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Amara

El barrio de Amara es una agradable zona residencial nacida a lo largo del siglo XX sobre una serie de terrenos antiguamente ocupados por el río Urumea. Si eres un viajero inconformista, de esos a los que no les basta con visitar los reclamos turísticos de cada destino, pues consideran que para tomarle realmente el pulso a una ciudad hay que mezclarse con sus habitantes y recorrer las tiendas, bares y mercados que ellos frecuentan, entonces no dejes pasar la oportunidad de pasear por Amara. En este moderno barrio podrás descubrir la San Sebastián que habitualmente no figura en las guías de viajes y que, en parte gracias a ello, conserva intacta su esencia.

En realidad, los primeros intentos de urbanizar este sector se remontan a 1895, cuando el Ensanche de Cortázar ya había avanzado lo suficiente como para que la ciudad empezara a necesitar nuevas zonas de expansión. Ya en 1905, el Ayuntamiento aprobó un proyecto presentado por el ingeniero Marcelo Sarasola que implicaba la construcción de un nuevo encauzamiento del río para hacer de Amara un terreno habitable.

No obstante, los primeros edificios del Ensanche de Amara no se construyeron hasta 1947 debido a que gran parte de los terrenos en los que debía emplazarse se encontraban bajo el régimen de propiedad privada, y a las reticencias del ingeniero municipal con los proyectos urbanísticos presentados. Posteriormente, el barrio inició una primera fase de crecimiento, que llegó hasta la plaza de Pío XII, y una segunda, que avanzó hasta la calle de los Balleneros. Pese a las dificultades, el Ensanche pudo concluirse dando como resultado un barrio dotado de anchas avenidas y agradables zonas verdes, muy alejado por tanto de las angostas —y encantadoras— callejuelas de la Parte Vieja de San Sebastián.

Para visitar el barrio de Amara, lo mejor es iniciar el paseo en la plaza de Easo, uno de esos rincones que han sido relegados por muchos donostiarras a un simple lugar de paso, pero que cuenta con agradables terrazas para tomar un café, un vermut o unos pintxos bajo el sol. A escasos dos minutos a pie, ya en la orilla del río, se encuentra el parque de Álava, unos jardines coquetos que disponen de columpios y en los que encontramos un grupo escultórico que homenajea a la reina María Cristina, quien hizo de San Sebastián uno de los destinos burgueses por excelencia al establecer aquí su lugar de veraneo.

Desde el parque de Álava se puede tomar la gran avenida de Sancho el Sabio, convertida en la principal arteria de Amara, y continuar nuestro paseo por la avenida de Madrid, que nos llevará directamente a la Ciudad Deportiva de Anoeta, donde, además del estadio de la Real Sociedad, se hallan relevantes instalaciones deportivas, como el frontón municipal Atano III (en el que podrás asistir a un partido de pelota vasca) o el velódromo Antonio Elorza.

En el otro extremo del barrio e integrada en el proyecto paisajístico del Jardín de la Memoria, se encuentra la iglesia de Iesu, un templo vanguardista diseñado por Rafael Moneo, arquitecto que contribuyó decisivamente a la renovación del escenario urbano de Donostia con su célebre y polémico Palacio de Congresos Kursaal.

No hay mejor forma de concluir esta ruta por el barrio de Amara que paseando por las calles Isabel II y Ballesteros, que permiten adentrarse en las tascas de pintxos frecuentadas por los donostiarras y disfrutar de la gastronomía vasca.

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