El mar puede ser un portón maravilloso si hablamos de la isla de San Nicolás, en la costa entre Bilbao y San Sebastián. Son las mareas las que permiten que la gente llegue caminando por la arena hasta este histórico lugar o simplemente observe cómo parte de su costa y sus árboles se hunden en el agua salada. La imagen es espectacular tanto si el sendero está abierto o cerrado.

  1. Situación y contexto natural de la isla de las mareas
  2. Acceso e información de interés: el horario de las mareas
  3. Por qué visitar una isla salvaje y mística
  4. Visitas cercanas a la isla: playas y Lekeitio
  5. Cruceros discotecas
  6. Dónde alojarse en Malta

Situación y contexto natural de la isla de las mareas

San Nicolás es lo que se llama una isla intermareal, es decir, que el camino hacia tierra queda libre cuando baja la marea mientras que queda completamente aislada cuando el agua sube y la única forma de volver a la costa es nadando.

Por eso, antes de planear ninguna visita tenemos que comprobar muy bien el calendario de mareas para saber cuándo se abren las aguas y cuando se cierra el camino.

Este islote es conocido como Garraitz, roca de fuego, por los habitantes del País Vasco, aunque se le bautizó como San Nicolás por la ermita que se construyó en el siglo XV en honor a este santo.

No es el único intento de vivir en estos 250 metros de terreno elevado sobre el mar. En el siglo XVII unos monjes franciscanos intentaron establecer en la isla un monasterio, aunque no duraron mucho por la falta de agua y el clima. También sirvió para la experimentación de un botánico y hasta se instaló un puesto de vigilancia francés durante la Guerra de la Independencia. Lo único claro es que las mujeres lo usaban para encender hogueras y que los barcos se guiaran durante la noche por una costa llena de obstáculos.

El islote de 48 metros de alto está justo en la desembocadura del río Lea, frente a las costas del Lekeitio, y hoy es un terreno salvaje lleno de vegetación y animales.

Acceso e información de interés: el horario de las mareas

Hay dos accesos para llegar, pero ambos pasan porque la marea esté baja. Así que la primera información de interés que necesitamos es el calendario de mareas para ver cuándo podemos empezar la visita y cuánto debería durar antes de que las aguas echen el cerrojo. Hay que tener en cuenta que el camino hasta la isla dura entre 5 y 10 minutos.

El primer acceso es un malecón de piedra que sale de la playa de Isuntza. El problema es que la piedra está llena de moho y restos del mar y puede resultar muy resbaladiza, por lo que la mayoría de los peregrinos a San Nicolás lo hacen directamente caminando por la arena desde la playa de Karraspio.

También se puede llegar a la isla en barco a través de un servicio desde Lekeitio para visitar la isla durante la pleamar. Es una excursión muy divertida.

Marea baja en la isla de San Nicolás
Marea baja en la isla de San Nicolás

Por qué visitar una isla salvaje y mística

La primera razón para ir a San Nicolás es pisar una tierra rebelde que sobrevive al empuje del Cantábrico pero también a la llegada de enfermos, piratas y conquistadores. Es una roca con pequeñas calas naturales y unas vistas increíbles desde su cima, por lo que merece la pena llegar hasta arriba del todo.

Entre la espesa vegetación en la que viven aves marinas, como gaviotas, cormoranes y otras especies locales, podemos encontrar también restos de quienes quisieron habitarla. En el sur aún quedan vestigios de la antigua ermita levantada en honor a San Nicolás de Bari, y de lo que, se supone, fue también un sanatorio para los enfermos de lepra siglos más tarde.

En lo alto de la isla quedan partes de la fortaleza amurallada que construyeron los franceses durante la Guerra de la Independencia para controlar quiénes entraban y salían de estas costas, sobre todo a los ingleses. Dicen que uno de los cañones que allí había sigue varado muy cerca en el fondo del mar.

También hubo un laboratorio botánico del geólogo Adán de Yarza, que experimentó en esta tierra con especies exóticas y se supone que la isla se llama Garraitz en vasco, roca del fuego, porque las mujeres encendían hogueras a modo de faros para evitar que los barcos chocaran. Parece ser más bien una leyenda que nació de la presencia de las monjas entre los franciscanos que vivieron en este islote durante varias décadas.

Visitas cercanas a la isla: playas y Lekeitio

Una vez en Lekeitio no podemos dejar de recorrer su casco viejo con sus estrechas callejuelas empedradas, llenas de bares y restaurantes, sin perdernos las increíbles casas palaciegas que todavía se conservan en el corazón de este típico pueblo de la costa de Vizcaya.

Entre los que no podemos perdernos en nuestro paseo está el Ayuntamiento, los palacios de Uriarte, Uribarri y Oxangoiti y la Cofradía de Pescadores de San Pedro. En la parte alta del pueblo incluso se conserva parte de la antigua muralla.

Barcos en el puerto de Lekeitio, País Vasco, España

Pero si hay un edificio que destaca por encima de todos es, sin duda, la Basílica de la Asunción de Santa María, de estilo gótico. Muchos la confunden con una catedral ya que es un edificio elegante y grandioso, ubicado junto al puerto pesquero, y que conserva en su interior algunos interesantes tesoros artísticos, como el Retablo Mayor de más de 12 metros de alto, uno de los más grandes de España.

No podemos marcharnos de la zona sin recorrer algunas de las mejores playas naturales de esta costa como la de Laga y Laida, con un extenso arenal que crece o mengua según la marea.