×
Otros destinos ×

Monte Igueldo, un enclave lleno de historia, diversión y buenas vistas

Desde el paseo marítimo de la playa de Ondarreta –junto con las de La Concha y Zurriola, una de las tres playas urbanas que bañan San Sebastián–, es muy probable que capte vuestra atención el macizo montañoso que se eleva majestuoso en su extremo oeste. Se trata del monte Igueldo —Igeldo, en euskera—, con sus 181 metros de altura, el punto verde más elevado de la capital guipuzcoana.

Erigido sobre el barrio homónimo, la cima del Igueldo atesora numerosos símbolos de la ciudad. Por ejemplo, un antiguo torreón del siglo XVI, utilizado durante muchos años como faro de leña; y hoy reconvertido en mirador 360º. Para el deleite de los más pequeños, el monte también mantiene en pleno funcionamiento un parque de atracciones inaugurado a principios del siglo XX por la regente María Cristina, madre de Alfonso XIII. Por si fuera poco, un mirador, un hotel y un gastro-bar completan la oferta de ocio que esta pintoresca zona de San Sebastián tiene para ofrecer al visitante.

La guinda al pastel la pone su funicular de cremallera, un añejo ejemplar de madera que se mantiene intacto desde su inauguración en 1912; y que permite al visitante ascender hasta la cima sin despeinarse. Si te ha gustado lo que has leído, a continuación, te contamos con detalle un día en el Igueldo.

Viaje en el tiempo en el funicular del monte Igueldo

Funiculares vascos como el que asciende al monte Archanda (en Bilbao), o al de Larreineta (en Trapagaran), hacen que el de Igueldo pierda parte de su exclusividad. Ahora bien, este funicular con vagones de madera puede presumir de algo único e irrepetible: es el más antiguo del País Vasco, y el tercero de toda España. Inaugurado en 1912 por la otrora regente de España y veraneante habitual en San Sebastián, María Cristina de Habsburgo-Lorena, el funicular llegó como una prueba palpable del cosmopolitismo creciente que vivía San Sebastián en aquellos días. No menos novedoso resultó el parque de atracciones –con salón de actos, casino y restaurante, incluidos– que se estrenó en la cima al mismo tiempo.

Por increíble que parezca, nada ha cambiado mucho desde entonces. El trayecto comienza en su estación inferior, un bonito edificio de estilo modernista ubicado en la plaza del Funicular, a escasos metros del Peine del Viento –interesante obra escultórica perteneciente al artista Eduardo Chillida–.

 

 

Con un precio de ida y vuelta de 3,75 euros para los adultos (y 2,50 para los niños), sus rústicos vagones continúan ascendiendo, cada 15 minutos, hasta el parque de atracciones. Sin embargo, también existe la posibilidad de ascender en coche –a través del paseo del Faro–; o a pie, por un agradable sendero verde que parte desde la propia plaza.

Parque de atracciones del monte Igueldo

Tras un viaje panorámico con vistas a la bahía de la Concha, al llegar a la cima nos encontramos con una estampa más propia del pasado que del presente. Hasta veinte atracciones –algunas con el mismo diseño que hace 100 años– nos reciben envueltas en un ambiente de alegría y esparcimiento, mientras el antiguo torreón de estilo medieval aguarda impasible en el centro. Erigido como faro de leña a principios del siglo XVI, con el tiempo esta torre ha pasado de guiar barcos a guiar turistas sedientos de diversión. Además, hoy en día su planta más alta exhibe numerosos ventanales que convierten al torreón en un impresionante mirador de la costa guipuzcoana y de su inseparable compañero, el mar Cantábrico.

Volviendo al parque temático, entre sus atracciones más valoradas destacan tanto la montaña suiza, la cual avanza con su traqueteo característico por el filo de la montaña; como las camas elásticas o el Gran Laberinto. También provocan mucha nostalgia entre los adultos sus antiguas casetas de juegos –tiro con carabina, La Pesca o los Vasos Locos–; y su carrusel, de estilo italiano y salpicado de artefactos tan dispares como un submarino o un coche de bomberos.

Por último, cabe recordar que el antiguo casino y el restaurante originario fueron sustituidos en 1967 por un hotel de cuatro estrellas que a día de hoy continúa coronando la cima del monte Igueldo. Entre sus instalaciones se pueden encontrar tanto el gastro-bar Karrusel, inaugurado en 2015, y que ofrece una propuesta moderna de la cocina vasca; como el restaurante El Torreón, de corte más tradicional y con una cocina enraizada en el producto local. Sus impresionantes terrazas se unen a la del mirador de Monte Igueldo, el cual nos regala las vistas más emblemáticas de todo San Sebastián.

Un vistazo rápido al faro del monte Igueldo

Vistas desde el monte Igueldo

Vistas desde el monte Igueldo

El monte Igueldo es uno de esos lugares mágicos que, a pesar de ser visitados una y otra vez, continúan guardando secretos ocultos. Se trata de historias y anécdotas grabadas en el imaginario local que resultan inaccesibles para el turista efímero. Una de estas historias nace con el mencionado torreón, el cual fue destruido durante las Guerras Carlistas a consecuencia de los bombardeos. Utilizado durante cuatro siglos como punto de luz frente al mar, en 1855 abandonó para siempre su actividad, cediendo el relevo al actual faro de Igueldo.

Hoy lo podemos encontrar escondido en la ladera norte del monte, asomado a una carretera sinuosa –la del Faro– que baja directamente desde el hotel. Se trata de un bonito edificio de paredes encaladas, cuya ubicación a 135 metros sobre el nivel del mar –en lugar de los 184 del anterior– le permite sortear las brumosas nieblas del Cantábrico. Con un alcance de 26 millas, este faro compagina en la actualidad su labor de guía con la de mirador. Y es que, gracias a la incorporación de una planta adicional con ventanas y terrazas en 1918, hoy el visitante puede observar la ciudad de San Sebastián y el bello paraje en el que se inscribe.

Información de interés

Cómo llegar

  • En transporte público: tomar el autobús nº 16, con parada en Igueldo.
  • En coche: tomar el paseo del Faro y continuar hasta el final de la carretera.

Planes relacionados