Entre los valles verdes de Malerreka y Baztán, al noroeste de Navarra, se extiende un bosque que se diría ha quedado fuera del tiempo: el Parque Natural Señorío de Bértiz. Con algo más de dos mil hectáreas, este parque ofrece un escenario donde conviven bosques centenarios, jardines palaciegos, ríos murmullantes y leyendas de lamias, esos seres femeninos con rasgos animales de la mitología vasca que viven cerca de los ríos. Desde su declaración como Parque Natural en 1984, Bértiz protege con celo lo que durante siglos fue una finca señorial. Quien visita este espacio no solo encuentra un paseo por un bosque atlántico húmedo y exuberante, sino también la sensación de habitar un lugar mágico, donde la biodiversidad se despliega con calma y el reloj parece marcar un ritmo distinto.
- Historia y contexto natural del parque
- Cómo llegar y servicios disponibles
- Flora, fauna y paisaje
- Rutas de senderismo y miradores
- Visitas en los alrededores
Historia y contexto natural del parque: su evolución de finca señorial de caza a parque natural
El Señorío de Bértiz ha sido un enclave humano desde al menos el siglo XIV, cuando Pedro Miguel Bértiz fue nombrado Merino de las Montañas por el rey Carlos III de Navarra. A lo largo de los siglos, la finca pasó por varias manos hasta que en 1889 fue adquirida por Pedro Ciga Mayo y su esposa Dorotea Fernández, quienes transformaron el lugar en un jardín botánico, restauraron edificaciones y plantaron árboles exóticos, consolidando la finca como una obra de paisaje cuidadosamente diseñada. El palacio, los estanques, los puentes y las esculturas fueron pensados para dialogar con la naturaleza circundante, creando un equilibrio entre lo artístico y lo natural.
Cuando Pedro Ciga falleció en 1949, la pareja legó sus posesiones al Gobierno de Navarra, con la condición de que el parque se conservara tal como estaba y se destinara a fines educativos, científicos y de recreo. Esta voluntad se materializó décadas después con la declaración de Parque Natural en 1984 y su inclusión en la red Natura 2000, garantizando la protección de un ecosistema único. La humedad constante, las lluvias frecuentes y la proximidad del Cantábrico permiten que el bosque atlántico prospere con haya, roble, castaño y aliso, creando un paisaje lleno de musgos, helechos y setas, y proporcionando refugio a numerosas especies animales.
Cómo llegar y servicios disponibles: accesos, comodidades y puntos de apoyo para tu visita forestal
El parque se encuentra en el municipio de Bértiz-Arana, cerca de la frontera con Francia y a poco más de cincuenta kilómetros de Pamplona. La entrada principal se realiza desde Oronoz‑Mugaire, cruzando el río Bidasoa, aunque también es posible acceder desde Oyeregi. La red de carreteras locales permite llegar con facilidad y encontrar aparcamiento amplio y gratuito en la entrada.
Una vez dentro, el parque ofrece diversas instalaciones que hacen la visita cómoda y completa. La Casa Etxeberria funciona como centro de información y punto de inicio de las rutas, ofreciendo mapas, recomendaciones sobre senderos y detalles sobre la flora y fauna del lugar. Además, el Centro de Interpretación de la Naturaleza proporciona exposiciones didácticas que permiten comprender mejor la riqueza ecológica de Bértiz.
El Jardín Histórico‑Artístico, con palacio, estanques y esculturas, requiere entrada, pero su recorrido es un paseo por la historia y la botánica que no se olvida. Los senderos señalizados, de distintos niveles de dificultad, permiten desde paseos suaves para familias hasta rutas largas para senderistas experimentados, siempre acompañados por la sensación de estar en un bosque cuidado y a la vez salvaje. Las zonas de picnic, fuentes naturales y miradores complementan la experiencia, invitando a detenerse y disfrutar de la calma de un bosque atlántico en estado puro.
Flora, fauna y paisaje: del hayedo milenario al canto del pájaro carpintero
El Señorío de Bértiz es un paisaje vivo que cambia con las estaciones, desde el verde intenso del invierno hasta los tonos dorados y rojizos del otoño. Los bosques atlánticos de haya, roble y castaño se entremezclan con alisos y arroyos, formando un ecosistema húmedo y generoso. En las partes bajas del parque predominan los robles, mientras que las hayas se imponen a medida que la altitud aumenta, ofreciendo una arquitectura vegetal que cambia continuamente según la perspectiva del visitante.
En el Jardín Histórico‑Artístico, árboles exóticos como cedros monumentales, secuoyas y ginkgos conviven con camelias, hortensias y glicinias, creando un contraste fascinante con la flora autóctona. La fauna, por su parte, es diversa: jabalíes, corzos y ciervos recorren los bosques, mientras zorros, tejones y gatos monteses se mueven con sigilo. Las aves, desde pequeños pajarillos hasta rapaces, completan un escenario sonoro en el que destacan los cantos de los pájaros carpinteros. Los riachuelos y humedales albergan anfibios y plantas de ribera, mientras que los miradores ofrecen vistas panorámicas sobre los valles de Baztán y Malerreka, el río Bidasoa naciente y los valles que descienden hacia el Cantábrico.
Rutas de senderismo y miradores: caminos que guían al corazón del bosque
La red de senderos del parque es amplia y variada. Desde paseos suaves que recorren los jardines y arroyos hasta rutas de jornada completa que permiten explorar los rincones más apartados del bosque, cada camino ofrece una experiencia distinta. Los senderos combinan tramos de tierra y grava con puentes de madera sobre arroyos, permitiendo un contacto directo con el entorno y la sensación de inmersión en un bosque atlántico maduro.
Entre las rutas más destacadas se encuentran los recorridos hacia Aizkolegi, donde se puede disfrutar de un mirador natural sobre los valles y observar especies de fauna en libertad. Las rutas atraviesan bosques densos y claros iluminados, acompañadas de flores silvestres y setas según la temporada. Cada curva, cada descenso y cada loma ofrece un cuadro distinto, un juego de luz y sombra que convierte la caminata en una experiencia sensorial completa. Pasear por Bértiz no es solo caminar, sino percibir el pulso de la naturaleza, escuchar el murmullo del agua y sentir la historia que impregna cada árbol centenario.
Visitas en los alrededores: más allá del bosque de Bértiz
La ubicación del parque permite combinar la visita con otros rincones de Navarra y del valle del Bidasoa. A pocos kilómetros se encuentran pueblos con encanto como Elizondo, con sus calles estrechas, casonas señoriales y plazas donde se respira la historia del valle. La ruta de los balnearios cercanos, como Elgorriaga o Lesaka, permite disfrutar de baños termales y paseos relajantes por entornos naturales. La proximidad de la frontera francesa abre la posibilidad de excursiones a pueblos pirenaicos como Saint-Étienne-de-Baïgorry, donde los senderos se extienden entre montañas y ríos.

También es posible explorar otros espacios naturales cercanos, como el Parque Natural de Pagoeta, en la vecina Guipúzcoa, con bosques y prados que recuerdan la diversidad ecológica de Bértiz, o acercarse a los acantilados del Cantábrico para contemplar el mar desde paisajes abruptos y salvajes. Estas visitas complementarias permiten construir una experiencia más completa, donde la naturaleza y la cultura se entrelazan y el viajero puede alternar entre senderos húmedos, pueblos tradicionales y panoramas costeros.
