Este pueblo medieval ha sabido conservar el espíritu de las bastidas, villas creadas casi con escuadra y cartabón y con un objetivo defensivo o comercial. En Clairence, las calles en cuadrícula dan paso a plazas fortificadas donde se daban cita grandes ferias de campesinos y ganaderos, pero también de artesanía y producción textil. Es un lugar con un ambiente único que merece la pena recorrer con tiempo.
- Historia y localización de La Bastide-Clairence
- Qué podrás ver en la localidad
- Dónde comer y gastronomía tradicional basada en los puestos del mercado
- Rutas y actividades cercanas
Historia y localización de La Bastide-Clairence, un puerto fluvial lleno de arte
Esta villa fue fundada en 1312 por el rey Luis I de Navarra para asegurarse el control de un territorio fronterizo, pero también para convertirlo en un puerto fluvial con el río Arán como medio para transportar mercancías como la madera o minerales.
Casi creada de la nada, como la típica bastida, su trazado es cuadriculado con una plaza central, la Place des Arceaux, que está rodeada de soportales y casas tradicionales con entramados de madera.
En un principio, esta villa medieval acogió a vascos y gastones pero también a una importante comunidad judía serfardí que puede sentirse aún en el cementerio judío con tumbas de 1620.

Qué podrás ver en la localidad: un casco antiguo único con una increíble iglesia y murallas
La Bastide-Clairence es uno de los pueblos más bonitos de Francia ya que ha sabido mantener su espíritu medieval y parte de su patrimonio artístico.
Uno de los lugares más destacados del casco antiguo es la Plaza de los Arcos, rodeada de soportales de piedra y madera, que sigue acogiendo un mercado semanal como hacía durante la Edad Media. Todavía se pueden ver casas tradicionales vascas, con sus blancas fachadas y un entramado de madera, con el nombre en la puerta que le daban los dueños.
La Iglesia de Notre-Dame de l’Assomption, Monumento Histórico de Francia, fue construida entre 1321 y 1351 y cuenta con un cementerio porticado muy singular puesto que se pueden ver tumbas cubiertas por galerías de madera y cruces discoidales vascas.

Otro de los camposantos que se ha convertido en un testigo histórico fundamental es el judío, donde hay 62 tumbas de los siglos XVII y XVIII que demuestran la huella que los sefardíes dejaron tras su expulsión por la Inquisición española.
En este pueblo está uno de los trinquetes más antiguos del País Vasco francés, que no es otra cosa que un frontón cubierto donde todavía se practica pelota vasca, y podemos visitar la Casa de los Reyes de Navarra, hoy un centro cultural.
No podemos irnos sin observar algunos tramos de muro y portales antiguos que aún permanecen en pie de la antigua villa fortificada. Se aprecian, sobre todo, en el casco antiguo, especialmente camino al río Arán.
Dónde comer y gastronomía tradicional basada en los puestos del mercado
La tradición culinaria de La Bastide-Clairence se ha basado en lo que llegaba a sus ferias y mercados. Por eso uno de los platos más populares es el ‘poulet basquaise’, que no deja de ser un pollo guisado con pimientos y otras verduras.
En este caso, los pimientos, a ser posible, mejor de Espelette, un pueblo cercano con fama de cultivar los mejores pimientos del país.
Al mercado también llegaban quesos locales y embutidos hechos a mano que siguen siendo la base de los entrantes con un buen vino del terruño.
El postre que no podemos perdernos es el ‘gâteau basque’, un bizcocho relleno de crema pastelera o de cerezas que es una delicia.
En la misma Plaza de los Arcos podemos probar algo de estos productos en Les Arceaux, un restaurante de comida tradicional y donde también se sirven tapas. Si queremos algo más tranquilo, podemos optar por Iduki Ostatua, ubicado a la entrada del pueblo y con una terraza increíble.
Rutas y actividades cercanas: vistas al valle y talleres artesanos
Desde La Bastide-Clairence podemos realizar algunas rutas de senderismo con las mejores vistas panorámicas sobre el Valle de Arán y los Pirineos Atlánticos. Entre las más populares está la que une esta villa medieval con Hasparren, una caminata de 20 kilómetros que nos puede llevar unas cinco horas. Es bastante completa por lo que está recomendada para aficionados preparados. Desde Hasparren podemos desviarnos unos cuatro kilómetros para ascender a la Torre de Ursuya, uno de los lugares más bonitos de la zona.
Si queremos algo más fácil también podemos optar por una ruta circular de seis kilómetros que recorre el pueblo y que incluso cuenta con una versión más corta de tres, que se puede hacer en una hora.
Otra de las actividades más populares aquí es la visita a los talleres de artesanos que incluyen oficios como maestros del vidrio, ceramistas, joyería, restauración y hasta luthiers. Si buscamos algo más movido, podemos pasear el río en canoa y también animarnos a probar la pelota vasca en uno de los trinquetes más antiguos del País Vasco francés.
