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Salinas de Janubio, el jardín de la sal

En la Costa de Yaiza, al suroeste de la isla de Lanzarote, las antiguas Salinas de Janubio se extienden a lo largo de 168 hectáreas de tierra volcánica desde su creación hace más de 120 años. Erigido como un precioso vergel de sal, el blanco azulado de sus campos contrasta con la oscura tierra del vecino Parque Natural del Timanfaya, ilustrando a la perfección de qué manera los conejeros han sabido aliarse con la adversidad. También ilustra otra constante en la isla, la de la actividad agrícola en consonancia con la sostenibilidad del entorno. Una filosofía bien entendida por el artista canario César Manrique, quien definió la belleza salinera en pocas palabras durante la escritura de un prólogo: “Siempre me ha impresionado la visión de una salina. Las de Lanzarote me han llamado la atención por su lineal belleza y por su cegador colorido… Toda la planta se enmarca en las coordenadas compositivas de Mondrian”. Declarada como Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 1993, y reclasificada por las instituciones locales como Sitio de interés científico en 1994, las Salinas de Janubio aúnan a golpe de vista patrimonio, arquitectura, cultura, etnografía, paisaje y medioambiente, haciendo si cabe aún más atractiva su visita.

  1. Una historia de la sal en Lanzarote
  2. Las Salinas de Janubio a día de hoy
  3. Flor de sal en la bodega de las Salinas

Una historia de la sal en Lanzarote

Considerada el aditivo más antiguo del mundo, prácticamente casi ninguna cocina en el mundo ha osado prescindir de la sal. Por eso, y porque Lanzarote ha sido desde antaño encrucijada transitoria de pueblos y culturas, se cree que antes incluso que lo aborígenes, también los romanos arribaron a la isla en busca de ella. Lo demuestran algunas ánforas halladas en el Río —el estrecho marítimo que separa la isla conejera de la de la Graciosa—, o algunas cocederas —o pilas naturales— halladas cerca del mar, que, por ligeras modificaciones en su fisonomía, revelan haber sido utilizadas como primitivos ingenios salineros.

 

 

La sal fue desde muy temprano, por su condición preciada, objetivo de las arcas públicas de cualquier Estado. Especialmente en Lanzarote, que siempre la tuvo como pilar importante de su economía, tal y como demuestra la Real Orden que, en 1605, llegara a la Audiencia de Canarias instándola a incorporar las salinas existentes al monopolio de la Real Hacienda. Las Salinas del Janubio llegaron para quedarse con la eclosión de las salinas modernas a finales del siglo XIX, de la mano de Vicente Lleó Benlliure, quien años más tarde las cedería a su sobrino hasta terminarlas en 1945.

salinas de janubio

Salinas de Janubio.

Pero antes de salinas habían sido extensiones de campo erial en las que se cultivaban productos como el trigo, el maíz, el centeno o la cebada. Fue precisamente un mal venido a bien lo que selló el origen de las mismas tal y como hoy las conocemos. Las históricas erupciones de Timanfaya entre 1730 y 1736, culpables de que actualmente una cuarta parte de la isla se vista de negro, también cerraron con lava el golfo en el que hoy se inscriben, en forma de laguna, las Salinas de Janubio.

Las Salinas de Janubio a día de hoy

Hoy estas salinas reciben al viajero con el precioso contraste que las caracteriza, solamente posible gracias a la confluencia, en un solo golpe de vista, de sus pocetas blancas y las negras arenas de la cercana Playa de Janubio. A la hora del atardecer esconden su mejor momento, pues es con esta luz cuando las balsas de agua, delimitadas por artesanales canales de piedra y mortero, permiten que el sol espejee, produciendo matices y colores de irresistible belleza para el turista.

 

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Actualmente, las Salinas de Janubio son las más extensas y antiguas de todo el Archipiélago canario. Pero atención, este título no llega solo. Concretamente en Lanzarote, solamente ellas y las Salinas Los Agujeros continúan activas, siendo únicas supervivientes de una tradición centenaria que ha visto desfilar por la isla a cerca de treinta en su más reciente pasado. Aunque la familia Padrón Lleó continúa al frente del negocio, es en la figura de Modesto Perdomo en quien encontramos el valor genuino de este paraje. Hijo y nieto de salineros, refleja una realidad etnográfica sin igual: la de aquellos pueblos circundantes que se crearon a la sombra de un negocio que llegó a emplear hasta a cien personas a principios del siglo XX. Perdomo lleva cincuenta años trabajando en las Salinas, procurando que el aspecto artesanal no se pierda. Por eso la mecanización en el proceso brilla por su ausencia, siendo, aunque pueda resultar sorprendente, muy similar al de las cosechas agrícolas, basado en la recolección por ciclos anuales. Por eso, si os interesa ver en directo la cosecha de sal, recomendamos acudir durante los meses de primavera y verano, ya que el resto delo año las Salinas están en mantenimiento.

salinas de janubio

Salinas de Janubio.

Conviene recordarlo: las Salinas de Janubio también están declaradas Zona de Importancia Internacional para las aves por las cerca de setenta especies que acoge durante el año, entre las que destacan las nidificantes, como la cigüeña común y el chorlitejo patinegro, o las terrestres, como el flamenco y el bisbita caminero.

 

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Flor de sal en la bodega de las Salinas

Si bien hace años estas salinas estuvieron muy ligadas a la pesca y a las industrias del salazón, además de a la comercialización de salmuera para las embarcaciones pesqueras, con el auge del turismo como pilar económico y el declive industrial, la caída en la demanda de sal fue inevitable. Para hacernos una idea, de las diez mil toneladas anuales que producía hace cincuenta años, hoy sólo produce dos mil.

Por eso, las Salinas han encontrado una nueva salida a su sal. Los beneficios para la salud de la sal marina, especialmente la que se produce en condiciones de artesanía, se han convertido en estandarte de su producto estrella. Con vistas a la alta cocina, la Flor de Sal se obtiene recogiendo la primera capa de la salmuera que flota en los tajos o pozos, y que al parecer posee una mayor proporción de yodo.

Se vende envasada en la Bodega, un pequeño edificio ubicado al pie de las Salinas que sirve al mismo tiempo como almacén de maquinaria y tienda. Nota: si vais a pasar el día, en el cercano pueblo de El Golfo podéis encontrar una maravillosa oferta culinaria en la que degustar platos típicos canarios enriquecidos con esta mítica sal de Janubio.

 

Información de interés

  • Cómo llegar:

En coche: Toma la carretera LZ-2. Después, toma la salida que cruza con carretera secundaria LZ-703 y sigue dirección el Golfo. Nada más salir de la LZ-2 se pueden ver las Salinas.

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