A menos de media hora en ferry del norte de Lanzarote aguarda humilde La Graciosa, la octava y desconocida isla canaria. Con 29 kilómetros cuadrados y apenas 700 habitantes, la única isla habitada del Archipiélago Chinijo es uno de los últimos lugares de Europa que no han sido asfaltados. Pasear por las calles de arena de Caleta de Sebo, su principal asentamiento humano y base de operaciones desde la que explorar playas desiertas y paisajes volcánicos, es caminar por un limbo ajeno al tiempo y las preocupaciones humanas. A pie o en bicicleta, la isla ofrece decenas de senderos por los que perderse en el silencio y la belleza de la naturaleza salvaje.
- Cómo llegar a la Graciosa: ferry o excursión privada
- El entorno natural de La Graciosa
- Actividades que se pueden realizar en La Graciosa
- Visitar la Montaña Amarilla y las playas del sur
- Un recorrido por las agrestes playas del norte
Cómo llegar a la Graciosa: ferry o excursión privada
Pese a ser un lugar ajeno a la masificación turística, La Graciosa es un paraíso muy accesible desde el norte de Lanzarote. En el puerto de Órzola, salen cada 30 minutos ferrys con un precio de 20 euros ida y vuelta que cubren el trayecto en apenas media hora. El barco nos deja en Caleta del Sebo, un pueblo que además de contar con todas las facilidades nos permite caminar descalzos por sus calles de arena.
Entre los atractivos del lugar, conviene destacar el centro de buceo; y es que uno de los mayores tesoros de La Graciosa se encuentra bajo el nivel del mar. La isla es parte de la Reserva Marina del Archipiélago Chinijo, la mayor de Europa, que comprende 70.700 hectáreas en las que se concentra la mayor biodiversidad marina de las Canarias.
Otra opción, especialmente si solo contamos con un día para visitar la isla, es contratar una de las excursiones privadas en catamarán o barco que se organizan por la zona. El tour, de unas 10 horas, nos descubrirá las increíbles costas de La Graciosa y otras islas deshabitadas que forman parte de la Reserva Marina del Archipiélago Chinijo, como Alegranza y Montaña Clara, haciendo paradas para disfrutar de sus espectaculares playas.

El entorno natural de La Graciosa
La Graciosa es la mayor de las islas que conforman el Archipiélago Chinijo, junto a los islotes de Alegranza, Montaña Clara y los roques del Este y del Oeste. Todos ellos conforman un parque natural marítimo-terrestre, que fue el primero declarado como tal por el Gobierno de Canarias.
De especial valor biológico es la parte acuática, que como ya hemos dicho está protegida por la figura de la Reserva Marina Isla Graciosa e Islotes del Norte de Lanzarote. De hecho, la suave temperatura del mar en torno a este archipiélago favorece la proliferación de numerosas especies vegetales y animales. Incluidas fromaciones de gerardias, un tipo de coral de color naranja que, por lo general y en otros lugares del planeta, es imposible observar solo con equipo de buceo.
Como su hermana mayor, la isla de Lanzarote, la naturaleza terrestre está marcada por la geología y su origen volcánico, que ha dado lugar a diversos endemismos, fundamentalmente en cuanto a la flora. Además, La Graciosa es un punto de referencia en las migraciones anuales de aves protegidas, además de la existencia de otras en peligro de extinción que encuentran en varios parajes isleños lugares seguro para la anidación.
Actividades que se pueden realizar en La Graciosa
Entre las actividades más populares que realizan los visitantes de La Graciosa están
- Senderismo y rutas en bicicleta. Recorriendo tanto las playas de la isla como su montañoso interior volcánico.
- Rutas en taxi-jeep. Te permiten acceder a algunos de sus paisajes más abruptos y complicados.
- Submarinismo. Es lo que atrae a una gran cantidad de visitantes tanto a esta isla como a l resto del Archipiélago Chinijo. Se comprenden al admirar la riquísima vida submarina que habita aquí. Para ello es necesario usar equipos de buceo y la asistencia de alguna de las empresas especializadas que hay aquí o en Lanzarote.
- Navegación en veleros. Catamaranes y pequeñas embarcaciones, en torno a La Graciosa y su archipiélago, en excursiones de varias horas o de jornada completa, desembarcando en diversos puntos para nadar y observar toda la belleza de este entorno.
Visitar la Montaña Amarilla y las playas del sur
Partiendo desde Caleta del Sebo, una caminata de 4 kilómetros a lo largo de la costa –también es posible llegar en taxi 4×4- nos separa del bello y desolado paisaje del sur de La Graciosa. Allí nos espera la Montaña Amarilla, un antiguo volcán cuyo sugerente color contrasta con el azul del cielo y el turquesa del mar. Es en lo alto de este monte de las Islas Afortunadas adonde, según la leyenda, la hechicera Armida se llevó al soldado cruzado Reinaldo, de quien se había enamorado, haciéndole prisionero de un exuberante jardín custodiado por un dragón, un león y una fuente encantada cuya agua hacía estallar de risa hasta la muerte. La historia contrasta con la árida realidad de la cima.
El camino finaliza en la Playa de la Francesa, una amplia playa de arena blanca que suele estar bastante concurrida, ya que aquí atracan muchos de los barcos que hacen excursiones por la zona. En su extremo, sin embargo, un estrecho sendero nos conduce a una bella cala encajonada al pie mismo de la Montaña Amarilla: es la Playa de la Cocina.

Un recorrido por las agrestes playas del norte
La mejor manera de moverse por el interior de la isla es en bicicleta, que pueden alquilarse en Caleta del Sebo por menos de 10 euros al día. Desde aquí salimos, por pistas que suelen estar bien señalizadas, hacia el norte de La Graciosa. Tras pasar entre las dos principales elevaciones del centro insular, las calderas volcánicas de Aguja Grande y Aguja Chica, nos dirigimos hacia la salvaje Playa de Baja del Ganado, en la costa norte. Desde esta ribera, donde se entremezclan la arena y las rocas volcánicas, podemos disfrutar de una espectacular vista de la cercana isla de Montaña Clara. Pedaleando un poco más hacia el norte, también encontramos la Playa de las Conchas, un inmenso y solitario arenal acosado por fuertes corrientes oceánicas donde es fácil sentirse como un náufrago en una isla desierta.
Bordeando la costa, nos encontraremos con una de las imágenes icónicas de la isla de La Graciosa: Los Arcos de los Caletones, unos arcos naturales de basalto formados por la erosión de las olas del mar que fluye por debajo. Y un poco más allá, la Playa del Ámbar, también expuesta a las corrientes del Atlántico y rodeada de dunas de arena.
En nuestro camino de regreso a Caleta del Sebo, pasamos por el otro lugar de la isla adonde ha llegado la civilización: el poblado de Pedro Barba, un pueblo fantasma con apenas un puñado de casitas blancas para gente que busca privacidad y mucha tranquilidad.
