Una capital como Madrid puede deslumbrar por su arquitectura, por la abrumadora presencia de turismo o por su frenético ritmo de vida. Pero todo ello pasa a un segundo plano cuando se recorre el Barrio de La Latina, donde su trazado habla de otras épocas y los locales son pequeños y auténticos. Si buscas el mejor lugar para ir de cañas y de tapeo, lo has encontrado, ese es La Latina.
La delimitación de la zona turística, que no es la misma que el distrito, se sitúa entre el Madrid de los Austrias, el eje de Sol-Gran Vía, Lavapiés y Madrid Río. No te preocupes por la dimensión que abarca en el mapa porque te mostraremos lo esencial y podrás moverte a pie.
- Por qué el nombre de La Latina
- Qué ver en La Latina
- Plazas, mercados y el Teatro de la Latina
- Tradiciones en los museos
- Tapeo en La Latina: Cava Baja y Cava Alta
- Qué hacer en La Latina según el momento del día
Por qué el nombre de La Latina
El curioso nombre de La Latina se debe al apodo que recibía la escritora Beatriz Galindo, un personaje muy relevante del siglo XV. Esta literata ejerció como preceptora de la reina Isabel La Católica y de sus hijos. También fundó, junto a su esposo, un hospital ubicado en la plaza de la Cebada, junto a la calle Toledo, que se conocía como el hospital de La Latina.
Este barrio de origen medieval se identifica por sus callejuelas estrechas e irregulares que deparan sorpresas en forma de pequeños palacetes, plazuelas y algún jardín secreto. Parte de su trazado se encontraba extramuros, en los arrabales madrileños, por lo que era una zona frecuentada por mercaderes que llegaban a vender sus mercancías. Fíjate en el nombre de las calles que hace referencia, al igual que el de plazas de la Cebada, de la Paja o de los Carros, a los productos comercializados.
Qué ver en La Latina, un recorrido por el barrio
Aunque La Latina sea un barrio al que se va a tomar vinos y a tapear, no está de más que antes de realizar el recorrido gastronómico, te des una vuelta y conozcas alguno de sus monumentos más importantes.
- El recorrido debe incorporar la monumental Puerta de Toledo, inaugurada en 1827, que era uno de los accesos históricos al Madrid amurallado. Entre los templos situados en La Latina destacan por diversas razones cuatro de ellos.
- Por sus dimensiones e importancia, la basílica de San Francisco el Grande que fue construida en el siglo XVIII y cuenta con una de las cúpulas más grandes de Europa (33 metros de diámetro y 58 de altura). Merece la pena entrar para ver los lienzos de los siglos XVII al XIX expuestos en su museo.

- En la iglesia de San Pedro el Viejo, una de las más antiguas de Madrid, lo que más llama la atención es su torre, que antes había sido el alminar de una mezquita árabe, y los dos escudos de la época del emperador Carlos V. El interior es mayor de lo que parece desde fuera, puedes entrar para ver la talla de Jesús el Pobre, esculpida por Juan de Astorga en el siglo XVIII. La anécdota de este templo es que a su campana se atribuye el poder de ahuyentar las tormentas para proteger a los agricultores.
- Tampoco olvides visitar la Colegiata de San Isidro, que ejerció como catedral hasta que se construyó la de la Almudena. Tiene un esplendoroso interior, con decoración de Ventura Rodríguez, y en su altar mayor se encuentra enterrado San Isidro, el patrón de Madrid.
- Relacionada con este santo, está la iglesia de San Andrés, de origen árabe y donde se dice que le gustaba ir a rezar. Es una de las parroquias más antiguas de la capital y está situada en el centro de La Latina.
- Junto a este templo se situaba la casa de su patrón, sobre la que se construyó el palacio de los marqueses de Paredes, que ahora alberga el Museo de San Isidro.
- No puedes terminar este paseo sin detenerte en el Jardín del Príncipe de Anglona, un rincón secreto donde refugiarse a descansar. Es pequeño, está rodeado por altos muros y pasa desapercibido en un lateral de la Plaza de la Paja.
Plazas, mercados y el Teatro de la Latina
El terraceo es una de las prácticas más extendidas entre madrileños y visitantes. Los rayos de sol más tímidos son una invitación explícita a situar sillas y mesas en las plazas más populares de La Latina. Que no te extrañe encontrar al doblar alguna esquina el gentío en la Plaza de la Paja, en la Plaza de los Carros o en la de San Andrés, con los niños correteando de acá para allá. En la Plaza de la Cebada los turistas y los vecinos se mezclan camino del Mercado de la Cebada. Este tradicional mercado, uno de los mayores de la capital, se ha reconvertido y hoy día, además de vender los productos frescos habituales, ofrece zonas de degustación con un toque popular o gourmet.
- Como mercado al aire libre, la posición de honor se la lleva El Rastro, un mercadillo callejero de origen medieval que se sitúa a lo largo de la calle Ribera de Curtidores y vías aledañas. Es un buen lugar para buscar antigüedades, objetos de segunda mano, artesanías y ropa a precios de ganga.
- Si la vida en la calle es el mejor entretenimiento durante el día, cuando cae la tarde y abren las puertas del Teatro de la Latina se obra auténtica magia. Este gran centro de interpretación creado por el anticuario Juan Lafora Catalayud ha vivido grandes momentos de diversión y gloria porque por su escena han pasado los mejores actores y actrices nacionales. Si hubiese que destacar una sola etapa de su larga trayectoria sería la que le une a Lina Morgan, entre 1978 y 2010, una actriz muy querida en España que lo alquiló y luego lo compró para salvarlo de desaparecer. Con un siglo de vida, fue creado en 1919, aún continúa en plena forma y ofrece obras de calidad. No dudes en reservar una noche para el teatro.

Tradiciones en los museos
Los dos principales museos de La Latina nos muestran el patrimonio y la historia madrileña. En el Museo de San Isidro o de los Orígenes de Madrid se puede realizar un acercamiento al patrimonio arqueológico, el arte y las tradiciones relacionadas con San Isidro. Y para completar la formación, el Museo de Artes y Tradiciones Populares exhibe objetos relacionados con la vida cotidiana. La visita a este último es también una buena oportunidad para ver la distribución de viviendas en una corrala, una solución arquitectónica muy habitual en Madrid.
Tapeo en La Latina: Cava Baja y Cava Alta
Bares, tabernas, tascas, restaurantes, terrazas… en la zona de La Latina no faltan opciones para salir a tomar el vermú, una tradición sagrada en Madrid que consiste en degustar un buen vermú, también es válido el vino o la cerveza, y un aperitivo. Croquetas, calamares fritos, patatas bravas, oreja a la plancha o boquerones en vinagre, suelen ser las tapas más habituales, aunque cada día surgen nuevos bocados creativos.
La zona de las Cavas, donde antaño estaban las posadas que acogían a los mercaderes, hoy día congrega una buena selección de locales para tapear. Dos de sus calles paralelas son las que tienen más éxito, la Cava Alta y la Cava Baja, sobre todo la segunda que discurre entre la Plaza de la Paja y la del Humilladero. En solo 300 metros se suceden más de 50 tabernas, algunas tan castizas como Casa Lucio, donde sirven unos renombrados huevos estrellados, la taberna vasca Lamiak, Casa Curro o la enotaberna del León del Oro. Es recomendable reservar previamente si lo que quieres es comer o cenar en un restaurante determinado.

El momento más concurrido en la Cava Baja es el domingo, ya que lo habitual es ir al Rastro y luego tomar el vermú en La Latina. Si, además del aperitivo, quieres admirar unas espléndidas vistas de la Casa de Campo, acércate a las terrazas de los jardines de Las Vistillas.
Qué hacer en La Latina según el momento del día
La vida en La Latina se rige por un compás propio que transforma radicalmente la energía de sus calles a medida que el sol avanza sobre los tejados del viejo Madrid.
Mañana
El amanecer invita a un paseo silencioso y contemplativo cuando el barrio aún bosteza. Es la hora idónea para esquivar el bullicio y visitar la majestuosa cúpula de la basílica de San Francisco el Grande, admirar el alminar mudéjar de San Pedro el Viejo o perderse por los laberínticos pasillos peatonales de la Ribera de Curtidores si coincide con el despliegue matutino de El Rastro. Tras la caminata, nada supera el aroma a café recién molido en los locales de especialidad de la plaza de la Paja, un rincón ideal para leer la prensa al abrigo de los muros del recóndito Jardín del Príncipe de Anglona.
Vermut
A mitad de la jornada, el barrio se sacude la timidez para entregarse a este sagrado ritual castizo. El tintineo de los vasos y las risas se adueñan de las terrazas de las plazas de los Carros y de San Andrés. El epicentro gastronómico se localiza en la icónica Cava Baja, donde locales legendarios sirven tableros de quesos y embutidos junto a grifos de vermut de barrica. Quienes busquen una experiencia más canalla acuden a las animadas barras de degustación del Mercado de la Cebada, donde los sábados se organiza el ya célebre «mariscadero», un aperitivo multitudinario a base de marisco fresco y vino blanco que congrega a centenares de madrileños.
Tarde
La tarde suaviza el ritmo e invita a un ocio más cultural y reposado. Las cafeterías bohemias de la calle de los Mancebos se llenan de conversaciones pausadas, sirviendo de antesala para visitar las corrales del Museo de Artes y Tradiciones Populares. Cuando la luz dorada del crepúsculo cae sobre la ciudad, no hay mejor plan que contemplar el atardecer desde los bancos de los jardines de Las Vistillas, disfrutando de una panorámica limpia de la Casa de Campo. Al encenderse las farolas, la magia se traslada a las butacas del histórico Teatro de La Latina para aplaudir las grandes obras de la cartelera nacional.
Noche
Finalmente, al anochecer el barrio estalla en una vibrante coreografía de fiesta y duende que se prolonga hasta la madrugada. Los cenadores y restaurantes tradicionales de las Cavas dan paso a locales nocturnos con una personalidad arrolladora. Los amantes del ritmo y los espectáculos provocadores encuentran su sitio en el carismático Berlín Cabaret, mientras que salas consolidadas de la zona como Shôko Madrid o los acordes de jazz internacional en Marula se encargan de hacer bailar a locales y foráneos. Para quienes busquen la mística del arte flamenco en vivo, el barrio custodia el Corral de la Morería, uno de los tablaos más renombrados y prestigiosos del mundo. Esta efervescencia nocturna alcanza su apogeo absoluto durante el verano, especialmente en agosto, cuando las Fiestas de San Isidro y la mítica Verbena de la Paloma transforman los jardines de las Vistillas y las calles del barrio en un gran escenario al aire libre de chulapos, limonada y conciertos populares.
