Calella es uno de los pueblos más bonitos de la Costa Brava que llama la atención incluso antes de llegar por sus casitas blancas y el contraste con el azul intenso del mar. Además, es un lugar perfecto para disfrutar de la gastronomía de la zona y descubrir los pequeños tesoros que guarda en su centro histórico. Dicen que en uno de sus hoteles, Joan Manuel Serrat escribió la famosa canción de Mediterráneo inspirado por todo lo que vio.
- Qué ver en Calella de Palafrugell
- El casco antiguo de Calella, una rara avis en la región
- Los jardines de Cap Roig, un lugar lleno de leyendas
- Qué playa elegir en Calella de Palafrugell
- Los mejores miradores de Calella para disfrutar del amanecer
- Los senderos que recorren este enclave
- Dónde comer erizos de mar en Calella
- Conoce un poco de la historia de este pueblo de pescadores
- Qué puedes visitar en los alrededores de Calella
Qué ver en Calella de Palafrugell
Esta localidad es una de las que mejor preserva la esencia marinera de la Costa Brava. La visita puede comenzar en su casco antiguo, un cuidado conjunto de lo que antaño fueron las casitas de pescadores, con sus fachadas de un banco inmaculado, y calles peatonales que acaban conduciendo hacia la iglesia de Sant Pere.
Desde aquí lo lógico es dirigirse hacia el mar, para contemplar las barcas atracadas en el Port Bo y disfrutar del ambiente familiar de la playa del Canadell. Luego, para comprender mejor las dimensiones de este pueblo y de cómo está integrado en su entorno natural, bien merece acercase a miradores como el de la Punta dels Burricaires o el de Manel Juanola i Reixach.
Por último, a las afueras de Calella se están el castillo y los jardines botánicos de Cap Roig, un lugar imprescindible de este litoral, a caballo entre lo paisajístico y la autenticidad de la cultura local.
El casco antiguo de Calella, una rara avis en la región
El centro de Calella es uno de los mejor conservados de toda la Costa Brava, lo que ha convertido a este pueblo en uno de los más bonitos para recorrer. Su entramado de calles estrechas se mantiene rodeado de las tradicionales casas blancas de dos pisos, decoradas de flores en todas sus ventanas y balcones y con una cubierta de teja que las hacen muy especiales.
Se trata de las antiguas viviendas de los pescadores que se han conservado tal cual durante estas décadas creando un encanto único que atrae a muchos turistas. Dos de sus calles más bonitas son las de Les Voltes y Gravina, donde es imposible cruzarlas sin fotografías hasta el último detalle.
Dentro del casco antiguo, no podemos perdernos la visita de la Iglesia de Sant Pere, de finales del siglo XIX, que con su torre cuadrada y su estilo sencillo se integra perfectamente en la esencia de Calella.

Los jardines de Cap Roig, un lugar lleno de leyendas
Estos jardines son famosos en toda la Costa Brava no sólo por sus increíbles vistas sobre el mar Mediterráneo en contraste con la piedra roja. Tampoco por las más de 1000 especies diferentes provenientes de todo el mundo que se pueden ver durante su visita; sino sobre todo por la bonita historia de amor que lo hizo posible.
Situado a las afueras de Calella, los jardines de Cap Roig pertenecieron a un coronel ruso, Nicolai Woevodsky, y a su mujer, la aristócrata inglesa Dorothy Webster, que buscaban un lugar único en esta costa para instalarse.
Aficionados a la decoración, a la historia y a la belleza, en 1927 llenaron estas 17 hectáreas de especies diversas y construyeron un castillo en piedra autóctona que los ha unido para siempre con Calella. No en vano pidieron incluso que se les enterrara aquí.

Tras su muerte, la finca fue adquirida por varias instituciones que han convertido el castillo en uno de los escenarios clave del importante festival de música que se celebra cada verano en Calella de Palafrugell donde han actuado desde Lady Gaga a Elton Jonh.
Qué playa elegir en Calella de Palafrugell
Además de la mítica playa de Port Bo, donde hay una arcada que se convirtió en el icono de Calella durante algunos años y descansan las barcas de los pescadores, también hay muchas pequeñas calas y zonas de baños que tenemos que visitar por la belleza natural de los enclaves.
Justo pegado a Port Bo y sólo separadas por la roca de La Trona, está la playa del Canadell, un lugar muy concurrido por familias y donde encontramos otra de las tradiciones de este pueblo que son los porches donde guardaban las barcas, pintados de distintos colores, muchos de los cuales se han convertido ahora en chiringuitos.
Pero merece mucho la pena darse una vuelta por la costa del pueblo para descubrir pequeños rincones de aguas cristalinas como la cala d’En Calau, Port Pelegrí, La Platgeta, Sant Roc o Els Canyers.

Los mejores miradores de Calella para disfrutar del amanecer
Calella no sólo es bonita a nivel del mar sino que merece mucho la pena caminar un poco para subir a las alturas y disfrutar de las vistas. Uno de los miradores más famosos es el de Manel Juanola i Reixach, el farmacéutico de Palafrugell que inventó las famosas pastillas Juanola. Este saliente rocoso es un lugar único para disfrutar del atardecer cualquier día o simplemente sentarse a dejarse llevar por el sonido del agua y los rayos del sol.
El mejor lugar para tomar una foto de todo Calella es, sin duda, la Punta dels Burricaires, entre Port Pelegrí y La Platgeta. Este entrante que termina en un asiento circular con la bandera catalana es el mejor lugar para entender el alma de un pueblo que vive entre la serenidad del Mediterráneo y la belleza de las rocas.
Los senderos que recorren este enclave
Entre las rutas más famosas que podemos hacer desde Calella destaca el emblemático Camino de Ronda hasta Llafranc. Se trata de un tramo de 1,5 kilómetros bastante cómodo (tiene un grado de dificultad bajo), siempre en paralelo a la costa. Este amplio paseo discurre por algunos tramos rocosos entre pinos. Es ideal para familias con niños y ofrece unas vistas realmente memorables de ambas localidades.
Hay muchas opciones para recorrer a pie este litoral, de cala en cala. Por ejemplo, el tramo de El Golfet a Sant Roc (apenas 1 kilómetro y una dificultad baja) discurre entre túneles y escalinatas de piedra. Para este sendero es aconsejable llevar agua y evitar las horas centrales del día durante los meses de más calor.
Por su parte, la ruta de Cala Pedrosa a Aigua Xelida (de unos 2 kilómetros y una dificultad media) discurre entre pinares, por un terreno bastante irregular, por lo que es necesario usar calzado deportivo o especifico para senderismo.
Por último, el ascenso desde Tres Pins a Sant Sebastià (uno 2 kilómetros, con dificultad media) exige una cierta preparación física, pues hay un pronunciado desnivel continuo. El premio al esfuerzo son las vistas desde el faro de San Sebastià, entre las más espectaculares de esta zona del litoral gerundense.

Dónde comer erizos de mar en Calella
Uno de los productos más típicos de la zona es el erizo de mar o garota y Calella es uno de los mejores lugares para probarlos. Podemos encontrarlos en muchos chiringuitos de playa y también en algunos de los mejores restaurantes de la zona. Pero no es lo único que tenemos que probar en esta parte de la Costa Brava: no podemos perdernos sus típicos mar y montaña y los pescados frescos que salen todos los días del mar.
Entre los mejores lugares de Calella para disfrutar de esta gastronomía está La Blava, con unas increíbles vistas al Mediterráneo, igual que Sol i Mar.
Para tapear tenemos Calau y algunos de los bares que se abren en el centro del pueblo y que nos servirán para hacer una parada perfecta durante nuestra visita.
Conoce un poco de la historia de este pueblo de pescadores
Calella es una pedanía de Palafrugell que hasta hace menos de 20 años no llegaba a los mil habitantes y ahora es uno de los pueblos turísticos más bonitos de la zona. La mayoría de sus vecinos son herederos de las familias de pescadores que se instalaron en este punto en el siglo XVIII, buscando un puerto que diera salida a los productos de la región de La Bisbal, pero al mismo tiempo que tuviera una buena defensa para evitar el ataque de los piratas que se repetían en toda la costa.
De hecho, la importancia del puerto de Calella fue tal que llegó a tener su propia autoridad aduanera para controlar las mercancías que entraban y salían en barcos cada vez de mayores dimensiones.
A finales del siglo XIX, algunos miembros de la burguesía catalana descubrieron la bondad de los baños de esta costa, donde ya era típico bajar a pasar el domingo a las calas, y empezaron a construir sus casas pero en las afueras del pueblo manteniendo el centro en su forma original.
Qué puedes visitar en los alrededores de Calella
Calella está rodeada de localidades tan atractivas, o incluso más, que ella misma. Un buen ejemplo es Begur, al norte, que destaca por el castillo medieval coronando la colina y por un centro histórico jalonado de casas de indianos: emigrantes de finales del siglo XIX y principios del XX, que regresaron tras hacer fortuna en América. También resulta muy instructiva la visita al puerto de Palamós, al sur, donde se mantiene viva la tradición pesquera y la actividad de la lonja y la célebre subasta de pescado.
Hacia el interior, a unos 15 kilómetros, está la villa medieval de Pals, donde es visita obligada la Torre de las Horas. A pocos minutos, Peratallada sorprende por el foso que la rodea, excavado en la roca, y por el laberíntico trazado de sus calles, en las que se preserva el ambiente de la época feudal. Por último, el poblado íbero de Ullastret ayuda a entender los orígenes de la comarca, en una visita tan sorprendente como instructiva.
