Colgado sobre el valle del Guadalfeo, en las laderas de Sierra Nevada, Soportújar parece un decorado nacido del encuentro entre la historia y el mito. Sus calles empinadas, los tinaos que dan sombra y su aire de altura lo convierten en uno de los pueblos más singulares de la Alpujarra granadina. Pero si algo lo distingue es su vínculo con la brujería, una herencia simbólica que ha transformado sus rincones en escenarios de leyenda. Desde miradores con vistas al Mediterráneo hasta cuevas donde el eco suena a conjuro, Soportújar invita a descubrir un mundo suspendido entre lo real y lo fantástico.
- Historia de la localidad y cómo llegar
- Qué ver en Soportújar
- Visitas y actividades en los alrededores
Historia de la localidad y cómo llegar: raíces moriscas y caminos que ascienden entre nubes
El origen de Soportújar se remonta a los tiempos de Al-Ándalus, cuando las laderas de la Alpujarra se cubrieron de terrazas de cultivo y acequias trazadas por los moriscos. Su nombre, que proviene de los “soportales” o tinaos, resume una parte de su identidad arquitectónica: calles cubiertas por vigas de madera y piedra que servían para proteger del sol y la lluvia, y que aún hoy marcan su silueta.
Durante la rebelión de las Alpujarras en el siglo XVI, Soportújar fue escenario de expulsiones y repoblaciones. Los nuevos vecinos, llegados de Castilla y Galicia, trajeron consigo costumbres y creencias que pronto se mezclaron con el imaginario morisco. Entre ellas, historias de brujas, pócimas y reuniones secretas que encontraron en las cuevas y barrancos del entorno un escenario perfecto para echar raíces. Con el paso de los siglos, el pueblo quedó aislado entre montañas, preservando esa atmósfera que hoy fascina a los viajeros.
Llegar hasta Soportújar es parte de la experiencia. Desde Granada, se toma la carretera hacia Lanjarón y Órgiva, para después ascender por una vía serpenteante que recorre bancales de olivos y almendros. La carretera se estrecha al aproximarse al pueblo, situado a casi mil metros de altitud, y en cada curva aparecen nuevas perspectivas del valle, del Mediterráneo a lo lejos o de los castañares que anuncian la sierra. El trayecto exige paciencia, pero al llegar, la recompensa es un paisaje que parece suspendido entre el cielo y la montaña.
Qué ver en Soportújar: leyendas, brujas y naturaleza entre tinaos y miradores
La Cueva del Ojo de la Bruja: donde la roca guarda secretos
Uno de los lugares más célebres de Soportújar es la Cueva del Ojo de la Bruja, una cavidad natural abierta en la roca, desde la que se observa el barranco del río Chico. Según la tradición, en sus profundidades vivía una hechicera que lanzaba conjuros sobre el pueblo.
Hoy, el acceso es sencillo y el entorno ha sido acondicionado con pasarelas y miradores. Desde allí, el sonido del agua, el murmullo del viento y la humedad que se filtra por la piedra crean una sensación de misterio que parece intencionada.
En los días de niebla, el paisaje se vuelve casi teatral: la luz entra a ráfagas y el aire frío del barranco asciende como un suspiro. Las paredes húmedas de la cueva, tapizadas de musgo, reflejan el paso del tiempo, y a veces, la imaginación hace el resto. Es un lugar para detenerse, dejar que el rumor del agua hable y entender por qué este rincón de la Alpujarra se asocia tanto a lo mágico.

Callejuelas y miradores: el embrujo blanco de la Alpujarra
Las calles de Soportújar son un laberinto de piedra y cal, en el que los tinaos —esos pasadizos cubiertos que comunican unas casas con otras— se suceden entre flores, macetas y gatos que dormitan en los umbrales. Pasear por ellas es entrar en otro ritmo: el del sonido del agua en las acequias, el aroma de la leña y las vistas que, de repente, se abren hacia un horizonte inmenso.
El Mirador del Embrujo y el Mirador del Aquelarre ofrecen algunas de las panorámicas más hermosas de toda la Alpujarra. Desde allí se contemplan los bancales moriscos, el verde de los almendros y, en días despejados, el brillo azul del mar.
A lo largo del recorrido aparecen esculturas de brujas, calderos y gatos negros, que forman parte de un proyecto turístico que ha sabido mezclar lo simbólico y lo popular sin perder autenticidad. En el corazón del pueblo, la Fuente del Dragón y la Casa de la Bruja completan el conjunto, recordando al visitante que en Soportújar lo cotidiano y lo legendario van de la mano.
Otros rincones con encanto: la iglesia, el antiguo lavadero y los caminos entre bancales
La Iglesia de Santa María la Mayor, construida en el siglo XVI sobre el solar de una antigua mezquita, es uno de los edificios más notables del casco urbano. Su torre cuadrada y su interior sobrio contrastan con el colorido que reina en las calles. También merece la pena acercarse al lavadero público, donde todavía se escuchan las conversaciones de las vecinas y el agua corre como si no pasara el tiempo.
En los alrededores del pueblo, los caminos agrícolas se entrelazan con antiguas acequias que aún riegan los bancales. Estos senderos permiten observar el paisaje rural alpujarreño en estado puro: terrazas escalonadas, muros de piedra seca y cortijos dispersos. El olor a tomillo y a tierra húmeda acompaña cada paso, y de vez en cuando, un banco de madera invita a sentarse y escuchar.

Visitas y actividades en los alrededores: rutas, aldeas alpujarreñas y el Festival del Embrujo
Soportújar se encuentra en una zona ideal para los amantes del senderismo. Desde el pueblo parte una ruta circular que conecta con el sendero GR-7, uno de los itinerarios de gran recorrido más importantes de Europa, que atraviesa Sierra Nevada y continúa hacia Capileira y Bubión.
Este camino sigue las antiguas acequias moriscas y pasa junto a cortijos centenarios. En primavera, el paisaje se cubre de almendros en flor; en otoño, los castaños encienden el valle con tonos dorados.
También es posible realizar excursiones hacia el paraje conocido como el Dique 24, un rincón natural donde el agua forma pequeñas pozas. Los más aventureros pueden practicar parapente o ala delta, aprovechando la altitud y las corrientes ascendentes que nacen en el barranco.
Para quienes buscan algo más tranquilo, los pueblos cercanos de Pampaneira, Bubión y Capileira ofrecen un recorrido por la arquitectura típica alpujarreña, con sus calles estrechas, sus chimeneas troncocónicas y sus tiendas de artesanía.
Y si el viaje coincide con agosto, el visitante tendrá la oportunidad de vivir el Festival del Embrujo, cuando Soportújar se llena de velas, mercados esotéricos y representaciones nocturnas. Es el momento en que las brujas regresan simbólicamente al pueblo y las calles se llenan de música, luces y olor a incienso. Una experiencia que combina folclore, teatro y convivencia vecinal, y que ha convertido a Soportújar en una referencia cultural dentro de la Alpujarra.
