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La Torre del Oro, el símbolo sevillano de las mil historias

En la margen izquierda del Guadalquivir, junto a la plaza de toros de la Maestranza, se erige la Torre del Oro regalando sus reflejos dorados al río desde el siglo XIII. Originalmente atalaya defensiva que el gobernador almohade de Sevilla Abù l-Ulà mandó construir en 1220, fue una de las últimas construcciones levantadas en la Isbiliya musulmana. En 1248, las tropas del rey Fernando III de Castilla tomarían la ciudad para los cristianos. Mil curiosas historias, leyendas y bulos han circulado sobre esta elegante torre dodecagonal: la primera, la de su propia construcción, que abarca cinco siglos y refleja tres épocas distintas de la historia de Sevilla.

 

 

 

 

  1. Breve historia de una construcción escalonada
  2. Por qué se llama Torre del Oro y otros mitos y leyendas
  3. Partes de la Torre del Oro
  4. Visitas y actividades en la Torre del Oro

Breve historia de una construcción escalonada

La Torre del Oro tiene tres niveles perfectamente distinguibles. El primer cuerpo dodecagonal, base de la atalaya defensiva; un segundo cuerpo, también dodecagonal, pero mucho más estrecho; y un tercer cilindro rematado por una pequeña cúpula dorada. Cualquiera apostaría a que forman parte de un diseño unitario y total; sin embargo, cada nivel fue construido en siglos distintos y por personas sin relación alguna.

 

 

La base finalizada en 1221 era lo que se conoce como una torre albarrana, es decir, una atalaya que formaba parte del sistema defensivo de la Isbiliya almohade. De hecho, la Torre del Oro cerraba el paso al Arenal sevillano –donde entonces estaba el puerto- mediante un tramo de muralla que lo conectaba con su universalmente desconocida hermana: la Torre de la Plata, que aún sigue en pie en la cercana calle Santander, aunque en un lamentable estado de abandono. La muralla también pasaba por la Torre de Abd el Aziz y seguía hasta conectar directamente con el Alcázar. La segunda función defensiva de la torre era la protección del acceso por río frente a naves enemigas.

La Torre del Oro en el Siglo XIX

Foto de la Torre del Oro en el siglo XIX

La atalaya no sumó su segundo cuerpo hasta el siglo XIV, cuando mandó construirlo el rey Pedro I de Castilla, apodado “el Cruel” por sus adversarios, quien está enterrado en la Catedral de Sevilla. Y así quedó retratada la Torre del Oro en varios grabados de época, hasta que en 1760, durante los trabajos que arreglaron los desperfectos ocasionados por el reciente terremoto de Lisboa, el ingeniero militar Sebastián Van der Borcht decidió añadir la cupulilla superior que ha dado al monumento su aspecto definitivo.

Por qué se llama Torre del Oro y otros mitos y leyendas

Sabemos que la Torre del Oro ha sido conocida así desde tiempos árabes por sus característicos brillos dorados–posiblemente su nombre entonces era Bury al-dahab-, pero no hemos sabido a ciencia cierta por qué hasta fecha muy reciente. Fue en 2005, durante unas obras de restauración, que los científicos descubrieron que los brillos se deben a una mezcla de mortero de cal y paja prensada. Se acabó así con siglos de mitos que atribuían el nombre a una supuesta cubierta de azulejos que reflejaba los rayos del sol o a tesoros de oro y plata que el rey Pedro I guardaba en la torre.

Otra de las falsas leyendas sobre la torre afirma que desde su basamento cruzaba el río hasta la otra orilla una gruesa cadena destinada a cortar el paso a naves enemigas. Lo verdadero del caso es que en época almohade existía una pasarela acuática, formada por varias naves unidas por una cadena, que conectaba así la ciudad con Triana. Fue esa cadena la que en 1248 destrozó la flota castellana del almirante Ramón de Bonifaz, que remontó el Guadalquivir en pleno asedio a la ciudad. Por ser muchos de aquellos marinos asturianos y cántabros, la hazaña ha quedado inmortalizada en el escudo de Cantabria y en los de localidades como Avilés, Santander o Castro Urdiales.

Torre del Oro en el Arenal de Sevilla

Atardecer en la Torre del Oro de Sevilla

El interior de la Torre del Oro: Museo Marítimo

Como no podía ser de otra manera, un edificio tan pintoresco no podía haber tenido un solo uso a lo largo de la historia. Tras la conquista cristiana de Sevilla, la torre perdió su función defensiva para utilizarse como una capilla dedicada a San Isidoro de Sevilla, antiguo arzobispo de la ciudad. En los siglos posteriores la vieja atalaya también ha servido como prisión para miembros de la nobleza, almacén de pólvora y oficinas de la Capitanía de Puerto y Comandancia Naval. La leyenda también cuenta que el rey Pedro I llevaba a la Torre del Oro a las doncellas que cortejaba. La más conocida en Sevilla es Doña Aldonza, que se dice que vivía en la torre.

La atalaya fue declarada monumento histórico-artístico en 1931 y ha sido restaurada en varias ocasiones durante el siglo XX, en parte gracias a la labor de la Armada. Desde 1944 acoge el Museo Marítimo, para el que se trajeron 400 piezas del Museo Naval de Madrid. En sus dos plantas, el centro reúne diversos instrumentos náuticos, maquetas de barcos históricos, cartas de navegación y documentos que repasan la historia de la Armada española, así como la vuelta al mundo de Magallanes. Es muy curiosa la copia del grabado de Johannes Janssonius de la Sevilla de 1617, en el que se puede apreciar la ciudad amurallada y la Torre del Oro antes de su último añadido en el siglo XVIII. La visita finaliza en una terraza panorámica con unas magníficas vistas de Sevilla y de los míticos reflejos de la torre en el río Guadalquivir.

Partes de la Torre del Oro

Con 36 metros de altura, la Torre del Oro está formada por tres cuerpos, aunque al principio presentaba sólo dos. El primero y principal tiene forma de polígono de 12 lados y tiene una anchura de 15,20 metros. Su interior se divide en tres plantas, que se comunican a través de una escalera hexagonal, y un sótano que fue rellenado con cimentación en 1760. El segundo cuerpo también tiene forma dodecagonal y el tercero es cilíndrico y está rematado por una cúpula dorada que se construyó en 1760, después del terremoto de Lisboa de 1755. La Torre del Oro ha sido restaurada en diferentes ocasiones y, en la actualidad, se encuentra en buen estado de conservación.

 

 

Visitas y actividades en la Torre del Oro

La Torre del Oro se puede visitar de lunes a viernes de 9:30 a 18:45 horas. Los sábados y domingos, de 10:30 a 18:45 horas. Los festivos permanece cerrada. La entrada general cuesta 3 euros y los niños a partir de 6 a 14 años, los estudiantes y los jubilados pagan justo la mitad. Los lunes la visita es gratuita. La duración de la visita a la torre está estimada en unos 30 minutos aproximadamente y se pueden contratar audioguías en el interior en diferentes idiomas. La Torre del Oro no es accesible ni para sillas de ruedas ni para carritos de bebés.

Justo a los pies de la Torre del Oro se encuentra el punto de partida de los cruceros que ofertan paseos por el Guadalquivir. Una excelente opción para descubrir la Torre del Oro en perspectiva es subirse a un barco y contemplar este bonito monumento desde las aguas del río.

Preguntas frecuentes

¿Por qué se llama la Torre del Oro?

Existen vairas leyendas. Dicen que se llama así desde la época almohade y que el propio Alfonso X ya la nombraba de esta manera, posiblemente por el brillo que producen los materiales (mortero de cal y paja prensada) con que se construyó su fachada cuando reciben los rayos del sol.

¿Quién construyó la Torre del Oro?

Fue el gobernador almohade de Sevilla, Abù l-Ulà, quien mandó construir la Torre del Oro en 1220.

¿Se puede subir a la Torre del Oro?

Sí. Desde lo alto, se puede disfrutar de una vista espectacular del centro de Sevilla.

¿Cómo llegar a la Torre del Oro?

Líneas de bus 3, 21, 40 o 41. Línea 1 de Metro (parada Puerta Jeréz). Paseo de Colón, s/n. Por estar muy cerca del casco histórico, en el Paseo de Cristóbal Colón, otras opciones son ir caminando o en calesa.

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