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El barrio de Triana, la otra orilla del Guadalquivir

Escasos 200 metros separan Triana del centro de Sevilla y, sin embargo, son muchos los vecinos que aseguran sentirse antes trianeros que sevillanos. Este sentimiento de pertenencia al barrio lo reflejan a la perfección unos versos cantados por Manuel Molina (miembro del grupo Lole y Manuel, y considerado uno de los grandes renovadores del flamenco, junto a Paco de Lucía o Camarón), que dicen así: “Mira si soy trianero, que estando en la calle Sierpes me siento como en el extranjero”.

A diferencia de lo que podría pensarse ante dichas muestras de amor por este antiguo arrabal, Triana no es un barrio que destaque por contar con grandes monumentos. Lo que lo hace entrañable son sus gentes, la atmósfera que se respira en sus bares y mercados y el hecho ser cuna de grandes cantaores, reducto de antiguos talleres de alfarería y de establecimientos donde los vecinos se deleitan y escuchan con sumo respeto el flamenco de verdad, el de toda la vida.

El puente de Triana

La capital andaluza es proclive a establecer pequeñas rivalidades, algunas de las cuales son amistosas y otras, no tanto. Las vemos en el fútbol —Betis y Sevilla—, entre cofrades —devotos de la Esperanza de Triana y de la Macarena— y, como no podría ser de otra forma, entre sus barrios. Seguramente el arraigo que demuestran los trianeros por sus calles provenga de que históricamente el distrito no era más que un arrabal, es decir, el área no estaba integrada en el núcleo urbano de Sevilla y, de hecho, presentaban una comunicación muy deficiente con el mismo.

 

 

Así, en la época de la Híspalis romana no se consideró oportuno conectar las dos orillas del Guadalquivir, siendo necesario esperar hasta 1171, momento en el que el califa Abu Yaqub Yúsuf decidió comunicar ambos sectores con un precario puente compuesto por 13 barcas y una serie de tablones.

Puente de Triana

Puente de Triana

Fue ya en el siglo XIX cuando las autoridades locales quisieron poner remedio a una estructura que resultaba claramente insuficiente, iniciándose en 1845 la construcción del puente de Isabel II, un nombre oficial que pocos sevillanos usan actualmente, pues casi todos lo denominan puente de Triana. A la hora de proyectarlo se siguió muy de cerca el modelo del puente parisino del Carrousel, obra que fue demolida en 1930 y que inspiró a los ingenieros Gustavo Steinacher y Ferdinand Bernadet, quienes emplearon como base unos gruesos pilares de piedra, mientras que para el resto de la estructura optaron por el hierro fundido procedente del taller de los hermanos Bonaplata. Así pues, desde 1852, año en el que se concluyó el puente, Triana cuenta con una vía efectiva de comunicación con el centro de la capital andaluza.

Qué ver en Triana

La plaza del Altozano

El puente de Isabel II desemboca en esta acogedora plaza que da la bienvenida al barrio, ya que el viajero toma contacto, al menos visualmente, con algunos de los elementos que le otorgan una gran personalidad a Triana. De este modo, puede encontrar en las fachadas de las viviendas diferentes azulejos con representaciones de vírgenes y cristos, los monumentos escultóricos al Baile Flamenco y al matador Juan Belmonte o el histórico edificio de la farmacia Murillo. Antes incluso de abandonar el puente, queda a la derecha la capilla de la Virgen del Carmen, una pequeña construcción realizada con ladrillo visto y cerámica de Triana que nos recuerda estilísticamente a la también sevillana plaza de España, pues está diseñada por el mismo arquitecto: Aníbal González. En la misma plaza del Altozano arranca la calle San Jacinto, la arteria principal del barrio, recientemente peatonalizada.

La calle Betis

La calle Betis es la vía situada sobre la orilla del Guadalquivir y, por tanto, la primera visión que se tiene del barrio desde el centro de la ciudad. Llama la atención en ella el ecléctico conjunto formado por sus fachadas, pues a lo largo de la misma se suceden estrechas edificaciones de diferentes colores, que, reflejadas en el agua, dan lugar a una bellísima escena.

Calle Betis

Calle Betis

La calle Pureza

Paralela a la anterior, la calle Pureza alberga dos construcciones religiosas de gran relevancia para los trianeros. La primera de ellas es la iglesia de Santa Ana, templo que algunos consideran la catedral del barrio y que muestra en su ornamentación exterior los tonos rojo y albero tan característicos de la ciudad. Por su parte, la capilla de los Marineros es célebre por ser la sede de la Hermandad de la Esperanza de Triana, cofradía que procesiona en la “Madrugá” y que atesora una de las imágenes más queridas de toda la Semana Santa sevillana.

Castillo de San Jorge, un interesante centro de interpretación

Entre los lugares esenciales que hay que ver en Sevilla no puede faltar el castillo de San Jorge, y no porque tenga una arquitectura grandiosa sino por su apasionante historia. No esperes una fortaleza con almenas y foso porque este castillo de origen visigodo fue demolido en el siglo XIX. Sin embargo, hasta ese momento ya había gozado de una trayectoria bastante “singular”.

Se gestó como un edificio defensivo pero en 1481, cuando ese objetivo ya carecía de sentido, se transformó en la sede la Inquisición Española, una organización que permaneció allí hasta 1626. Tras un breve periodo en el que se hizo cargo del castillo el conde duque de Olivares, la Inquisición volvió a ocuparlo hasta 1785.

Por desgracia, con los nuevos planeamientos urbanístico decimonónicos se decidió eliminar para crear un ensanche, y en su lugar, en 1823 se construyó el Mercado de Triana. Pasaron los años y cambiaron afortunadamente las ideas, de modo que en 2009 vio la luz el Centro Temático de la Tolerancia del Castillo de San Jorge, aprovechando sus ruinas situadas bajo el mercado. Cuenta con videoinstalaciones y restos arqueológicos a través de los cuales se narran los avatares y represiones de la Inquisición. Esta es una visita complementaria a la del Mercado de Triana, al estar situada en el mismo conjunto.

Capillita del Carmen o el “mechero”

Puede que la capilla del Carmen sea pequeña y la llamen “capillita de la Virgen” pero su encantadora estampa bien merece que se vaya a visitar. Para verla hay que dirigirse al puente de Triana, oficialmente Puente de Isabel II. Allí se erige un edificio de ladrillo visto con una lustrosa cerámica trianera en su cúpula, en el tejado del campanario y en otros ornamentos de la fachada. Fue construida en 1928 siguiendo el proyecto del arquitecto Aníbal González, que contó con la colaboración de un excelente ceramista, Emilio García García, que ya había hecho un buen trabajo en la Plaza de España. Debido a la forma octogonal y alargada del campanario hay quien llama la llama “el mechero”. Desde cierta distancia se puede ver en la cúpula el escudo del Carmen, y más arriba un pequeño templete con las esculturas de las santas Justa y Rufina, y la de la Giralda.

Disfrutar del flamenco en Triana

La Flamenquería Sevilla (calle Castilla, 94), Casa Anselma (calle Pagés del Corro, 49) y Casa La Teatro (Mercado de Triana, puestos 11 y 12) son algunos de los establecimientos de Triana en los que el viajero puede deleitarse apreciando este género musical tan apasionado. Conviene recordar que nos encontramos en uno de los barrios con mayor tradición flamenca de Andalucía. Tanto es así que dispone de su propio estilo de cante y baile: la soleá de Triana.

Semana Santa en Triana

Para el visitante que acude a disfrutar de la Semana Santa a Sevilla lo más espectacular es la puesta en escena de las procesiones, la bellísima imaginería, el fervor de los cofrades y de los penitentes que acompañan a las imágenes. Recordemos que esta fiesta religiosa ha sido reconocida como de Interés Turístico Internacional.

Cuentan los expertos en la Semana Santa trianera que gracias al aislamiento de Triana –hasta 1852 no se construyó el puente que salvaba el Guadalquivir y unía el barrio al centro histórico–, allí se crearon cofradías de una forma independiente de las del resto de Sevilla. Alrededor de sus iglesias y templos fueron naciendo a partir del siglo XVI hermandades como las de la Esperanza de Triana, la Estrella, Cristo de las Aguas, los Gitanos, el Cachorro, de la O… A las que se han unido otras hermandades de penitencia como la de San Gonzalo, las Cigarreras o Pasión y Muerte.

 

 

Para vivir esta festividad y sentir la devoción sevillana hacia sus santos, lo idóneo es visitar las imágenes en sus templos particulares y luego verlos en la calle durante los desfiles de la fiesta. Por ejemplo, para ver a la Esperanza de Triana hay que dirigirse a la capilla de los Marineros, situada en la calle Pureza, en el corazón del barrio. Y para verla en movimiento hay que esperar a la “madrugá” del Viernes Santo, cuando sale el paso de la virgen acompañado del Cristo de las Tres Caídas. A estas imágenes les siguen más de dos mil nazarenos.

La primera vez que se visita la Semana Santa puede ser agobiante por lo que es conveniente preparar muy bien los lugares desde donde se van a admirar las procesiones. Algunos momentos espectaculares son las salidas o recogidas de los pasos en sus templos, porque no hace falta admirarlos todos en sus recorridos para vivir un momento emotivo. Puedes ver cómo vuelve a su templo San Gonzalo, la Esperanza de Triana o la Estrella, ver cruzar la procesión del Cachorro por el puente de Triana… Hay numerosas guías online que te ayudarán a encontrar los momentos más especiales.

Dónde comer en Triana

Otra de las razones por las que vale la pena cruzar el Guadalquivir es porque en Triana se come muy bien. De hecho, existe la posibilidad de degustar tapas gourmet antes incluso de pasar al otro lado del río, pues el mercado de la Lonja del Barranco es ideal para tomar un vermut, un café e incluso unas copas. Los más tradicionales sí que recorrerán el puente para dirigirse al Mercado de Triana, lonja que sigue ejerciendo como espacio destinado al comercio de barrio, pero que dispone también de puestos donde saborear el producto local.

A pocos metros del mercado se encuentra el restaurante Mariatrifulca, por el que conviene dejarse caer, aunque solo sea para disfrutar de las panorámicas que ofrece de la plaza de toros de la Maestranza, la Torre del Oro o la Giralda. Su carta de tapas, con emplatados muy cuidados, es lógicamente otro gran incentivo.

Ya en el corazón de Triana, algunos de los clásicos son Las Golondrinas, donde se proporcionan excelentes tapas, como los champiñones a la plancha o las puntas de solomillo, o la Blanca Paloma, con sus famosas croquetas.

El barrio de Triana está de moda, ¡no cometas el error de abandonar la capital andaluza sin visitarlo!

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