Con el nombre de Madeira se conoce tanto el archipiélago como la isla portuguesa situada en mitad del Atlántico. Ese territorio que puede pasar desapercibido si lo vemos en un globo terráqueo, está situado a 1.000 kilómetros al suroeste de Lisboa, a 450 de Canarias y a unos 500 de la costa africana. Aunque la isla mayor, Madeira, es la más conocida, realmente el conjunto insular consta de ocho islas (habitadas sólo hay dos). Son islas con una orografía montañosa, en Madeira incluso se sobrepasan los 1.800 metros en algunas de sus cimas más elevadas, altos acantilados y finas líneas de playa. Su perfil accidentado, su vegetación exuberante y su red de senderos representan un auténtico imán para los viajeros amantes de la naturaleza y la aventura.
Para recorrer Madeira y conocer sus atractivos principales se precisan de al menos cinco días que se pueden repartir entre el disfrute de su oferta urbana en su capital, Funchal, y las numerosas poblaciones repartidas por la isla como Santana o Curral das Freiras, y la oferta natural. Las rutas y caminatas más habituales llevan a conocer bosques de laurisilva, reservas naturales, y una cordillera salpicada de altas cumbres.
- Funchal, capital de Madeira
- Seixal, sabor a mar
- Machico, una playita dorada
- Porto Moniz y sus piscinas
- Santana, arquitectura tradicional
- Curral das Freiras
- Cuevas de São Vicente
- Cabo Girao
- Ruta de las 25 fontes
- Pico de Ana Ferreira
- Bosque de laurisilva
- Cámara de Lobis
- Paul do Mar
- Porto Santo, la isla tranquila
- Playas de Madeira
- Rutas de senderismo
- Consejos para moverse por Madeira
- Dónde dormir en Madeira
Funchal, capital de Madeira
Funchal es la capital, el punto de entrada habitual al archipiélago y uno de los lugares que visitar en Madeira. También representa su propuesta turística más urbana, a pesar de que su tamaño es reducido. Pasear por sus calles y plazas es como hacerlo por Portugal, con su calzada empedrada, y edificios que hablan de tiempos florecientes.
Las experiencias imprescindibles en esta ciudad son visitar el Mercado dos Lavradores, un universo de color donde la fruta tropical es la protagonista, recorrer la Zona Vieja donde se dan cita innumerables restaurantes y se ha puesto en marcha el proyecto de las Puertas Pintadas, y lanzarse ladera abajo en los carros de cesto. Divertido y emocionante.

Seixal, sabor a mar
La población de Seixal, que forma parte del concejo de Porto Moniz, tiene un atractivo que ningún viajero se quiere perder en su visita: piscinas naturales. Como la isla de Madeira no destaca por tener grandes playas, es habitual buscar rincones de aguas mansas donde darse un chapuzón y gozar del entorno. Las piscinas de Seixal son espectaculares, rodeadas de formaciones rocosas y con un agua cristalina que es toda una tentación. Además, son de uso libre.

Machico, una playita dorada
El municipio de Machico, a unos 22 kilómetros de Funchal, es uno de los puntos históricos de Madeira ya que fue aquí donde desembarcaron Gonçalves Zarco y Tristão Vaz Teixeira en 1419. Aunque no está tan claro si este fue el “descubrimiento” de Madeira ya que parece ser que un siglo antes ya había pasado por allí Robert Machim y Ana d’Arfet… En Machico, una de las cinco parroquias de este municipio, encontrarás la bonita playa de Banda de Além, que tiene una bonita arena dorada traída de Marruecos.

Porto Moniz y sus piscinas
Este es otro de los lugares que tienes que visitar en Madeira para sentir la energía del océano, ya que la población cuenta con unas fabulosas piscinas naturales. Estas oquedades por las que entra libre el Atlántico proporcionan siempre un agua limpia y pura que sigue el ritmo de las mareas. Durante mucho tiempo, el acceso hasta Porto Moniz era una odisea, pero después de la Segunda Guerra Mundial se construyó una carretera que lo conecta con São Vicente y que, al circular en coche, regala unas impresionantes panorámicas.

Santana, arquitectura tradicional
Situado al norte de la isla de Madeira, el municipio de Santana permaneció aislado bastante tiempo lo que provocó que su forma de vida, arquitectura y tradiciones permaneciesen mucho más puros que en el resto del territorio. Por este motivo, una de las cosas que hay que hacer en Madeira es visitar este rincón para admirar sus casas típicas, coloridas y con un característico techo de paja. Además, su patrimonio natural es tan destacado que incluso fue reconocido en 2011 como Reserva de la Biosfera por la Unesco.

Curral das Freiras
La pintoresca pedanía de Curral das Freiras se encuentra inmersa en un impresionante valle custodiado por altísimas montañas. Merece la pena hacer una parada previa, cuando vas desde Câmara de Lobos, para ver la panorámica del pueblo y el bellísimo paisaje. Y una vez allí recorrer sus pocas calles, con una iglesia, algunas tiendas de artesanía y un excelente restaurante con una carta que recoge numerosos platos con la castaña como ingrediente fundamental.

Cuevas de São Vicente
Estas profundas cuevas, originadas hace unos 900.000 años por una erupción, te permiten conocer la esencia volcánica la isla a través de un recorrido de unos 700 metros de longitud. Lo que puedes ver aquí es una serie de túneles excavados por la lava candente y fluida que manó del interior de la Tierra. Pese a que se descubrieron durante el siglo XIX, no abrieron al público general hasta 1996. Tan interesante como las propias cuevas es la visita al Centro de Vulcanismo, una experiencia mde lo más instructiva.
Cabo Girão
A 580 metros de altura sobre el océano, al Cabo Girão se lo considera como el promontorio más elevado de Europa. De hecho, la vista desde su célebre mirador de cristal es absolutamente sobrecogedora y a prueba de vértigo. Lo encuentras en el municipio de Câmara de Lobos, localidad que puede verse desde este lugar, como también la ciudad de Funchal. Además, este es un punto de referencia para la práctica de deportes de aventura como parapente y salto base. Para completar la experiencia, en las inmediaciones hay una capilla dedicada a la Virgen de Fátima, uno de los principales lugares de peregrinación en Madeira.

Ruta de las 25 Fuentes
La Levada das 25 Fontes es una de las rutas senderistas más populares de la isla de Madeira. Se trata de una senda circular que se adentra en un lujurioso bosque de laurisilva, hasta llegar a una laguna natural que se alimenta con el agua caída de varias cascadas. El punto de partida es en la zona de Rabaçal.
Pico de Ana Ferreira
Esta montaña de origen volcánico está en Porto Santo, que es la otra isla del archipiélago de Madeira. Alcanza los 283 metros de altura y se trata de la mayor elevación de la zona Oeste de esa isla. Por lo que más llama la atención este lugar es por una curiosa formación geológica que se ha desarrollado en la cima, a base de columnas prismáticas, que parecen caer como una cascada. Popularmente se la conoce como “el piano”.

Bosque de laurisilva
Con unos 20 millones de años de antigüedad, el bosque de laurisilva es el paisaje natural más representativo de Madeira y del resto de archipiélagos de la Macaronesia (Azores, Canarias, Islas Salvajes y Cabo Verde). Su singularidad lo ha hecho merecedor de ser incluido en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Ocupa un 20 por ciento de la superficie de la isla, es decir en torno a unas 15.000 hectáreas. Aunque las especies botánicas predominantes sean los laureles, hay otras muchas plantas que tienen aquí su hábitat ideal, conformando una selva subtropical tan atractiva como fascinante.
Câmara de Lobos
La localidad de Câmara de Lobos, que como Funchal está en el litoral sur de Madeira, tiene el honor de haber sido el primer asentamiento de la isla, adonde llagron los descubridores, comandados por el navegante João Gonçalves Zarco. El nombre de viene de que cuando llegaron aquellos expedicionarios había sobre la playa una gran colonia de focas monje (o lobos marinos), animales que aún pueden verse en la zona. Patrimonio cultural aparte, aquí te va a encantar el paseo entre coloristos barcos de pesca, que recuerdan que éste es también un buen lugar donde disfrutar de la gastronomía madeirense más marina.
Paúl do Mar
En la zona suoeste de la isla, Paúl do Mar es auténtico pueblo de pecadores. Además, inmerso como está en un entorno de impactante belleza, también lo es para disfrutar la naturaleza. Pero a lo que vienen muchos visitantes a Paúl do Mar es para disfrutar de la cocina del mar, en restaurantes con una personalidad muy especial. De hecho, buena muestra de la importancia del pescado en esta localidad es que en 1912 se instaló aquí una fábrica de conservas de atún, que exportó sus productos por todo el planeta y de la que hoy queda en pie la antigua chimenea.
Porto Santo, la isla tranquila
La otra isla habitada del archipiélago de Madeira es Porto Santo. Aunque su territorio no es muy grande, existe un ferry que la conecta diariamente con su hermana mayor y también cuenta con un aeropuerto internacional. En su capital, Vila Baleira, podrás visitar la Casa Museo Cristóbal Colón que recoge el descubrimiento de la isla en 1418 y parte de su historia. La naturaleza ha bendecido a Porto Santo con bellas playas de arena fina, la mayor está en la capital, y rincones de gran atractivo.

Playas de Madeira
Aunque las playas no son el principal motivo para visitar Madeira ya que no son tan espectaculares como las de otras islas, sí que merece la pena recorrerlas. Las más bonitas y de arenas doradas se encuentran en Porto Santo, pero en la isla de Madeira también se pueden visitar otras de aspecto más salvaje y volcánico. Cerca de Funchal encontrarás las playas de Formosa, São Tiago y Gorgulho; al suroeste de la isla, Ribeira Brava, Calheta y Jardim do Mar; al noroeste, Ribeira da Janela y Laje; al noreste, la playa da Lagoa Porto da Cruz; y al este, las de Machico y Prainha.

Rutas de senderismo
El senderismo es una de las cosas que hay que hacer en Madeira casi de forma obligada pero cada uno a su nivel. Puede parecer sorprendente pero la isla principal cuenta con 2.500 kilómetros de senderos y levadas (unos canales de agua por donde se derivaba el agua para el regadío). Las rutas de senderismo llevan por paisajes tan variados como las zonas de acantilados, lo más profundo de un bosque de laurisilva o el cráter de un volcán. Recorrer el interior de Madeira a pie es la mejor forma de constatar que tiene una orografía prodigiosa.

Consejos para moverse por Madeira
Si decides moverte por Madeira en un vehículo de alquiler, ten mucha precaución y evita las prisas. Porque la montañosa orografía de la isla se traduce en que la mayor parte de sus carreteras son tan sinuosas como estrechas. Esto poco parece importar a algunos conductores locales, así que tenlo en cuenta procura no alterarte al volante.
Por supuesto, hay alternativas al coche para moverse por Madeira. Por ejemplo la bicicleta, recomendable solo si tienes una cierta preparación física, pues hay importantes desniveles. Por otro lado, hay una red de autobuses públicos que comunica los principales núcleos urbanos de la isla, fundamentalmente desde Funchal. En esta red se incluyen minibuses con servicios directos, que no tienen paradas designadas y que pueden cogerse en cualquier punto de la ciudad (y la isla). El inconveniente es que no funcionan en domingo o festivos.
Por supuesto, la opción más cómoda y segura para moverse por Madeira es contratar las excursiones en grupo que programa el hotel donde te alojes o alguna de las que ofrecen las agencias locales.
Dónde dormir en Madeira
Un viaje a Madeira requiere de un alojamiento que permita descansar y recuperar energías para las actividades del día siguiente. Un hotel espectacular es el Allegro Madeira, un cuatro estrellas Adults only, totalmente reformado y con una estética moderna que ofrece unas bellas vistas al océano Atlántico y a Funchal. Se encuentra situado en la zona del Lido, a unos minutos del centro de la capital, y cuenta con 124 amplias habitaciones.
Las instalaciones del Allegro Madeira tientan con sus restaurantes, bares, centro Wellness, gimnasio y un espectacular Rooftop Bar 360 donde tomar un cóctel al caer el sol. Y todo ello con la ventaja de la tranquilidad que brinda un hotel sólo para adultos.
