Granada es una ciudad de barrios con identidad propia, pero pocos conservan una personalidad tan marcada como el Realejo. Situado a los pies de la Alhambra y extendiéndose entre callejuelas empinadas, plazas históricas y antiguos cármenes, este rincón de la ciudad permite descubrir una de las etapas más fascinantes de la historia granadina: la huella sefardí.
Hoy el Realejo mezcla pasado y presente en un entorno lleno de vida local, terrazas, arte urbano y rincones con encanto. Pasear por sus calles es encontrarse con vestigios de las tres culturas que convivieron en Granada durante siglos y descubrir una cara más tranquila, auténtica y menos monumental de la ciudad.
- ¿Qué es El Realejo y por qué merece una visita?
- La historia barrio judío de Granada
- Ruta por el barrio judío de Granada
- El Campo del Príncipe
- Dónde comer y tapear en El Realejo
- Arte urbano y grafitis en El Realejo
¿Qué es El Realejo y por qué merece una visita?
El Realejo es uno de los barrios históricos de la ciudad de Granada. En concreto, su trazado corresponde a lo que fue el barrio judío en tiempos del dominio musulmán y hasta finales del siglo XV. Se sitúa justo a los pies de la colina de La Alhambra y en él aún se admiran algunos monumentos supervivientes de la época medieval, como el Cuarto Real de Santo Domingo, que fue uno de los más lujosos palacios nazaríes. También hay construcciones posteriores de importancia, como la Casa de los Tiros (siglo XVI).
Valores patrimoniales aparte, esta zona tiene una agradable actividad nocturna y de ocio. De hecho, es el barrio que elige buena parte de la población local para ir de bares y tapas. Sobre todo en torno al Campo del Príncipe.
La historia del barrio judío de Granada
El barrio judío de Granada se despliega entre los dos ríos de la ciudad -el Darro y el Genil-, y se compone por un laberinto de callejuelas empinadas y estrechas en lo que hoy se conoce como el Realejo.
Su denominación viene de que aquí los sefardíes ya estaban asentados mucho antes de la llegada en el siglo VIII de los árabes, quienes llamaron a esta zona Garnata al-Yahud (Granada de los judíos) y admiraron la cultura y cosmopolitismo de sus artesanos y comerciantes, que solían hablar idiomas y estar al tanto de lo que pasaba en el mundo por sus continuos viajes. No duró mucho, sin embargo, la prosperidad del barrio judío, que con el surgimiento de los primeros conflictos con los musulmanes se fue convirtiendo en un ‘gueto’ hasta la conquista de Granada en 1492, cuando todos los sefardíes fueron expulsados por los Reyes Católicos.
La construcción de nuevos edificios cristianos sobre las sinagogas demolidas dejó escasos vestigios de la época judía, dotando al Realejo actual de un carácter ecléctico y multicultural. Pese a ello, a los 17.000 habitantes del barrio aún se les llama greñúos, según una de las explicaciones que circulan, por las rizadas melenas que lucían sus antiguos convecinos sefardíes.
Ruta por el barrio judío de Granada
El Realejo es un barrio donde, en un breve paseo, se pueden admirar vestigios de los tres pueblos que han marcado la historia de Granada: judíos, árabes y cristianos.
- Nuestra ruta comienza en la Plaza de Isabel la Católica, frente a la magnífica estatua realista que representa a Cristóbal Colón con la reina que, el 31 de marzo de 1492, decretó junto a su esposo en la Alhambra la expulsión del pueblo judío.
- Cogiendo la calle Pavaneras, a escasos metros encontramos, irónicamente, la estatua de Yehuda Ibn Tibon, uno de los judíos granadinos más célebres: médico, filósofo, poeta y traductor cuyas innumerables traducciones de textos árabes al hebreo facilitaron el acceso a la ciencia árabe en Europa.
- A la izquierda del sabio judío se erige otro edificio que nos habla en silencio de la historia de Granada: el antiguo Convento de San Francisco. Levantado en 1507 sobre los restos de una mezquita, los franciscanos de la Alhambra decidieron trasladarse aquí cuando el barrio del Realejo era, tras la reciente expulsión de los judíos, poco menos que un barrio fantasma. En él está enterrado el primer arzobispo de la ciudad, Fray Hernando de Talavera. Hoy, sin embargo, es la sede de la Jefatura del MADOC (Mando de Adiestramiento y Doctrina Militar) y del convento, solo quedan una monumental escalera imperial y un claustro del siglo XVI con una fuente central y un pozo.

- Descendiendo por la calle Pavaneras, enseguida sale al paso, a nuestra izquierda, la famosa Casa de los Tiros, que recibe su nombre de las piezas de artillería que asoman entre sus almenas. Actual sede de un museo de historia de la ciudad -con unas excelentes biblioteca y hemeroteca-, este edificio con aspecto de fortaleza militar data del siglo XVI, si bien solo se conserva original el impresionante torreón de la fachada exterior.
- Llegados a este punto, si nos apetece empaparnos mejor del legado de la Garnata al-Yahud, conviene girar a la izquierda para subir al Museo Sefardí, un pequeño edificio regentado por una familia judía que tiene como objetivo recordar a los visitantes que mucho antes de que musulmanes y cristianos llegaran, los judíos ya estaban en Granada –la primera mención data del año 303-, hasta su brutal expulsión en 1492.
- Si continuamos cuesta arriba un poco más, es una buena idea descansar un rato en la recóndita Placeta de la Puerta del Sol, donde hay un bello lavadero del siglo XVII que hace las veces de mirador con vistas a la ciudad.
- De regreso a la Casa de los Tiros, seguimos bajando la calle (que a partir de ese punto ya no se llama Pavaneras, sino Santa Escolástica) hasta llegar a la Plaza del Realejo. A tiro de piedra de aquí se erige la Iglesia de Santo Domingo, un histórico templo que combina los estilos gótico, renacentista y barroco donde el Tribunal de la Santa Inquisición celebraba sus vistas y yacen enterrados varios nobles granadinos.
- Tras este breve desvío, es hora de encarar la Cuesta del Realejo, una empinada calle escalonada, típica de las juderías, que conecta el Realejo bajo con la parte alta. Arriba de la colina del Mauror, cuando ya nos falte el aliento, giramos a la izquierda por la calle Aire Alta, que nos llevará directos hasta las misteriosas Torres Bermejas. No se sabe a ciencia cierta de qué época es este conjunto de tres torres vigía, que forman un baluarte fortificado defensivo conectado mediante una muralla con la Alcazaba de Granada, de la que desde este punto hay unas bonitas vistas. Aunque algunos investigadores lo achacan al fundador de la Alhambra en el siglo XIII, Ibn Al-Ahmar, otros piensan que las Torres Bermejas pudieron ser construidas antes, en el siglo XI.
- A lo largo de dos calles emblemáticas que discurren por lo alto de la colina del Mauror, el Callejón del Niño del Royo y la calle Antequeruela Alta -que nos recuerda que esta zona acogió en 1410 a los habitantes árabes de Antequera, reconquistada por los cristianos-, se encuentran los dos cármenes más bonitos de Granada. Son la Fundación Rodríguez-Acosta y el Carmen de los Mártires, dos lugares mágicos en los que, por su vasta riqueza e historia, profundizaremos en artículos separados.
El Campo del Príncipe, corazón del barrio del Realejo
Dejándonos llevar colina abajo por la calle Antequeruela Baja llegamos al Campo del Príncipe, corazón del barrio del Realejo donde desde época nazarí -cuando era conocido como Campo de la Loma- se han celebrado todo tipo de festejos y actos públicos. En 1497, los Reyes Católicos ampliaron la plaza y la bautizaron en honor de las bodas de su hijo el príncipe Juan de Aragón con doña Margarita de Austria, quienes acababan de contraer matrimonio.
En la entrada de la plaza encontramos la Parroquia de San Cecilio, una iglesia con una bella portada plateresca que se construyó en el siglo XVI sobre el solar de una antigua sinagoga. Frente a ella nos espera el célebre Cristo de los Favores, una estatua de jaspe y alabastro que lleva en el mismo sitio desde 1682. Fue construida en 1640 gracias a las aportaciones de los vecinos del barrio, y desde entonces es objeto de devoción de los llamados greñúos. Si uno tiene la suerte de estar aquí un Viernes Santo a las tres de la tarde, puede unirse a la multitud que se arremolina todos los años a esa hora alrededor del Cristo crucificado, cuando según la creencia popular concede tres favores o deseos a todo el que se los pide. La recurrencia del número tres no es casual: Jesús murió a la “hora nona” romana, las tres de la tarde, y los greñúos piensan que la estatua representa a Cristo tres minutos antes de morir.
Dónde comer y tapear en El Realejo
El epicentro gastronómico de esta zona de la ciudad es el entorno del Campo del Príncipe. Allí se concentran numerosos bares, frecuentados fundamentalmente por los propios granadinos. Entre los más recomendables están:
- Los Altramuces (Campo del Príncipe, s/n): dentro del local o en la terraza, el ambiente es bullicioso y divertido. En cuanto a las tapas (gentileza de la casa con cada consumición) son de tipo tradicional y muy generosas.
- Taberna de Kafka (Huete, 2): aun siendo cierto que se trata de una enoteca, no lo es menos que sus tapas causan sensación en el barrio. Sobre todo, por lo bien que maridan con la selección de vinos propuesta.
También son muy populares los establecimientos de la calle Virgen del Rosario, entre los que se pueden citar:
- La Pajuana (Virgen del Rosario, 10): esidóneo para comer de tapas y/o de raciones, basadas en la cocina tradicional granadina y en la andaluza. Por ejemplo, los panes de la casa (bocadillos con diversos rellenos) y las roscas.
- Restaurante El Conde (Virgen del Rosario, 12): es inabarcable la carta de tapas, raciones y platos de este negocio, uno de los más apreciados de la zona. Entre las recomendaciones están el flamenquín, las croquetas y el secreto ibérico.
Arte urbano y grafitis en El Realejo
Hablar de arte urbano en El Realejo es hacerlo del creador Raúl Ruiz, más conocido como Sex o El Niño de las Pinturas. Un vecino del barrio que, en un momento dado, decidió transformar los muros desnudos de muchas de las viviendas de la zona en creativos murales. Éstos se caracterizan por el colorista y luminoso estilo propio de ese artista.
En cuanto a las temáticas, mezcla escenas de la vida cotidiana, detalles flamencos y caligrafías árabes. De sus obras más conocidas y queridas en El Realejo destaca “La Tana”, una gata negra que decora una de las fachadas de la calle Parrilla. También se pueden ver varias de sus creaciones sobre edificios de la calle Molinos y la emblemática Cuesta del Realejo.
Comparten espacio con los murales pintados por diversos colectivos artísticos de la ciudad, como LJDA (La Josefina de Arte) y Brevas Bravas. Se pueden ver sus obras en lugares como el colegio de Santo Domingo, el parque de Las Palmas y, sobre todo, en los cierres metálicos de muchos comercios del barrio.
