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Arco de la Estrella, la artística entrada de Cáceres

En su origen, el recinto amurallado del Cáceres medieval era prácticamente inexpugnable. Las clases aristocráticas y el clero de la ciudad se fueron aislando intramuros mientras progresaba la actividad social y comercial de la urbe extremeña alrededor de la Plaza Mayor externa al casco viejo. Fue entonces cuando se decidió abrir un espacio en la muralla de Cáceres que comunicara la dinámica área económica de la ciudad con el influyente centro del Cáceres medieval, que corría el riesgo de colapsar de tanto replegarse sobre sí mismo. Fue así como se creó el célebre arco de la Estrella, uno de los elementos arquitectónicos más icónicos de Cáceres y uno de los arcos de tipo escarzano más célebres del mundo.

Esta extraña e inédita puerta de entrada que se abre en diagonal y que da la bienvenida a todo aquel que se aventura a perderse por las intrincadas calles del casco viejo de la urbe. Forma parte de un conjunto arquitectónico monumental formado por la propia muralla medieval, la rotunda torre de Bujaco y la sobria ermita de la Paz, a los pies de esta.

Recorremos la historia, los hitos estilísticos y las curiosidades que encierra el arco de la Estrella de Cáceres, así como el emplazamiento del que forma parte.

 

 

Historia del arco de la Estrella de Cáceres

La puerta de entrada, por excelencia, a la zona histórica de Cáceres desde la Plaza Mayor se abrió en el siglo XV, y se denominó Puerta Nueva. La decisión se tomó tras constatarse que la ciudad medieval vivía una situación paradójica. Las clases privilegiadas de la urbe habían emprendido una actividad especulativa que se había convertido en una carrera para ver qué familia ostentaba un mayor número de propiedades intramuros de la capital cacereña. Salvo la próspera comunidad judía, que continuaba habitando el barrio de la Judería, las clases más humildes y trabajadoras se vieron forzadas a salir fuera del recinto amurallado. De este modo, la actividad económica empezó a aflorar en la Plaza Mayor aledaña a la muralla por el exterior que, a su vez, era engorrosamente inaccesible para la nobleza encerrada intramuros.

Con el fin de proteger este portón, que rompía la muralla, se levantó a su vez la torre de los Púlpitos, aledaña al paso y cuyas amenazantes saeteras en los remates cilíndricos de sus esquinas bien puede soliviantar aún hoy a más de un visitante… En 1477 pasó por la Puerta Nueva la reina Isabel de Castilla para jurar el fuero. Dos años después hizo lo propio y en el mismo lugar su marido Fernando V, rey de Aragón.

Este primer acceso de la Puerta Nueva quedó progresivamente anticuado a medida que Cáceres ganaba notoriedad y el desarrollo en las comunicaciones hacía que el tramo fuera pareciendo cada vez más estrecho. En 1726, el regidor perpetuo de Cáceres Bernardino de Carvajal Toledo mandó derribar la Puerta Nueva y encargó levantar el arco de la Estrella a Manuel de Larra Churriguera. A Don Bernardino no le movía el interés público de las mejoras de las comunicaciones, sino un afán más bien espúreo: el puro y simple egoísmo. Como propietario del cercano palacio Moctezuma, que se levanta a continuación de la torre de Bujaco, la estrechez de la Puerta Nueva hacía imposible el acceso de su carruaje a la propiedad.

El aristócrata solicitó al Ayuntamiento acometer la obra abriendo un acceso con un marcado desvío para que su coche pudiera girar sin problemas hacia la izquierda cuando entrara desde el exterior. Sin embargo, el resultado fue el legado de uno de los arcos de utilidad pública más bellos y originales del barroco español.

arco de la estrella caceres

Arco de la Estrella.

El arco de la Estrella, una artística puerta de la muralla de Cáceres

Fiel al estilo iniciado por su tío José Benito, Manuel de Larra Churriguera acometió con el arco de la Estrella una obra de ingeniería de un barroco marcadamente churrigueresco. En primer lugar, resulta todo un desafío dotar de dinamismo y movimiento a un elemento, el arco, que a priori no ofrece muchas posibilidades más allá de las formales. Con el arco de la Estrella, Manuel de Larra lo consigue y posiblemente muy a su pesar, pues los condicionantes con los que partía estaban claros: un acceso amplio que facilitara el giro de carruajes. El achatamiento del hermoso arco escarzano, junto con el originalísimo sistema de bóveda en “esviaje”, obra el milagro.

La parte exterior del arco está rematada con el blasón de la ciudad de Cáceres otorgado por Isabel de Castilla. En el adarve de la muralla, es decir en la zona interior del arco, se encuentra un bello remate en forma de templete que acoge una hornacina con arco de medio punto con la imagen de la Virgen de la Estrella. La pequeña construcción cuenta además con pilastras, frontón partido, aletones y está rematada con pináculos y una cruz. Eminentemente barroco, la talla en piedra se asemeja a la de las Inmaculadas de la época, sujetando al Niño con el brazo izquierdo y el cetro con el derecho. La figura se apoya sobre una basa en la que está tallado el escudo de armas de la familia Carvajal, promotores de la obra. Junto a la imagen hay un pequeño farol con forma de estrella que la ilumina.

Curiosidades del arco de la Estrella

En la parte externa del arco de la Estrella, un epigrama lateral recuerda los juramentos reales de los Reyes Católicos a los fueros que tuvo lugar en este lugar. Desde la Plaza Mayor se accede al interior de la ciudad vieja subiendo una amplia escalinata, que en su día fue una rampa, para facilitar la entrada de los ansiados carruajes. Hoy el acceso de cualquier tipo de vehículo rodado ya no es posible: los contundentes bolardos disuaden a cualquiera.

El original farol con forma de estrella que ilumina la figura de la Virgen de la Estrella está sujeto por una palomilla gótica que se cree que corresponde a los tiempos de la Puerta Nueva, la primera entrada del siglo XV.

La torre de los Púlpitos, que controlaba este acceso, es la única fortificación que se añadió a la muralla cacereña tras la dominación musulmana. También es la única que se comunica directamente con un palacio del recinto intramuros. Lo hace a través de un arco que salva el adarve para conectar con el palacio de Mayoralgo.

Nada más atravesar el arco de la Estrella, una estrecha calle frente a ella y que lleva el mismo nombre, nos conecta con la mítica Concatedral de Santa María, sin que nos “pierda de vista” en ningún momento la bella talla de la Virgen de la Estrella.

 

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