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Cascadas de Huesca, el agua de los Pirineos hecha espectáculo

Las cascadas de Huesca suponen un reclamo de primer orden para esa provincia. Y las hay, con un mayor o menor caudal, a todo lo largo y ancho de la Cordillera Pirenaica. Algunas también en otras montañas y barrancos de la provincia.

A continuación destacamos algunas de las más escenográficas y conocidas. Pero los amantes del senderismo y los lugares naturales con una especial belleza deben saber que hay más cascadas en Huesca, algunas de ellas con una situación los suficientemente asequible como para que las conozcan todo tipo de personas, con independencia de su movilidad y estado físico.

Lo ideal es visitarlas durante la primavera y el principio del verano. Es entonces cuando se encuentran en su máximo esplendor, alimentadas por las aguas del deshielo de las nieves de los Pirineos.

Eso sí, antes de aventurarse con la excursión conviene comprobar las condiciones meteorológicas y seguir las indicaciones de las entidades oficiales que se encargan de su conservación. No hay que olvidar que muchas de ellas están en espacios protegidos y con un especial valor medioambiental.

Cascada de Sorrosal (o de Broto), una de las más cómodas

Esta cascada de Huesca está muy próxima a la localidad de Broto, desde donde se puede llegar caminando, a través de un sendero muy cómodo, en apenas cinco minutos. De hecho, muchos la conocen como la cascada de Broto.

 

 

Se trata de un salto del río Sorrosal, afluente del Ara. De origen glaciar, los visitantes más audaces pueden realizar la vía ferrata que hay junto a ella y, de esta forma, disfrutar de su belleza a diferentes niveles de altura.

Una de las curiosidades de este lugar es que hace millones de años lo cubrían las aguas del océano y, de hecho, se pueden encontrar en la zona restos de fósiles marinos que dejaron su huella en las rocas.

Cascada de Sorrosal

Cascada de Sorrosal

Cascada de Orós Bajo, como tallada en la roca

Esta cascada de la Huesca pirenaica está a unos 20 minutos a pie de la localidad que le da nombre: Orós Bajo. Encajada en la roca, a la belleza del salto como tal se suma el pequeño remanso de agua que forman las aguas tras su caída y en el que, con el buen tiempo, es posible bañarse.

Muy importante: no se recomienda la visita cuando hay alerta meteorológica por tormentas o durante las temporadas de lluvias. Las razón es que el recorrido hacia esta cascada de Orós Bajo discurre en su mayor parte de forma paralelo al río, cruzándolo en varios tramos.

Salto de Pozan de Vero, una refrescante alegría veraniega

Se trata de una cascada artificial, construida no con la intención de crear un lugar de esparcimiento sino como un azud. Es decir, como una de las represas que forman parte de la acequia de San Marcos, con la que se riegan parte de las huertas de las localidades de Barbastro y Castillazuelo.

Lo cierto es que hubiera o no intención en que esto ocurriera, a sus pies se ha formado una zona de baño que logra que el pueblo de Pozan de Vero pueda presumir de albergar una de las más agradables cascadas de esta zona de Huesca.

Cascada del Chorro, naturaleza y etnografía

Escenografía pura es esta cascada de Huesca, donde se conjugan tanto el elemento natural como el espiritual y arquitectónico. De hecho, junto a la cascada del Chorro están las ermitas de San Cornelio y de la Cueva, encastradas en la roca y que conforman, con otros pequeños templos de la zona, un conjunto etnográfico de gran interés.

Estas ermitas tienen relación con el culto a Santa Orosia, princesa de Bohemia que vino hasta los Pirineos para casarse con un príncipe visigodo de la zona. Según la tradición cristiana, fue decapitada porque, apresada por las tropas musulmanas que estaban asentada en la zona, se negó a emparejarse con su comandante.

Su cuerpo, según la leyenda, se venera en la Catedral de Jaca, pero la cabeza está en la ermita de la santa, muy próxima a la cascada del Chorro.

Ésta se encuentra en las proximidades del pueblo de Yebra de Basa, desde donde parte la ruta que conduce hacia la cascada, a través de un sendero de unos cuatro kilómetros, que se pueden cubrir en torno a una hora de caminata.

Cascada de Ardonés, tres en una

Esta cascada de Huesca es bastante conocida entre los amantes de los deportes de invierno, pues se encuentra muy próxima a la estación de esquí de Cerler.

De hecho, desde la carretera que conduce a este centro de alta montaña (desde Castejón de Sos) se puede llegar a la cascada de Ardonés en algo más de hora y media de caminata. En realidad se trata de tres saltos de agua concatenados, que también se conocen como cascadas del Bom.

La Cola de Caballo de Huesca, la más deseada por los senderistas

A este magnífico salto de agua, sin duda una de las más conocidas cascadas de Huesca, llega una ruta senderista que es una auténtica meca para los amantes de esta actividad en toda España. El recorrido comienza en las praderas de Ordesa y tiene, aproximadamente, unas tres horas de duración.

Toda la ruta hasta la Cola de Caballo discurre por el interior del Parque Nacional de Ordesa-Monte Perdido. Y esa cascada supone la culminación visual de un magnífico paseo, flanqueado por otros saltos de agua que detallamos a continuación.

Cola de Caballo

Cola de Caballo

Las otras cascadas de Ordesa

En el entorno de Ordesa, camino de la Cola de Caballo, salen al paso otras cascadas que se caracterizan por su gran escenografía y que hacen las delicias de todo tipo de senderistas. Sobre todo durante los días de verano, cuando el calor aprieta fuerte en la zona. Todas ellas están regadas por las aguas del río Araza:

Cascada de Estrecho

Cascada El Estrecho

  • Arripas: junto a ella hay una fuente y un mirador (de los Bucardos) que regala bonitas fotos, tanto de la cascada como del hayedo en el que se encuentra, bajo los riscos de Ordesa.
  • Cascadas de La Cueva y El Estrecho: están enmarcadas por un vertiginoso barranco de roca caliza y, sin duda, suponen uno de los lugares más espectaculares del Parque Nacional de Ordesa-Monte Perdido.
  • Gradas de Soaso: se llaman así porque se distribuyen de forma escalonada hasta un remanso del río Araza. Pese a su escasa altura, no son menos llamativas que el resto de cascadas que hay en el recorrido hasta la Cola de Caballo.

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