglos XVII y XVIII con una bonita decoración renacentista.
En el paseo por su centro histórico nos encontraremos con la Plaça dels Quatre Vents o la de Madremanya y Can Felip desde donde es fácil acabar admirando sus murallas en buen estado de conservación, sobre lo alto de la cima de la colina.

Iglesia de Sant Esteve, el corazón del pueblo
La Iglesia de Sant Esteve es el núcleo del pueblo medieval. De ella se tiene conocimiento desde el siglo XI. Madremanya no cuenta con un castillo, por lo que se levantó el templo fortificado y ubicado en el punto más alto de la colina.
Lo que vemos ahora es un edificio de estilo románico tardío construido hacia el 1300 con una amplia nave sobre la que reposa un ábside semicircular.
Su forma defensiva se aprecia en el singular campanario con tejado piramidal y un antiguo reloj. Llama la atención su austeridad frente a las fachadas de las casonas que la rodean, con una decoración floral y geométrica.
Portales que recuerdan la historia
Madremanya conserva dos portales que atraviesan su muralla y que encajan perfectamente entre sus calles y sus casonas. Se trata del Portal de la calle de Sant Esteve, ubicado al oeste del municipio, y el de la Plaça dels Quatre Vents, al norte.
Lo mejor es atravesarlos sin prisa y recorrer las calles que llevan de uno a otro o seguir el trazado de la muralla para descubrir los rincones más bonitos de este pueblo.
Dónde comer en Madremanya sus platos más típicos
La riqueza gastronómica de esta zona se puede oler y comer en Madremanya. Uno de los mejores lugares para probar sus platos tradicionales es el restaurante La Plaça, ubicado en el hotel del mismo nombre, que cuenta con una terraza increíble, y es perfecto para probar su arroz mar y montaña o el magret de pato. El interior, ubicado en el antiguo establo que conserva las paredes de piedra, es un buen plan también en invierno. No podemos olvidarnos de probar su bodega.
Otra opción es el Bell-lloc, un restaurante que lleva más de medio siglo dando comida típica de la montaña con guisos para chuparse los dedos y carnes a la brasa por un precio bastante ajustado.
Qué ver en los alrededores: naturaleza e historia
Madremanya se ubica en el Parque Natural de Les Gavarres, un lugar mágico de la zona de Girona lleno de bosques de encinas y alcornoques que cuenta con una red de senderos ideal para disfrutar de estos bellos paisajes sin prisa.
Uno de los lugares más visitados cerca de Madremanya es el Santuario de Los Ángeles, la ermita donde tuvo lugar la boda secreta de Dalí con Gala y que forma parte de una de las rutas dalinianas. Las vistas son increíbles.
Otros pueblos que merecen la pena son Monells, Púbol o Sant Martí Vell. También podemos acercarnos hasta el Castell de Millars, una antigua casona preciosa cerca de la iglesia.
