Guía de los planes más románticos en Valladolid donde poder disfrutar de los paseos más aristocráticos, rincones ocultos y las cenas más increíbles para dos.
Viajar a Valladolid con niños es perfecto porque la ciudad cuenta con zonas de juego, una playa fluvial donde hacer piragüismo y muchas actividades más.
La Catedral de Valladolid no es una catedral incompleta por descuido, sino el resultado visible de una ambición desmedida: ser uno de los grandes templos de la Europa del siglo XVI en una ciudad que aspiraba a ser capital del Imperio español.
La Plaza Mayor de Valladolid no es solo un espacio central de la ciudad: es un experimento urbano nacido de un incendio que acabaría influyendo en la forma de construir plazas en toda España y América.
Entre el rumor lento del Duero y una historia que marcó el destino del mundo, Tordesillas conserva un pasado incómodo, poderoso y fascinante.
El Campo Grande es el gran jardín histórico de Valladolid, un parque romántico del siglo XIX donde conviven arquitectura, botánica, memoria burguesa y vida cotidiana.
En la Ribera del Duero conviven calados medievales excavados en roca con proyectos firmados por arquitectos internacionales, en un paisaje extremo que define el carácter intenso de sus tintos.
Una galería cubierta de 1886, techos de cristal y cafés con aroma a otro siglo: el Pasaje Gutiérrez es uno de los rincones más singulares y fotogénicos de Valladolid.
Una fortaleza medieval de piedra dorada, calles tranquilas y viñedos hasta el horizonte convierten a Fuensaldaña en una escapada perfecta desde la capital castellana.
Qué ver en Peñafiel, donde la historia y el vino se dan la mano: preciosas bodegas, un castillo y la tumba de Don Juan Manuel.
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