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Macarena

Al norte del Casco Antiguo encontramos uno de los más barrios más tradicionales de Sevilla: el barrio de La Macarena, en donde todo gira en torno a sus dos iconos más reconocibles: su puerta y su basílica. Construida en el siglo XII por el sultán Ali ibn Yusuf, la Puerta de la Macarena es uno de los tres accesos que se conservan –junto al postigo de Aceite y la Puerta de Córdoba- de las antiguas murallas almorávides de la Sevilla musulmana, de las que también se conserva un tramo en el barrio. Por esta puerta, remodelada en el siglo XVIII en un estilo clasicista, han entrado a la ciudad reyes como Alfonso XI de Castilla, Isabel La Católica, Carlos I y Felipe IV.

A su lado, encontramos la Basílica de la Macarena, uno de los símbolos del fervor religioso de la Semana Santa sevillana. En su retablo neobarroco encontramos a la Virgen de la Esperanza Macarena, una imagen del siglo XVII de autor desconocido que cada madrugada de Viernes Santo sacan en procesión los cofrades de la Hermandad de la Esperanza Macarena, fundada en 1595. Desde hace siglos, los macarenos mantienen una amistosa rivalidad con los trianeros, devotos de la Esperanza de Triana, la otra imagen más famosa de la ciudad. Junto a la basílica se encuentra la Iglesia de San Gil, desde donde cada primavera sale en peregrinación a la famosa aldea almonteña la Hermandad del Rocío de la Macarena.

Como curiosidad, cabe destacar que no es el barrio quien ha tomado el nombre de la virgen, sino al contrario: según algunos historiadores, el nombre La Macarena procede de la palabra árabe Bab–al-Makrin, como se conocía entonces a la puerta de entrada a la ciudad.

La otra seña de identidad del distrito es el Hospital de las Cinco Llagas, un edificio renacentista del siglo XVI en el que causó estragos la epidemia de peste que asoló Sevilla en 1649. Considerado en su tiempo como el edificio más grande de España, en la actualidad es la sede del Parlamento de Andalucía y la leyenda dice que tiene su particular fantasma: sor Úrsula, una monja muerta durante la plaga de peste.

Los amantes de las iglesias se encontrarán como pez en el agua en La Macarena. Además de las ya mencionadas, encontramos las de Santa Marina y San Marcos, dos joyas del gótico-mudéjar; la de San Hermenegildo, en la que hoy está integrada lo que fue la Puerta de Córdoba; y la de San Luis de los Franceses, uno de los mayores exponentes del barroco sevillano, también famosa por sus historias de fantasmas. Pero no todo son edificios religiosos: al lado del río Guadalquivir nos espera la Torre de los Perdigones, todo un emblema de La Macarena rodeado de un agradable parque. Desde lo alto de este mirador “industrial”, lo único que queda de una antigua fábrica de perdigones, balas y zinc de plancha, una cámara oscura permite ver una curiosa panorámica proyectada de la ciudad a 45 metros de altura.

Si queremos pasear, el mejor sitio es la calle Feria, corazón del barrio de La Macarena -que lo atraviesa de norte a sur-, donde encontramos el mercado del barrio y un agradable mercadillo de antigüedades que se celebra todos los jueves (por eso es conocido como El Jueves).

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