La caldera de Bandama se erige como uno de los secretos naturales mejor guardados y más singulares de Gran Canaria. A pesar de su imponente fisonomía, es un rincón que muchos viajeros pasan por alto durante sus vacaciones debido al desconocimiento, perdiéndose un paisaje donde la geología y la historia isleña se abrazan de forma sobrecogedora.
Situado a un breve trayecto de Las Palmas de Gran Canaria, este paraje invita a contemplar la brutalidad de las fuerzas subterráneas que moldearon la isla y la admirable audacia humana para habitarla. El entorno supone un reto asequible para senderistas, coronado por el pico de Bandama, desde donde se despliega una panorámica soberbia del noreste isleño, el océano Atlántico y, en días despejados, la silueta vecina de Fuerteventura.
- Qué hacer en la caldera de Bandama
- El origen de Bandama
- Cómo visitar la caldera de Bandama
- Ruta por la caldera de Bandama
- Otros paisajes volcánicos en Gran Canaria
Qué hacer en la caldera de Bandama: imprescindibles
Adentrarse en Bandama es descubrir un microcosmos donde el pulso volcánico sigue latente en las tradiciones de la isla. El punto de partida ineludible es el pico de Bandama, el saliente más prominente de todo el perímetro que alcanza los 570 metros de altitud y que está conformado por grandes bloques de magma expulsados durante la erupción. Sobre su cima se despliega uno de los mejores miradores de la zona nororiental de Gran Canaria; una atalaya privilegiada desde la que se domina el abismo de la caldera y, en un giro de 360 grados, las siluetas urbanas de Las Palmas, La Atalaya y Santa Brígida, además de las cuidadas hectáreas verdes del Real Club de Golf de Las Palmas.

Cráter volcánico «pico de Bandama»Para los entusiastas de la aventura activa, el principal reclamo es descender a las entrañas del coloso a través de sus senderos zigzagueantes para experimentar el cambio drástico de temperatura y sonido bajo las paredes de piedra. Además de la caminata, la visita debe completarse saboreando la cultura local en las tascas y restaurantes tradicionales de los alrededores. Estos establecimientos, algunos dotados con espectaculares vistas al entorno natural, son ideales para reponer fuerzas saboreando la gastronomía típica canaria y española acompañada por los célebres vinos de origen volcánico de la comarca.
El origen de Bandama: un coloso que se hundió sobre sí mismo
Lejos de ser un cráter convencional surgido de una explosión limpia, la caldera de Bandama es el resultado de un monumental proceso de hundimiento geológico. Hace unos 2.000 años, tras una intensa actividad eruptiva que vació las cámaras subterráneas, la gigantesca cúpula del volcán colapsó por su propio peso, desplomándose hacia el interior. Este hundimiento dejó como testimonio un foso circular perfecto de más de un kilómetro de diámetro, tres kilómetros de perímetro y unos 200 metros de profundidad vertical. Todo este espectacular conjunto geológico fue declarado Monumento Nacional en 1994 y está catalogado como Área de Sensibilidad Ecológica por su frágil biodiversidad.
La huella humana en este abrupto paisaje es antigua y sorprendente. En las escarpadas paredes del norte se esconde la Cueva de los Canarios, un extraordinario yacimiento arqueológico prehispánico utilizado por los antiguos aborígenes como silo colectivo para proteger sus cosechas. Siglos más tarde, el comerciante flamenco Daniel Van Damme —cuyo apellido castellanizado dio nombre a la caldera— vislumbró el potencial agrícola de este suelo. Hoy en día, las cenizas volcánicas y el microclima protegido del Monte Lentiscal nutren los viñedos de bodegas locales como Hoyos de Bandama, que producen vinos con una mineralidad y un carácter únicos en el mundo.
Al cruzar el umbral del fondo de la caldera, el paisaje se transforma en un vergel que custodia un valioso testigo del bosque termófilo canario anterior a la conquista. El suelo está tapizado por acebuches, lentiscos, palmeras, sabinas y dragos, junto a endemismos botánicos como los tajinastes y los guaydiles. Entre la densa vegetación es habitual cruzarse con el esquivo lagarto gigante de Gran Canaria, mientras en los riscos superiores anidan aves rapaces como el cernícalo canario, el aguilillo y el búho chico.
Cómo visitar la caldera de Bandama
La cercanía de la caldera con la capital facilita enormemente la logística del viaje, haciendo posible encajar la excursión tanto en una mañana libre como en una jornada completa de senderismo. Si decides desplazarte en coche de alquiler, el trayecto desde Las Palmas de Gran Canaria apenas toma 20 minutos conduciendo por las carreteras GC-23 y GC-802, una ruta cómoda y bien señalizada que te llevará directamente hasta el aparcamiento del pico.
Para aquellos viajeros que prefieran optar por el transporte público, la opción idónea es la línea 311 de autobús (guagua), que conecta la estación de la capital con el municipio de Santa Brígida. Este servicio realiza dos paradas estratégicas junto al mismo borde superior de la caldera, permitiendo iniciar la visita a pie inmediatamente después de bajar del vehículo sin necesidad de largas caminatas de aproximación.
Ruta por la caldera de Bandama
Para explorar este Monumento Nacional a pie existen dos opciones bien diferenciadas según el nivel de exigencia. Para los senderistas experimentados que busquen un verdadero desafío físico, existe una ruta de senderismo de algo más de 18 kilómetros que conecta directamente la capital isleña con el Pico de Bandama. Es un trayecto de gran valor paisajístico y natural que, debido a su notable longitud y a sus prolongadas cuestas ascendentes, requiere una preparación física óptima y una planificación rigurosa de la jornada.
Por otro lado, el sendero clásico que desciende al interior de la caldera ofrece una experiencia corta pero muy gratificante. El camino comienza junto al mirador del borde superior y desciende de manera pronunciada a lo largo de un kilómetro y medio sobre un firme de picón (ceniza volcánica). Tras una media hora de descenso, el relieve se suaviza en el fondo de la caldera, permitiendo pasear de forma llana entre antiguas casas de labranza y los restos arqueológicos aborígenes. Completar este circuito de ida y vuelta requiere aproximadamente una hora y media. Tras el esfuerzo de la subida, la recompensa espera en los alrededores en establecimientos emblemáticos como el Bodegón Vandama (Crta. Bandama, 116, Santa Brígida), un lugar idóneo para brindar con un vino del Monte Lentiscal.
Otros paisajes volcánicos en Gran Canaria
La caldera de Bandama es la manifestación geológica más fotogénica de la isla, pero comparte el protagonismo con otros hitos nacidos del fuego subterráneo:
- Roque Nublo: Este gigantesco monolito basáltico, situado cerca del Pico de las Nieves (el techo de la isla a 1.949 metros), es una rareza formada por la consolidación de nubes ardientes y un antiguo lugar de culto aborigen.
- Barranco del Draguillo: Monumento Natural flanqueado por conos volcánicos donde el rápido enfriamiento del magma generó decenas de cuevas que sirvieron de hogar a los antiguos canarios.
- Playa de Güi-Güi: Un remoto conjunto de calas de arena fina y negra basáltica, encajonadas por acantilados inmensos, accesibles únicamente tras una exigente caminata de dos horas o en barco.
