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Puente de Carlos, el gran icono de Praga

Puede que sea el referente arquitectónico más famoso de Praga. El Puente de Carlos es un auténtico icono de la capital checa, la estampa que todo viajero quiere llevarse de su paso por esta ciudad. Ya sea de día, al atardecer o de noche, el Puente de Carlos ofrece al visitante una imagen única.

El Puente de Carlos es el más antiguo de Praga, une la Ciudad Vieja (Staré Město) con el barrio de Malá Strana, donde se sitúa el Castillo de Praga. Fue construido entre los años 1357 y 1402, y era el único viaducto de la ciudad que atravesaba el río Moldava. Está considerado una de las estructuras góticas más importantes del mundo.

Pasear por el Puente de Carlos es un momento mágico. De día, es como visitar un monumento. Sus características hacen de él una obra maestra que merece ser observada con calma. De noche, es atravesar el río entre aires romántico. El destino, siempre, el barrio de Malá Strana (“Ciudad Pequeña”), esa zona bohemia y palaciega de la capital checa.

El puente toma su nombre en honor al rey Carlos IV, en el poder durante su construcción. Carlos I de Bohemia y IV de Alemania fue emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, del que formaba parte la actual República Checa, entre los años 1355 y 1378.

 

 

El Puente de Carlos de Praga y sus esculturas

Si hay algo que caracteriza al Puente de Carlos de Praga son sus estatuas. Sus más de 500 metros de longitud se ven jalonados, a ambos lados, por una treintena de esculturas que dan estatus al paseo entre ambos lados de la ciudad.

Las imágenes son réplicas de las colocadas a finales del XVII y principios del XVIII, y representan a varios santos relevantes de la época. La más famosa es la de San Juan Nepomuceno, santo checo y patrón de Infantería de la Marina española, que fue tirado al río por orden de Wenceslao IV en 1393. Una cruz de latón sobre la barandilla marca el lugar por el que el santo fue arrojado. Mucha gente pide un deseo posando su mano izquierda en la estatua. También hay quien toca el perro de la base, símbolo de la fidelidad, para prometerse volver a Praga en el futuro.

Esculturas en el Puente Carlos

Esculturas en el Puente Carlos

Además de San Juan, algunas estatuas son realmente espectaculares. Por ejemplo, la Crucifixión, del siglo XVII, un crucifijo de bronce que reemplaza a anteriores versiones de madera. También impresiona la escultura de San Juan de Mata, Félix de Valois y el beato Iván, la más grande del puente, en cuya base hay una pequeña cavidad donde se esconden tres cristianos encadenados.

Otra de las estatuas más famosas e importantes desde el punto de vista artístico es la de Santa Luitgarda. Esta monja ciega tuvo un sueño en el que Jesús se inclinaba ante ella para que le besara sus heridas.

Las torres del puente

Además de las estatuas, la otra gran característica del Puente de Carlos son las tres torres defensivas que servían de puertas en los dos extremos del mismo, en ambas orillas del río Moldava.

La torre del lado de la ciudad antigua fue construida en el siglo XIV, en la época de Carlos IV, al igual que el puente. Al otro lado, la torre de Malá Strana se levantó en el siglo XV y enlaza con la vecina torre de Judith, del siglo XII, a través de un arco. La torre de Judith pertenece al puente anterior al de Carlos, derribado tras una inundación en el río Moldava.

Es posible subir a la parte alta de las torres, desde se obtiene una magnífica vista del río a su paso por Praga.

Una de las torres del Puente Carlos de Praga

Historia del puente más famoso de Praga

El Puente de Carlos vino a solventar un problema que se ceñía sobre el río Moldava. Las inundaciones destrozaron el entonces puente de Judith y las dos partes de Praga se quedaron incomunicadas entre sí. La existencia de una vía de comunicación en este punto venía de siglos atrás. Ya en el siglo X existía un puente de madera que unía ambas orillas, hasta que se sustituyó por el Puente de Judith en el siglo XII.

Fue el rey Carlos IV quien decidió levantar el puente que ha llegado hasta nuestros días, uniendo de nuevo el castillo y Malá Strana con la Ciudad Vieja. El arquitecto fue Petr Parler, quien diseñó la torre de la Pólvora y participó en la construcción de la catedral de San Vito. Parler planteó un puente de piedra arenisca de Bohemia, de 520 metros de largo y sostenido sobre 16 arcos. De hecho, el viaducto se llamaba originalmente Puente de Piedra, hasta que en 1870 fue bautizado con el nombre del monarca.

Durante varios siglos, el puente tuvo un peaje para quien lo quería atravesar. La recaudación servía para el mantenimiento de la propia infraestructura. Ya a finales del siglo XX se cerró al tráfico rodado y desde entonces es únicamente peatonal.

Vista general del Puente Carlos

Vista general del Puente Carlos

El Puente de Carlos IV, de noche

Así llega el Puente de Carlos al siglo XXI. Protegido, pero no exento de nuevos sufrimientos ante las fuertes corrientes del Moldava. Un símbolo de Praga que de noche se transforma. Pasear de noche por el Puente de Carlos es una experiencia para los sentidos. La exquisita iluminación de las torres, el castillo como telón de fondo, el encanto del río y el acompañamiento de los músicos que se reparten por la zona, son los ingredientes perfectos para una velada mágica.

Cae la noche en el Puente Carlos de Praga

Cae la noche en el Puente Carlos de Praga

Praga de noche merece ser vivida. Y la noche de Praga, también. En torno al Puente de Carlos se encuentran varios lugares emblemáticos del nightlife de la capital checa. Prácticamente al pie del puente se encuentra Karlovy Lázně, una discoteca de cinco plantas considerada la más grande de Europa Central. A su lado, uno de los famosos Ice Pub (bar de hielo). Y al principio de la calle Karlova, que parte del puente en dirección a la plaza de la Ciudad Vieja, se sitúa la Golden Tree Prague, otra gran discoteca de tres plantas. En definitiva, tres templos de la noche praguense al pie del Puente de Carlos.

 

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