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El Mirador del Río, donde el arte y la naturaleza se abrazan

El Mirador del Río es uno de los rincones más especiales de la isla de Lanzarote. Su localización en lo alto del Risco de Famara –un macizo montañoso de 22 kilómetros de longitud– le otorga unas panorámicas únicas del parque natural del Archipiélago Chinijo. Al mismo tiempo, la obra se halla sobre las Salinas del Río, las cuales llaman la atención por la tonalidad rojiza que aportan al paisaje.

 

 

 

 

 

 

  1. Un mirador esculpido en la roca
  2. Un proyecto tremendamente ambicioso
  3. Una cafetería única

Un mirador esculpido en la roca

Como es habitual en las creaciones de César Manrique –el artista más célebre que ha dado la isla–, el Mirador del Río muestra una magnífica integración entre arquitectura y naturaleza, siendo el edificio prácticamente inapreciable desde el exterior. Este camuflaje responde a una clara intencionalidad por parte de su artífice de fundir la obra con el entorno paisajístico, huyendo en todo momento de un posible impacto o agresión medioambiental.

 

 

El ingreso al mirador se realiza a través de un pasillo flanqueado por hornacinas, las cuales acogen cerámicas tradicionales ejecutadas por el artesano local Juan Brito. El corredor desemboca en el corazón del edificio, es decir, en la gran sala central, donde se encuentran los espectaculares ventanales que cumplen la función de “ojos del mirador”. A través de ellos se divisa el conjunto de islotes que conforman el parque natural del Archipiélago Chinijo, entre los que destaca la isla de La Graciosa, considerada la octava isla canaria. Asimismo, en primer término, se puede vislumbrar el tramo de mar que separa las islas de Lanzarote y La Graciosa, al que los locales denominan “río”, siendo por tanto la toponimia de este elemento natural la que da nombre al mirador.

Un proyecto tremendamente ambicioso

El Mirador del Río es una de las obras que mejor representa el lenguaje artístico de César Manrique, un polifacético creador que aspiraba a la consecución de obras de arte totales, pues abordaba de manera conjunta disciplinas tan disímiles como la pintura, la escultura, el urbanismo o el paisajismo. Además, podemos afirmar que acostumbraba a solventar con éxito esa pretendida integración en cada una de sus intervenciones arquitectónicas. Manrique se distinguió en todo momento por la búsqueda de una conjugación armónica entre arte y naturaleza, la cual alcanza de forma memorable en este bello mirador.

mirador del rio_la graciosa_lanzarote

De hecho, su buen hacer y su implicación en la defensa de los valores medioambientales lo llevaron a cosechar reconocimientos tales como el Premio Mundial de Ecología y Turismo (1987) y el Premio Europa Nostra (1985); este último debido a su labor artística y medioambiental en la isla de Lanzarote.

Sin embargo, no debemos otorgar todo el mérito de este excepcional mirador a César Manrique, pues en el proyecto también intervinieron el arquitecto Eduardo Cáceres y el artista Jesús Soto. Juntos culminarían una obra que, pese a su aparente sencillez externa, supone un verdadero alarde técnico, ya que para erigirla fue necesario excavar el terreno, construir el edificio y cubrirlo posteriormente con piedra volcánica.

 

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El resultado es una hermosa construcción en la que destaca la bicromía que forman el blanco, presente en paredes y techos, y el marrón de los suelos interiores y de la roca, ya en el exterior. Además, el lenguaje arquitectónico encuentra un magnífico complemento en las diferentes esculturas del mirador. Los visitantes se topan con la primera de ellas en el exterior, una esquemática composición que fusiona las figuras de un pájaro y un pez. Ya en el interior, sobresalen las esculturas abstractas ubicadas en el techo cóncavo de la sala central, las cuales, además de embellecer el conjunto, ayudan a tamizar la reverberación del sonido.

Una cafetería única

La sala principal del Mirador del Río alberga una agradabilísima cafetería, especialmente cuando tienes la suerte de encontrar libre una de las mesas ubicadas junto a las cristaleras. En ella puedes degustar algunos de los productos típicos de la tierra, como los quesos o las mermeladas, o simplemente saborear un café disfrutando del espectáculo visual.

 

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Del mismo modo, el conjunto arquitectónico posee una tienda emplazada en una sala independiente, accediéndose a ella por medio de una escalera curva. Este espacio comercial llama la atención por su claridad casi nívea.

Finalmente, el Mirador del Río nos permite, además de contemplar el paisaje desde las entrañas del edificio, o lo que es lo mismo, desde el corazón del risco, asomarnos a sus balcones exteriores o a la atalaya y enamorarnos más si cabe del singular paisaje de la isla de Lanzarote y el parque natural del Archipiélago Chinijo.

 

Preguntas frecuentes

¿Cuanto dura la visita al mirador?

El tiempo estimado de visita es de unos 45 minutos.

¿Cuál es el horario del Mirador?

El horario habitual de visita es de 10:00 a 17:45h. En verano —del 1 de julio al 30 de septiembre— se amplía una hora, permaneciendo el mirador abierto hasta las 18:45. La entidad que gestiona los Centros de Arte, Cultura y Turismo de Lanzarote recomienda que quienes visiten por su cuenta el Mirador del Río, especialmente durante los meses de julio, agosto y septiembre, lo hagan por la tarde, para evitar así las aglomeraciones.

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